Tilda Swinton: "Vivo el cine de forma hiperactiva y activista"

Artículo publicado el 12 de Agosto de 2009
Artículo publicado el 12 de Agosto de 2009
Ha trabajado en las últimas películas de David Fincher, Jim Jarmusch o los hermanos Coen… Pero su pasión por el cine la llevó de nuevo a Escocia, su tierra natal, donde es coorganizadora de un festival cinematográfico fuera de lo común. Entrevista

De un lado, la oscarizada en 2009 por su papel en Michael Clayton. Del otro, el escritor y periodista ex director del festival de cine de Edimburgo. Tilda Swinton y Mark Cousins imaginaron un homenaje al cine único en su especie, atravesar Escocia de este a oeste con un camión mágico, que se transforma al caer la noche en sala de proyección. Durante la primera semana de agosto, el Pilgrimage, que así se llama el festival, para en minúsculos pueblos escoceses al borde del lago Ness o en el aparcamiento de una escuela para presentar al público algunas obras maestras del séptimo arte. Encuentro en medio del campo con dos enamorados del cine.

Tras este festival ambulante que habéis dedicado al cine, no se puede evitar pensar que hay una buena dosis de activismo. ¿Es un término demasiado político?

Tilda Swinton: No. Es exactamente eso, activismo.

Mark Cousins: De jóvenes nos manifestábamos contra la política de Margaret Thatcher, gritando “¡Maggie dimite!” en las calles. Protestábamos contra cualquier cosa. Hoy nos manifestamos por una cosa: el cine.

(eugene/flickr)T.S.: Aquí todos somos activistas. Todos peregrinos. Mirad todas esas pancartas sobre las que se pueden leer los nombres de Kurosawa o Cyd Charisse y las citas de Robert Bresson sobre el cine. Hay bailes y música antes de cada sesión y luego tenemos esa bandera del 'Estado del cine'. Es una forma hiperactiva de vivir este arte.

M.C.: La forma de ver una película ha cambiado. He visto La nuit du chasseur una decena de veces y sin embargo, cuando la proyectamos en Dores (una de sus etapas de cine itinerante), vi unas reacciones que jamás había contemplado en un público. Cuando Lilian Gish apuntó con su fusil a Robert Mitchum ¡los espectadores aplaudieron y gritaron!

Cada noche, se siente una excitación parecida a la de los niños en el interior del camión. ¿Sois conscientes de esta inocencia que embarga a los espectadores como si volvieran a tener sentimientos auténticos?

T.S.: Durante el primer festival en Nairn (pequeña ciudad escocesa situada en la costa este de donde la actriz es originaria) el año pasado, es lo que nos han dicho los espectadores, especialmente los de mayor edad: “Desde la infancia no me sentía así”. La relación que hemos querido establecer, Mark y yo, entre el festival y el público, es una relación de confianza. La gente no quiere ver tal o cual película por su director, porque haya una estrella en ella o porque las críticas sean positivas. No hay ni pizca de márquetin alrededor de estas películas. Es una forma, creo, de reencontrarnos con el cine, de recuperar esa relación que se pierde debido a la presión que la vida ejerce sobre nosotros.

Junto al activismo, hay una comunidad. Una cuarentena de peregrinos que os siguen a diario en esta aventura.

T.S.: La idea de la comunidad estuvo desde el principio en nuestros planes. Incluso iría más lejos y diría que hay algo espiritual en todo ello. El cine es un negocio ¡pero un negocio espiritual! ¿No? Hay todo un ritual en el hecho de ir al cine, sentarse, esperar a que la película empiece…

M.C.: Todas las investigaciones sociológicas sobre el tema dicen más o menos lo mismo: la gente se siente cada vez más sola. Hemos ido perdiendo el hábito de compartir lo que poseemos, lo que sentimos.

¿Qué criterios habéis seguido para elaborar una programación que va desde La nuit du chasseur de Charles Laughton, hasta Au hasard Balthazar de Robert Bresson?

T.S: Elegir ha sido, sin duda, lo más fácil. Tenemos mucho donde elegir y hemos tenido que dejar de lado bastantes films. Ojala pudiera proyectar todos…

Tilda, el Oscar conseguido, ¿ha cambiado algo? ¿Ha hecho más fácil organizar 'Pilgrimage'?

T.S.: Sinceramente, habríamos hecho este festival igual sin mi Oscar. Pero el haberlo obtenido es útil, claro está. Los grandes medios nacionales e internacionales han prestado atención a nuestra iniciativa. Adoro la idea de que una persona tome el avión camino a Chicago y leyendo el Times oiga hablar de ‘Pilgrimage’, de cine y de Nairn.

M.C.: Por supuesto, siempre hemos deseado hacer algo que trascienda. Pero siempre hemos dejado claro a los periodistas que nos lo solicitaban, que no responderíamos a sus preguntas si no venían aquí a ver la realidad con sus propios ojos.

T.S.: Pensaban que la iniciativa del cine itinerante era una forma de ‘salir en la foto’. Pero cuando han visto mi cara, roja y sudorosa tras haber proyectado durante casi un cuarto de hora, se han dado cuenta de que estaba lejos de ser fotogénica.

Para terminar, ¿existe de verdad el 'Estado del cine'?

T.S.: Existe, es tangible. El cine es el lugar al que pertenecemos.

M.C.: Para gente que de una forma u otra, se siente diferente, un tanto aislados durante su infancia, como yo, el cine se convierte en un hogar. Es donde nací.

T.S.: Un gesto humanista. Eso es el cine. Cuando pienso en todas las películas que hemos visto durante esta increíble semana, las diferentes tradiciones cinematográficas a las que nos hemos acercado –ya sean indias, chinas o británicas- pienso en la palabra ‘reencuentro’. El cine tiene de increíble el hecho de permitirnos proyectar nuestra vida y emociones sobre la pantalla. Es un doble movimiento: salir de ti y volver. Por eso hemos elegido películas que respiran, películas con silencios, con espacios necesarios en la proyección. Todo eso en una época en la que se fomenta la acción. Si esta semana ha sido así de divertida no es gracias a la organización, sino a que hemos visto tres obras maestras por día. En otros festivales se pueden ver cuatro o cinco películas diarias, pero no suele haber más de una obra maestra en toda la semana. El ‘Pilgrimage’ es un festival con una programación muy rica.