'The True Cost': La moda ¿a qué precio? (2/2)

Artículo publicado el 28 de Abril de 2016
Artículo publicado el 28 de Abril de 2016

Primark está a punto de abrir su quinta tienda belga en la ciudad de Charleroi y H&M posee 3.900 puntos de venta en 61 países. El grupo político de Los Verdes en el Parlamento Europeo decidió llamar la atención sobre este asunto, por lo que ha organizado el próximo 2 de mayo la proyección del documental The True Cost, seguida de un debate.  

Con la fast-fashion, asistimos a un aumento sin precedente de la cantidad de ropa que se tira. Un americano de clase media, por ejemplo, tira aproximadamente 37 kilos de ropa al año. Donar nuestras prendas a asociaciones caritativas tampoco es una buena solución. Solo el 10% de dichas prendas se vende y lo demás se manda a países del sur. La gran mayoría no se utiliza y se acaban amontonando toneladas de tejidos, que no son biodegradables, en gigantescos vertederos de los cuales se desprenden gases altamente nocivos durante décadas.

Un precio justo: ¿Una utopía dentro de un sistema capitalista? 

El año siguiente del derrumbe de la fábrica Rana Plaza en Bangladesh fue el período más rentable de la historia para la industria de la moda. Las enormes ganancias de las grandes marcas se sostuvieron con el trabajo de millones de obreros a quienes ni siquiera se recompensa por sus esfuerzos.

Según el economista Richard Wolf, el problema viene del sistema capitalista, basado en el deseo continuo de obtener beneficio. Lo demás es ignorado y vapuleado por los productores. La violación de los derechos humanos, la miseria, la destrucción del medio ambiente y el deterioro de la salud son el verdadero coste de nuestras prendas.    

Sin embargo, surgen alternativas. Hace 25 años, Safia Minney creó People Tree para demostrar que otro modelo era posible. Hoy en día, la marca está presente en 1.000 tiendas y emplea a mas de 7.000 personas. People Tree trabaja con una red de 4.500 artesanos basados en países como Filipinas, Nepal o Bangladesh. Sus socios consideran fundamental la formación de las mujeres, el desarrollo social de los obreros y la protección del medio ambiente.

En su discurso frente al Parlamento Europeo, Safia Minney dio más detalles sobre el papel de su organización: El 75% de los productores son mujeres y son ellas quienes asumen el 56% de los puestos de responsabilidad. "El consumo de las prendas es, sobre todo, femenino y es increíble comprobar cómo la moda también puede ayudar a las mujeres en situación económica desfavorable a ser autonomas".

En algunas regiones, la producción de algodón biológico reduce el consumo de agua hasta el 60%. Vendido a un precio justo, permite que los agricultores no caigan en situaciones de extrema pobreza y puedan desarrollar sus comunidades, construyendo por ejemplo, pozos y escuelas.

Consumidores de todos los países, ¡uníos! 

La mayoría de la gente escoge su ropa en función de su precio y de su estilo. ¿Y por qué no añadir a estos criterios las condiciones de producción? Cada vez más consumidores las tienen en cuenta, por lo que escogen marcas sostenibles para productos como el café.

No obstante, la responsabilidad no es sólo del consumidor. Los políticos han de intervenir a nivel legislativo, e incluso al nivel europeo, para enmarcar las prácticas de producción de las empresas. Aunque dichas empresas decidan deslocalizar sus producciones, no pueden deshacerse de sus responsabilidades sociales y medioambientales.

Si se presiona a las grandes marcas, los políticos y los consumidores conseguirán cambiar este sistema injusto y peligroso. Los políticos han de presionar a esas empresas desde las altas esferas, a través de normas jurídicas, mientras que los consumidores han de hacerlo desde su nivel cotidiano. ¿Cómo? Para ello hay que informarse sobre las prácticas de sus marcas favoritas, hay que defender los derechos de los trabajadores de la industria textil y hay que exigir un salario decente para aquellos que nos visten. 

Tenemos, a la vez, una gran responsabilidad y un inmenso poder. Sin nosotros y nuestro dinero, esas marcas se vendrían abajo. Usemos este poder para exigir que las empresas por fin produzcan ropa limpia. Dejemos claro que lo que queremos es seguir comprando su ropa sin ser cómplices de trastornos mentales, de cánceres y de suicidios. No les quedará otra que escucharnos.

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Este artículo ha sido publicado por la redacción de Cafébabel Bruxelles.