Thérèse Clerc : la abuela de la resistencia

Artículo publicado el 1 de Agosto de 2013
Artículo publicado el 1 de Agosto de 2013

Thérèse Clerc, lleva 60 años de activismo, de lucha. Con 86 años nos recibe en la casa de los Babayagas, esos seres mitológicos que devoran niños. Frente a nosotros, un edificio de color amarillo y blanco que alberga 25 alquileres sociales a esos militantes que aún no han dicho su última palabra. 

Con el pelo hacia atrás, descalza y con un cigarrillo sobre los dedos, le hacemos la primera pregunta a Thérèse Clerc. "Nos aburrimos en residencias de ancianos" dice Thérèse Clerc. Aquí, no hay  malicia o noches de bingo, el programa de la semana, que se muestra en el vestíbulo, pondría verde de envidia incluso a un ministro. Cenas, reuniones de debate, entrevista con un coreógrafo que quiere hacerlos bailar en su próximo show, la Babayagas ( centro que ella misma fundó) es popular. No siempre ha sido así. "No fue hace mucho tiempo un señor muy educado, en todos los sentidos, me dijo: los viejos, no son muy comestibles" La cortesía no es lo que mata a Teresa Clerc: "Por mi parte, siempre he pensado que los viejos apestaban a orines" dice medio riéndose. Luego, más en serio "durante cinco años, acompañé a mi madre hasta la muerte. Trabajaba, mis cuatro hijos se divorciaron, se volvieron a casar, era un desastre. Súmale a eso 14 niños pequeños". Por eso ella no quiere ser más adelante una carga para su familia, y se imagina la casa Babayagas como una comunidad basada en la ayuda mutua y la autogestión, en el corazón de Montreuil en los suburbios de París.

Más de Tita Danièle que de santa teresa

Aún conserva el aspecto de militante. El feminismo, la solidaridad, la ciudadanía, la ecología, la laicidad y la autogestión, son sólo algunos de los principios fundadores de su casa de acojida, la Babayagas. Una casa en la que el feminismo es la ley predominante, de ahí que no se acepte a habitantes masculinos. "No me molestes con esta historia" dice Clerc. Por otra parte, ella nos confía en voz baja que por la noche sí que hay señores que acuden a la casa. Con malicia nos dice, "los viejos cuerpos también necesitan un beso". Se atusa el pelo, se pone derecha y continúa, "las mujeres tienen una pensión 40% menos que la de los hombres, eso es discriminación", a la vez que agita sus brazos y su perfume llena la sala en la que le hacemos la entrevista.

En la casa hay 7 mujeres las que viven por debajo del umbral de la pobreza. En total son 21 mujeres, entre 58 y 88 años, que comparten el alquiler en función de sus recursos. Algunas de ellas son antiguas profesoras, artistas y otras no tienen estudios. "Todas son cultas y curiosas para aprender", insiste Thérèse Clerc. Además de vivir en la casa se compromenten a hacer 10 horas de trabajo voluntario a la semana, como proponerse como tutoras escolares. "Pero eso no significa que vaya a poder transmitir toda su sabiduría cada miércoles por la tarde", precisa la Babayaga en jefe, que definitivamente es más como Tatie Danielle que como Santa Teresa. Y continúa con un pequeño chiste, "la vejez es la edad de la libertad". Las abuelitas liberadas hacen cosas como: la puesta en marcha de una universidad popular en la casa, la proyección de películas abiertas a todos, y sobre todo, una implicación permanente en la vida pública. "Una de nosotras es jurista. Después de años de militancia política continúamos formándonos en las sutilezas de la función política". Desde la paridad, por la que ellas luchan cada día, a la gestión de la vejez, lo que están seguras de que será una de las luchas del mañana. Y cuando se trata de defender la validez de su proyecto, Thérèse da cifras. Y se convierten en técnica. Porque ella tuvo que luchar para ver su idea de casa hecha realidad. Porque ella pasó de la clandestinidad de la práctica de abortos sobre una mesa de cocina a la gloria de la República. Decorada por Simone Veil, ella fue condecorada con la Legión de Honor.

Una "Utopía realista"

Sin embargo no lo hace por unanimidad. Pasó 18 años llamando a muchas puertas, y cuando 13 de 16 asociaciones históricas se adherieron, tomó la tangente. Pero Thérèse no se limita, si golpean la puerta, ella sale por la ventana. "Este proyecto, se lamenta, no interesa para el resto de la comunidad". A base de mucho esfuerzo ella ha encontrado a nuevas compañeras, "buenas y sagradas mujeres" asegura. Y tenemos que creerla. Además ella ha terminado por llamar la atención de los poderosos, que incluso ahora la invitan a comer en su mesa. En Francia, proyectos con los mismos principios se multiplican, en Brest, Saint Brieuc, Lyon, Bagneux...y la lista continúa. También en Europa, la fórmula de los Babayagas se copia. Ella nos tiene que dejar, debe ir a recoger a la estación a una compañera alemana, pero no lo hace sin antes darnos un consejo ( privilegios de la edad) "la utopía es la política del mañana".