'The True Cost': La moda ¿a qué precio? (1/2)

Artículo publicado el 8 de Abril de 2016
Artículo publicado el 8 de Abril de 2016

Primark está a punto de abrir su quinta tienda belga en la ciudad de Charleroi y H&M posee 3.900 puntos de venta en 61 paises. El grupo político de Los Verdes en el Parlamento Europeo decidió hacerse eco de esta actualidad y ha organizado el próximo 2 de mayo la proyección del documental The True Cost, seguida de un debate.  

El documental The True Cost desvela los entresijos de la fast-fashion, un sistema globalizado dominado por las grandes marcas del prêt-à-porter. Por un lado, estas crean una fuerte demanda de vestimenta a través de la publicidad y, por otro, explotan a los trabajadores de paises pobres para poder producir grandes cantidades a bajo coste. 

La película de Andrew Morgan también muestra que existen alternativas a esta forma de producción y de consumo. Un buen ejemplo es People Tree, la primera marca de ropa sostenible y equitativa. Su fundadora Safia Minney fue la invitada de honor en el debate, que fue presidido por la eurodiputada inglesa Jean Lambert.  

Consumir más, pagar menos

La fast-fashion lleva cerca de veinte años animando a los consumidores a comprar cada vez más ropa. El resultado: Cada año se compran 80 mil millones de prendas en el mundo. La cantidad se ha multiplicado por cuatro en tan solo veinte años.

Hasta la década de los 60, el 95% de las prendas usadas en Estados Unidos se producían... En Estados Unidos. Hoy en día, el 97% de esta producción está delocalizada en países en vía de desarrollo, en los cuales las marcas exigen precios siempre más bajos. 

Arif Jebtik, propietario de una fábrica en Bangladesh, declara: "Una marca quiere vender una camiseta a cuatro dólares cuando su competidor la vende por cinco. La marca quiere que bajemos nuestros precios y si no, se va a otro sitio. Entonces, reduzco mis precios y así es, siempre reduciendo más y más. Nos tenemos que adaptar, no nos queda otra". Según Livia Firth, directora de una consultoría en sostenibilidad, las marcas sacan provecho de esta necesidad de trabajar para hacer que los obreros acaben siendo esclavos. 

Durante el debate, Mario Ivekovíc, presidente del sindicato croata Novi Sindikat, subrayó que esas precarias condiciones laborales también son una realidad para nosotros: "En Europa del Este no hay libertad de asociación ni un sindicato democrático dentro de la industria textil. Si los trabajadores piden mejores salarios, las marcas amenazan con irse a Asia". 

Los consumidores son sólo una rueda más de este mecanismo creado por las marcas en el que su único objetivo es el lucro. Por una parte, nos hacen creer a través de sus publicidades que sus productos nos harán felices y que somos ricos por el hecho de poder comprarlos en grandes cantidades. Por otra, explotan a sus trabajadores para producir mucho por poco dinero. 

Los fabricantes reducen sus precios suprimiendo los derechos sociales y sindicales de los trabajadores (seguro médico, pensiones, vacaciones) y ahorrando en las normas de seguridad. El 24 de abril del 2013, cerca de 1.000 trabajadores del sector textil fallecieron en el derrumbe de una fábrica en Bangladesh, denominada Rana Plaza. Lo que fue el peor "accidente" de la historia de la indústria textil permitió que mucha gente tomara conciencia del lado oscuro de la moda. Pero la fábrica Rana Plaza solo es la parte visible del iceberg. Los incendios en las fábricas son frecuentes y los muertos se cuentan por centenas.

En la soledad de los campos de algodón 

El algodón es la fibra más usada para fabricar prendas. Con la fast-fashion, la demanda ha aumentado considerablemente. Para poder seguir el ritmo de los pedidos, compañías como Monsanto han elaborado y patentado un algodón modificado genéticamente, que necesita una pulverización masiva de pesticidas altamente peligrosos para la salud y el medio ambiente.

En los pueblos indios de la región del Penjab, donde se cultiva el algodón, cientos de personas sufren de cánceres, problemas mentales y minusvalías físicas. Las familias se endeudan para intentar curar a sus familiares y las empresas de abonos y pesticidas se niegan a reconocer los efectos nocivos para la salud de sus productos. 

Los agricultores también se endeudan para poder comprar semillas de este tipo de algodón y más abono. Después de una alta productividad en los primeros años, los rendimientos se acaban estancando, ya que este tipo de agricultura empobrece los suelos. Para recuperar su dinero, las compañías se apropian de los terrenos de los agricultores que entonces se encuentran sin recursos para poder alimentar a sus familias. Más de 250.000 agricultores se han suicidado a los largo de los últimos 16 años (uno cada 30 minutos). Se trata de la ola de suicidios más alarmante de la historia. 

Las compañías que producen esas semillas, los abonos y los pesticidas son las mismas. También son ellas las que comercializan medicamentos para curar las enfermedades que ellas mismas han creado. Según la defensora ecologista Vandana Shiva, "si tienes un cáncer, produces beneficios para esas compañías: Son ganadoras-ganadoras-ganadoras, mientras que la naturaleza y la gente son perdedoras-perdedoras-perdedoras".   

Tráiler del documental 'The True Cost' (en inglés)

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Artículo publicado originalmente por la redacción de Cafébabel Bruxelles.