Todo es posible en París… con alternativas solidarias

Artículo publicado el 16 de Marzo de 2010
Artículo publicado el 16 de Marzo de 2010
Al menos una de cada diez personas ve la crisis como una oportunidad para conseguir una economía que sea más democrática y que consiga satisfacer no sólo al individuo, sino sobre todo a la sociedad. En París, muchos jóvenes encuentran soluciones basadas en la reciprocidad y la cooperación.
Una parte de la sociedad tiende a actuar de la misma manera y los expertos nos explican lo que está ocurriendo

París es una de las ciudades más caras de Europa, algo que salta aún más a la vista en período de crisis. Sin embargo, la urbe ofrece varias soluciones solidarias para salir del atolladero actual y muchas personas las aprovechan. De hecho, a pesar de que la cultura individualista sigue predominando en la sociedad actual y entusiasma a los llamados ‘jugadores libres’ (free riders, ‘oportunistas’ en inglés), ahora muchos jóvenes optan por soluciones cooperativas. ¿Se trata de una necesidad, de una elección o tal vez de una predisposición biológica? Sea cual sea la razón, los beneficios recaen sobre toda la sociedad. Son muchos los que andan a la caza de ideas para conseguir participar activamente en la vida social y cultural de la ciudad. Asimismo, se aúnan propuestas al unísono al concebir soluciones moderadas y garantizar respuestas energéticas y participativas.

Para un bon plan…

(Foto: Varkevisser/flickr)Roberta Cecchetto y Lucie Prost, que aún no han cumplido treinta años, cuentan qué hacer en París para vivir bien, gastar poco y tomar decisiones de manera beneficiosa tanto para uno mismo como para los demás. Roberta, con ganas de comerse el mundo, relata: “Hice mi Erasmus en París y nunca me planteé volver. Más tarde, una amiga que vive aquí me ofreció un trabajo interesante de tres meses. Así fue como, en cuestión de días, preparé mi maleta pensando quedarme tan sólo unas semanas y ahora, al cabo de un año, sigo viviendo aquí”. Confiesa que no le resulta fácil: el trabajo escasea, los alquileres son carísimos y los subsidios no se obtienen con tanta facilidad. “Pero me encanta esta ciudad: ofrece muchas alternativas, aunque está claro que tienes que apañártelas, aquí encuentras la manera de hacerlo. Es fácil crearse una red de contactos y ayudarse recíprocamente”.

Lucie vive en un piso de alquiler, que comparte junto con otras dos personas. Gana menos del salario mínimo, es decir, no llega ni siquiera a los mil euros. Resulta difícil creer que tiene un contrato indefinido. Es una chica muy activa, que presta mucha atención a lo que hace y sobre todo a cómo lo hace. “Trabajo en el ámbito de la cultura y gracias a ello tengo acceso a varias actividades, como exposiciones e inauguraciones. Me gusta la comida natural y biológica, pero cuesta mucho. Adoro viajar, pero necesito organizarme debidamente: comprar los billetes a precio reducido y alojarme en casa de amigos, por ejemplo. La dificultad –concluye– reside en pensar en el futuro”.

‘Democratizar’ la cultura

En París, son muchas las realidades que, dentro del ámbito de la economía solidaria, proponen no sólo facilidades en el mercado cultural, sino también soluciones cooperativas y democráticas. El Kiosque Jeunes y la Maison des associations son dos iniciativas del Ayuntamiento de París con el objetivo de ‘democratizar’ la cultura, tal como cuenta Anne Fermin, animadora cultural: “Los jóvenes que vienen al quiosco reciben consejos organizativos y se benefician de entradas rebajadas o gratuitas para actividades como teatro, conciertos y exposiciones”.

“En la Maison des associations, –explica Sylviane Paysant-Raynaud, funcionaria– no proporcionamos ayudas económicas, sino asistencia para crear asociaciones y contribuir en su desarrollo, así como para encontrar lugares para reuniones y actividades. De todos estos proyectos asociativos no sólo se benefician las personas implicadas, sino toda la comunidad. Existe toda clase de asociaciones, tanto las relacionadas con la agricultura y la educación, como las que lo están con el arte”. Otro ejemplo interesante es la propuesta de Bernard Thomas: “Todo surgió en 2004, cuando mi hija se había comprado unos billetes de tren relativamente baratos, pero que no se podían devolver ni cambiar. Había intentado volver a venderlos en internet, pero sin éxito; necesitaba inventarme un buscador de billetes en venta con el mismo sistema de compra de SNCF (línea de ferrocarril francesa). Así que hice un modelo y creé Troc de Train”. Bernard prosigue, orgulloso de su propia ocurrencia: “El sitio tiene un fuerte espíritu comunitario que los usuarios comparten abiertamente. La gente ha cambiado su manera de viajar en los últimos años. Los jóvenes son los que buscan soluciones más baratas e enternet es una herramienta excelente para ello”.

Alternativas económicas

Manifestación contra la crisis en París (Foto: h_de_c/flickr)“Se puede considerar la crisis como una oportunidad que ha puesto de manifiesto la decadencia del capitalismo y la necesidad de utilizar otros modelos” explica Lauren Jeanneau, periodista de 29 años que trabaja para la revista mensual Alternatives Économiques. Esta publicación es un ejemplo claro de ello: “Estatuto cooperativo, asamblea general todos los años y capital de los socios. La economía social y solidaria (ESS) no sólo la contamos, sino que también la aplicamos a nosotros mismos”. En la región de la Île de France, a la que pertenece la capital francesa, son más de 600.000 las personas que trabajan en realidades basadas en la ESS, lo que representa el 10% del PIB. “En Francia, existen muchas iniciativas individuales, locales y asociativas. Lo que falta, sin embargo, es un discurso homogéneo en materia política y pública, información más democrática y personas más humanas”.

París parece ofrecer todos los requisitos necesarios para que la economía solidaria se vea favorecida por un buen desarrollo: el sector sociocultural se muestra bastante atento a las necesidades de la sociedad y los jóvenes hacen propuestas y colaboran. Las perspectivas de los expertos también son fiables: tras una toma de conciencia política y una acción conjunta, el círculo EES se ampliará, implicando no sólo una, sino dos, tres o incluso cinco de cada diez personas. Algo que no parece en absoluto peregrino a los ojos de Chiara Cheline,  experta en Economía Cognitiva y colaboradora en la École normale supérieure de Paris: “Los estudios demuestran que el ser humano está biológicamente predispuesto a razonar de manera evolutiva y solidaria y, si todos se comportaran así, el beneficio común obtenido sería mayor respecto a la suma del beneficio individual”. No nos queda otra que actuar concretamente. Por lo que parece, en París es posible. Sólo hace falta quererlo.

Fotos: ASDesignPictures/flickr, Varkevisser/flickr, h de c/flickr. Video: 3emegauche/Youtube