Thomas Thwaites, el señor de las cabras

Artículo publicado el 12 de Enero de 2017
Artículo publicado el 12 de Enero de 2017

Thomas no está loco. Sin embargo, ser humano a veces le provoca angustia. Por eso, un día, decidió que debía irse de vacaciones. El destino importaba poco. Dejaría de ser un hombre y se convertiría en un animal capaz de personificar el carpe diem como nadie. ¿La criatura elegida? Una cabra.

Su acento británico suena agradable y pausado al otro lado del teléfono. No tiene prisa. Thomas Thwaites atesora grandes reflexiones que compartir con el mundo. Hay muchas cosas que las cabras saben que nosotros desconocemos. "Se me pasaron por la cabeza otros animales, como por ejemplo los elefantes, pero investigando sobre ellos me di cuenta de que tienen vidas muy complejas con incluso su propia concepción de la mortalidad. Fue entonces cuando un amigo me dijo que debía convertirme en una cabra porque es capaz de escapar del dolor existencial de estar vivo". Cuando se le pregunta por ellas, sólo tiene halagos: "Son animales excepcionales. Son grandes escaladores, no ven sus pies pero saben perfectamente dónde y cómo colocarlos. Las cabras no se preocupan por lo que va a pasar la semana que viene o el año próximo. Viven constantemente en el presente".

Meterse en la piel de una cabra y recorrer los Alpes suizos durante tres días, no es demencia. Es un experimento biológico y psicológico sólo apto para valientes. "Hay mucho más detrás de todo esto que la idea de un loco que de repente se quiere hacer pasar por una cabra", explica Thomas. Aunque él se considere un tipo normal y corriente, en realidad no lo es. "Llevo la misma vida que todo el mundo, con mis más y mis menos. Tenía curiosidad, simplemente eso". Lo cierto es que para Thomas, la ciencia y el diseño no son campos ajenos porque, de hecho, toda su vida gira en torno a eso. Convertirse en fauno moderno no es la primera proeza que intenta. En 2010 presentó en Londres una tostadora construida desde cero y aunque dice no tener muy claro qué proyectos vendrán después, es difícil creerle.

Detrás de sus actos hay muchas ambiciones. A priori individuales pero también de interés colectivo. "Me embarqué en este proyecto atraído por la idea de escapar a otro lugar. Quería saber cómo sería el mundo a través de la perspectiva de un animal sin miedos, preocupaciones y remordimientos. Quería ver cómo era sentirse libre". Cuando se le pregunta sobre lo que los demás piensan de él y de sus ideas, aclara: "La gran mayoría sólo ha visto la parte más superficial de la historia, pero he recibido correos de muchas personas diciéndome que les atrae lo que hago". Su periplo caprino ha quedado plasmado por escrito en su libro, GoatMan: How I Took a Holiday from Being Human, (2015, Princeton Architectural Press, Nueva York), donde Thomas aborda, con humor y buena pluma, este viejo sueño humano de convertirse en un animal con la ayuda de la tecnología. 

Be like a cabra, my friend

Para Thomas, el transhumanismo no es parte de un futuro utópico. El presente ya cuenta con ejemplos que se acercan. Sin ir más lejos, el suyo. Sus partidarios se aferran al sueño de transformar las capacidades humanas empleando la tecnología, con el fin último de mejorar nuestra condición física, pero también psicológica. "Le pedí a un neurocientífico que modificara aquellas partes de mi cerebro que me diferencian de una cabra. Pero, por supuesto, dijo que no, porque una vez hecho, sería irreparable", cuenta. Después, visitó a un experto en comportamiento caprino. Fue entonces cuando Thomas aprendió que, más allá de lo físico, la principal diferencia entre un humano y una cabra es la memoria episódica. Gracias a ella almacenamos nuestras vivencias personales, situadas en un lugar y momento concretos de nuestra experiencia. Sin ella, no tendríamos recuerdos ni podríamos volver a revisitarlos una y otra vez. Para bien o para mal. "Las cabras no tienen la habilidad de imaginar historias e inventar escenarios futuros. Eso es algo que para nosotros (los humanos) es una herramienta brillante porque nos permite imaginar cosas sin necesidad de poseerlas. Es la base de nuestra creatividad e ingenio", explica.

En la ciencia sigue habiendo mucho de especulación y conjetura, pero es precisamente ese aspecto lo que hace que todo siga avanzando. "Puedes comprender muchas cosas si pones en práctica la especulación. Es entonces cuando te das cuenta de lo complicadas -e incluso dolorosas- que son algunos experimentos. Te hacen pensar mucho", cuenta.

No hubo marcha atrás. Thomas se convirtió en una cabra montesa -o al menos lo intentó- y convivió con su nueva especie durante tres días y tres noches. Unas vacaciones para las que necesitó un año dedicado a la investigación y a la fabricación de unas prótesis para sus piernas y brazos. De este modo, podría andar a cuatro patas y ver el mundo desde otra altura.

-¿Se hace largo el día siendo una cabra?

- "Te levantas por la mañana y te colocas la prótesis. Quería dormir con ella puesta, pero era muy incómodo. Al día siguiente estaba muy cansado. El primer día, después de ordeñar a las cabras, a mí no me ordeñaron, (se oye su risa a través del teléfono), nos fuimos a la montaña. Daba realmente miedo porque era muy empinado y escurridizo y yo era bastante lento. No podía seguir el ritmo de las cabras". Continúa: "Por la noche, dormía con ellas en la caseta. Era bonito… aunque olía un poco mal (su risa se vuelve a escuchar), pero te acabas acostumbrando. Un poco frío. Un poco incómodo. Pero agradable estar ahí solo escuchando el sonido de sus cencerros".

En vacaciones, la comida siempre es un tema a tener en cuenta. Y allí arriba, en los Alpes, la hierba es el plato estrella. "Construí un rumen artificial en una bolsa de silicona. Masticaba la hierba y la escupía ahí". Por mucho que la ciencia haya avanzado, la composición de la hierba sigue siendo un misterio para el estómago humano. Prosigue: "No pudimos ir más lejos porque en el departamento de la universidad que me ayudaba con la investigación, a pesar de estar muy interesados en el proyecto, dijeron que no podrían ayudarme porque sería peligroso para mí. Hay todavía mucho que estudiar en el campo de las bacterias y los ácidos", explica. 

Las cabras notaron enseguida la presencia de su nuevo compañero. Al principio estaban nerviosas pero "pronto empezaron a acercarse a mí, y oler mi barba preguntándose de qué especie era. Cuando me fui, el cabrero me dijo que que al final me habrían aceptado y que incluso él me habría puesto un cencerro", apunta con una normalidad que aunque, sorprende, también reconforta. Tres días de vacaciones pueden ser muy largos. Hubo tiempo para hacer amigos pero también para meterse en líos. "En general la relación fue buena, en particular con una de las cabras, con la que estaba todo el rato. Pero un día casi genero una disputa, lo que a fin de cuentas es también un signo de aceptación, ¿no? La verdad es que vi todos esos cuernos… y me fui corriendo (ríe). Cuando eres nuevo, debes encontrar tu sitio".

Tras volver a Londres y mirar con otros ojos el café y su cama -las dos cosas que más echó de menos- todo sigue igual. Sin embargo, Thomas no es la misma persona. "He tomado mucha más conciencia de las limitaciones de nuestra propia perspectiva. Y eso se aplica fácilmente a cómo comprendemos las ideas de las demás. Y sí, me encantaría vivir en el campo. Necesitamos a la sociedad pero también debemos recordar que somos animales", afirma.

-¿Es la tecnología la solución a todos nuestros males?

-"Es un gran error pensar que sólo con ella resolveremos todos nuestros problemas sociales y políticos. La solución debe venir de nosotros", añade.

Las reflexiones no acaban aquí. Tres días pastando dan para pensar mucho. "Verte sin manos, de repente, te hace contemplar el mundo de una forma totalmente diferente. Mentalmente, también me hizo aprender a mirar las cosas sin etiquetarlas. Si veía una silla, por ejemplo, intentaba no ponerla en la categoría de cosas donde te puedes sentar, porque las cabras no la verían así. Cambiar mi cuerpo ha sido una forma muy interesante de ver el mundo desde otro ángulo", cuenta.

Para acabar, una pregunta sobre 2017 y los sueños. "¿Que qué me gustaría?" (Ríe) "Me encantaría encontrar evidencia de vida inteligente en otros planetas. Eso... sería genial".

Que prosiga la ciencia. Y con ella los optimistas incorregibles.

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"Voglio Vivere Così" es una colección de ocho historias sobre estilos de vida alternativos. Una mirada a un mundo que parece quedarnos muy lejos pero que, en realidad, está a tan solo un paso. Ocho historias, elegidas por el equipo de cafébabel, que compartiremos a lo largo de las próximas ocho semanas. Vivamos a nuestra manera. Vivamos felices.