Tirana: en busca de la revolución perdida

Artículo publicado el 17 de Junio de 2011
Artículo publicado el 17 de Junio de 2011
Sede de la Comisión electoral central de Tirana, por la tarde. Un grupo de militantes del Partido Socialista albanés, en su mayoría hombres, esperan que se publiquen los resultados de las elecciones locales celebradas unos diez días antes. Frente a ellos, un impresionante cordón policial que protege el edificio en el que, por enésima vez, se vuelven a contar las papeletas.
Parece que están en un callejón sin salida.

"En el mejor de los casos, la policía sólo utilizará gases lacrimógenos"

¿Por qué la gente permanece tan estática? Según los datos del primer escrutinio, Edi Rama, el actual alcalde socialista de Tirana, es el vencedor de las elecciones locales. Sin embargo, tras la decisión de repetir el recuento de las papeletas de voto tomada por la comisión electoral, podría ganarlas Lulzim Basha. Los representantes del Partido Demócrata, al que están afiliados tanto Lulzim Basha como el actual Primer Ministro Sali Berisha, son mayoría en esta comisión. La oposición denuncia la estafa e insta al pueblo a sublevarse. Aquí y allá circula el rumor de que autobuses llenos de partidarios de Edi Rama se dirigen hacia Tirana y que podrían repetirse las represiones sangrientas acaecidas durante las manifestaciones del 21 de enero, en las que la policía disparó contra la multitud. Incluso José Manuel Barroso anuló esos días su visita a Tirana por motivos de seguridad. "En el mejor de los casos, la policía sólo utilizará gases lacrimógenos. Aquí estamos más o menos protegidos", intenta convencerse un joven sentado en la terraza de un bar, en la que se hacinan todos los que temen las represiones. Los militantes, tranquilos, gritan "¡dictadura, dictadura!" mientras evitan los roces con la policía. Un simple chaparrón basta para dispersarlos y, rápidamente, se refugian bajo las sombrillas de los cafés cercanos.

Corrupción + represión = malestar

Los acontecimientos que ha llevado a Albania a una crisis política profunda no son recientes. Desde las elecciones legislativas de 2009, el Partido Socialista rebate la legitimidad de la victoria del Partido Democrático y la del Primer Ministro Sali Berisha. La situación empeoró cuando los albaneses descubrieron en un vídeo al Viceprimer Ministro Ilir Meta pidiendo al Ministro de Economía que designara a dedo al ganador de una licitación. A pesar de su dimisión, los manifestantes de la oposición salieron a la calle para exigir elecciones anticipadas. La policía abrió fuego contra ellos y mató a 4 personas, hiriendo además a decenas de ciudadanos. Todos los albaneses con los que hablo parecen descontentos con la coyuntura actual y cansados de la situación política que, 20 años después de la caída del comunismo, sigue sin normalizarse. Dos partidos se turnan en el Gobierno pero los problemas perduran. Una tasa de desempleo inquietante, una corrupción omnipresente. Sin embargo, en cuanto se habla de revolución, todo el mundo enmudece y los estudiantes encarnan con muy poco entusiasmo su papel de progresistas

"El régimen comunista nos ha dejado en herencia un sentimiento de miedo, no sólo de hablar sino también de pensar libremente"

Evrona Lena imparte lecciones de Derechos Humanos en la universidad privada Marin Berleti. Contra todo pronóstico, sus estudiantes de segundo año me miran desconfiados cuando entablo una conversación con ellos. Les pregunto sobre la situación política del país y se encogen de hombros. Poco a poco se relajan y me contestan de forma muy general y aleatoria. Según ellos, la élite política es demasiado inmadura, pero la situación actual les parece normal puesto que Albania es una sociedad en período de transición. "Aquí, impugnamos cada vez los resultados electorales. Esto no es nada nuevo ni excepcional" destaca una estudiante vestida a la última moda italiana.

Su profesora explica que su falta de compromiso se debe a la herencia de censura dejada por la era comunista.

Ninguno de ellos tiene aspiraciones políticas ni actividades extraescolares y aún menos un trabajo para pagarse sus estudios. Sólo quieren sacarse el título, encontrar un trabajo y, por qué no, partir hacia Europa. "Pero sólo para cursar un máster y volver después a Albania". declara uno de ellos. Más tarde, su profesora se suelta y comenta que sus "alumnos son jóvenes brillantes e inteligentes con muchas ideas. Son conscientes de la situación política y económica pero no es fácil espabilarles, pues el régimen comunista nos ha dejado en herencia un sentimiento de miedo, no sólo a hablar sino también a pensar libremente. Me cuesta imaginar que una revolución a la tunecina o a la egipcia sea posible aquí en Albania”. Sin embargo, la mayoría de sus alumnos nacieron después de la caída del comunismo…

¡Basta ya!

"Es totalmente comprensible que los jóvenes estén aletargados. Desde su infancia se les condiciona a escuchar primero a los mayores, después a sus profesores y más tarde a sus jefes; además se les enseña sobre todo a no discutir nunca y a reproducir sin rechistar todo lo que aprenden" nos explica Aldo Merkoci, del movimiento MJAFT! (¡Basta!), un grupo de activistas que trata de sensibilizar al público sobre los numerosos problemas políticos y sociales que hay en Albania. Según él, los albaneses están cansados de estos juegos políticos pero no actúan en consecuencia. Pero todos no han optado por la apatía: en 2008, unos militantes de MJAFT! crearon, en colaboración con estudiantes, el partido político G99. Pese a su disposición a cambiar la situación, la mala cobertura mediática y las maquinaciones que padecieron durante las elecciones les hicieron fracasar completamente en las legislativas del 2009. "Ni siquiera obtuvieron un diputado en el Parlamento. Estaban muy decepcionados y, al final, lo dejaron caer".

"Hemos retrocedido 20 años tras la caída del comunismo"

"Intenta evitar el centro de la ciudad, he oído que las manifestaciones podrían ser violentas". Es el tercer día que los resultados se hacen esperar y que la situación delante de la Comisión electoral central de Tirana no cambia. Sigue habiendo muchos policías, los manifestantes van y vienen y el mensaje que recibo de mi contacto antes de reunirme con Monika Stafa, periodista de Top Channel, parece premonitorio. La periodista dice estar cansada, pide una bebida energética y me explica: "tras la caída del comunismo, hubiera podido irme a Europa pero era joven y pensé que un futuro mejor era posible. Hoy en día, hemos retrocedido de veinte años. Ahora, más que nunca, tengo ganas de irme. No por mí, a mí ya me han robado gran parte de mi vida, sino por mi hijo pues aquí no tiene ninguna posibilidad de triunfar en esta sociedad". Fuera, el aire de Tirana huele a decepción y abatimiento ¿Cuánto tiempo durará?

Este artículo forma parte de Orient Express Reporter 2010-2011, la serie de reportajes realizados por cafebabel.com en los Balcanes. Más información sobre Orient Express Reporter, aquí.

Foto portada: (cc)minifig/flickr ; Fotos texto : ©Sladjana Perkovic