Thich Tri Luc, monje en el exilio

Artículo publicado el 1 de Octubre de 2005
Artículo publicado el 1 de Octubre de 2005

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Antiguo monje budista, Thich Tri Luch ha pasado por el acoso, secuestro y encarcelamiento a manos de las autoridades vietnamitas. Desde Suecia, donde ahora reside, nos cuenta cómo llegó hasta allí y vierte luz sobre la situación de los derechos humanos en Vietnam.

Vietnam, sinónimo durante mucho tiempo del sufrimiento infringido por los ataques anticomunistas americanos durante los años sesenta y setenta, es ahora un famoso destino turístico. Pero lejos de las bellas playas y los tranquilos arrozales, descansa una oscura realidad política. Lo que a menudo se olvida o se pasa por alto en las guías turísticas es el estricto sistema gubernamental todavía vigente. Se limita la libertad de expresión política y está plagado de abusos contra los derechos humanos, y es precisamente por este motivo que el Comité sobre Derechos Humanos del Parlamento Europeo mantuvo una vista en septiembre sobre la situación de los Derechos Humanos en Camboya, Laos y Vietnam. Tras el debate me entrevisté con el antiguo monje budista y asilado político, Thich Tri Luc.

Prisionero político

Hay algo especial en Thich Tri Luc. Su elegancia, bondad y esa innata belleza que le distingue de los demás. Entre todo el caos que sucedió a la vista, cuando los periodistas y los Parlamentario europeos interesados se reunieron puertas afuera de la sala, él me saludó. La historia que acababa de contarnos en el interior, sobre su acoso diario, interrogaciones y arresto por las autoridades vietnamitas por su papel en la Iglesia Budista Unida en Vietnam, se repetía una y otra vez en mi cabeza. Le pregunté qué pensaba de la visita. Para él era una "buena ocasión para hablar de las violaciones de los Derechos Humanos que casi nunca se mencionan, para ayudar a otros en situaciones similares y para, si todo salía bien, ayudar a otros a ser liberados". Parecía estar muy agradecido de estar allí y de poder hacer algo que aquí en Europa se da por sentado: hablar libremente.

Dado que el Partido Comunista de Vietnam controla todas las instituciones religiosas autorizadas por el Estado, Thich Tri Luc explicó que los seguidores religiosos que desconfían de esas instituciones prefieren entrar a formar parte de movimientos independientes, a pesar de la prohibición estatal. Un ejemplo de ello es la Iglesia Budista Unida de Vietnam (UBCV - IBUV), la mayor de las organizaciones nacionales anteriores a 1975. Ante la pregunta sobre su primer arresto en 1992, acusado de "divulgación de propaganda anticomunista", relató cómo fue detenido sin juicio durante 10 meses, acosado e interrogado por la Policía de Seguridad, que trató de obligarle a convertirse en un "informador". Más tarde, fue encerrado durante 30 meses en prisión y durante 5 años bajo arresto domiciliario en Vietnam, sencillamente por ayudar a organizar una misión humanitaria de la IBUV para ayudar a las víctimas de las inundaciones en el Delta del Mekong en 1994. Tras finalizar su condena, las autoridades continuaron acosándole y le privaron de sus derechos básicos. Finalmente, no tuvo más opción que escapar a Camboya en busca de asilo en abril de 2002.

Secuestrado

En Camboya, en junio de 2002, a Thich Tri Luc se le otorgó el estatuto de refugiado por el Alto Comisionado para los Refugiados de las Naciones Unidas (UNHCR). Sin embargo, en julio fue secuestrado por agentes camboyanos y vietnamitas y volvió forzado a Vietnam. Recuerda aquel día como aquel en el que "de repente, unos extraños se acercaron a mí, me rodearon, me llevaron a la fuerza y me metieron en un vehículo que esperaba cerca. Me esposaron, y fue entonces cuando el hombre sentado a mi lado me agarró por el cuello y me sujetó con tal fuerza que era incapaz hasta de gritar auxilio". Les dijo: "Soy refugiado político. Tengo derecho a vivir en Camboya bajo protección de las Naciones Unidas. Nunca he violado las leyes camboyanas. ¿Por qué, entonces, me secuestráis y me golpeáis de este modo?".

No recibió respuesta alguna y, por el contrario, estuvo retenido durante más de un año sin que su familia fuera informada sobre su situación. Cuando finalmente fue llevado a juicio en marzo de 2004, el Tribunal Popular de Ho Chi Minh Ville le condenó a 20 años de cárcel por "tergiversación de las políticas gubernamentales de unidad nacional" y de "pertenencia a grupos hostiles que persiguen el descrédito de la seguridad interna del gobierno y de su política exterior". Tras pasar casi 20 meses en detención preventiva, fue liberado el 26 de marzo y, dado que su estatuto de refugiado otorgado en junio del 2002 era todavía válido, las autoridades vietnamitas se vieron obligadas a expedirle un pasaporte y permitirle la salida del país. A pesar de ello, "antes de dejar Vietnam, me hicieron firmar una declaración según la cual, tras emigrar, nunca emprendería acciones contra la República Socialista de Vietnam".

Exilio en Europa

Sin embargo, esto no le alejó de su causa. "Ahora vivo en un país libre y democrático, continuaré apoyando a la IBUV, a pesar de no ser ya un monje. Continuaré ejerciendo presión para que el gobierno de Hanoi respete la libertad religiosa, los derechos humanos y la democracia". Thich Tri Luc lleva un año en Suecia, intentando encajar y aprendiendo sueco. Siente que le debe su libertad a Europa, especialmente a Suecia, y expresó "una profunda gratitud al pueblo sueco y a todos los que le habían ayudado, al igual que a la comunidad internacional que luchó por su liberación".

Asombrada por la historia de Thich Tri Luc, no puedo evitar pensar que los europeos deberían hacer más para ayudar a las personas en esta situación y, si Vietnam continua restringiendo los derechos básicos, la UE debería reconsiderar seriamente su política vis a vis de Vietnam. Tal como él mismo indicó "los jóvenes en Vietnam crecen sin libertad de expresión, todo está controlado por el Partido: Los jóvenes de Europa podrían prestar su ayuda informando de lo que sucede". Personas como Thich Tri Luc nos hacen darnos cuenta de lo afortunados que somos por vivir aquí y de que no deberíamos cerrar los ojos ante tales violaciones de la libertad de conciencia, religión y creencia. Algo a tener en cuenta a la hora de reservar nuestro próximo billete.