Todos a una

Artículo publicado el 31 de Octubre de 2005
Artículo publicado el 31 de Octubre de 2005

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Tras la reunión informal celebrada en el Palacio de Hampton Court el pasado 27 de octubre, los líderes de la UE se han mostrado "unidos" sobre cómo abordar la globalización, pero las perspectivas financieras para 2007-2013 siguen siendo un gran escollo para mejorar las relaciones.

¿25 líderes europeos sentados todos juntos a la mesa de banquete de una antigua residencia real para conversar -informalmente- sobre el futuro de Europa? Puede que usted piense que no es para tanto, y en efecto, cuando se reabrieron las majestuosas puertas del palacio para que Tony Blair y el Presidente de la Comisión europea, Durao Barroso, comparecieran ante los medios, declararon exactamente lo que usted hubiera esperado que declarasen: "todo ha ido realmente bien".

Un rumbo

Detrás de las sonrisas era posible vislumbrar el destello de ciertos verdaderos progresos. Se había acordado el establecimiento de un "rumbo claro" para afrontar los desafíos de la globalización, se había alcanzado un "gran consenso" sobre la política social futura (Inmigración, universidades, energía y temas laborales entre otras cosas) y se había materializado un fuerte deseo de "encarrilar de nuevo la UE y ponerla a circular en el rumbo acertado".

Pero lo más significativo no es lo que se ha dicho, sino que se ha dicho con una sola y firme voz, a excepción de algunas fisuras debidas al canciller alemán Schroeder y al presidente Francés Chirac. "El rumbo acertado" parece que quiere decir "un sólo rumbo".

Es un buen comienzo para propiciar un cambio real. Ahora se tienen que dar los pasos adecuados y muchos líderes no lo tienen fácil para trasladar a sus países lo que en esta cumbre se ha acordado. En cambio, puede que este Blair demasiado optimista pronto tenga que rebajar el tono de su retórica cuando se enfrente a su gabinete y a los euroescépticos de su electorado.

Problemas pecuniarios

El futuro presupuesto de la Unión (el mayor problema al que se enfrenta la UE) ni siquiera se ha planteado en Hampton Court, y existían buenas razones para que se hiciera. El presupuesto pende de un hilo desde que se fracasara en llegar a un acuerdo en la cumbre del pasado mes de junio, en gran parte debido a la insistencia británica por conservar su "cheque" de 5.000 millones de euros y la misma persistencia francesa en asumir cualquier recorte en la Política Agraria Común.

Todos los líderes saben que alcanzar un acuerdo sobre el presupuesto es algo vital, pero también saben que alcanzarlo no será fácil. Las reuniones informales cargadas de buenas intenciones ya no sirven para esto y ninguna de las asperezas que hicieron naufragar un acuerdo en junio han desaparecido ni está previsto que desaparezcan. Preguntados por el presupuesto, todos en Hampton Court parecían tener la misma respuesta: lo discutiremos en una cumbre formal en diciembre, al final de la presidencia británica de la UE. Blair sabe que su presidencia no será juzgada por lo que ha hecho hasta ahora sino por si podrá o no cerrar un acuerdo sobre el presupuesto, y todos los demás saben que sin un presupuesto la UE no se pondrá en marcha en ninguna dirección.

Durante la reunión del jueves, mucho se ha avanzado en los jardines de Hampton Court, en su cuidado laberinto -metáfora de esta problemática UE sin rumbo-. Hay que decir que en esta reunión informal no se ha encontrado una salida al laberinto, pero también es justo decir que ha servido para que los líderes europeos se encuentren dentro del laberinto unos con otros. Así que desde ahora no tropezarán solos, deberían aprovechar la oportunidad de apoyarse mutuamente y luego afrontar el verdadero problema de cara, porque esta es la única salida al laberinto.