¿«Todos contra todos» o «La unión hace la fuerza»?

Artículo publicado el 19 de Octubre de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 19 de Octubre de 2004

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La UE y sus miembros están entre los primeros donantes de ayuda al desarrollo en el mundo. Pero en la práctica, hay diferencias entre la UE y los 25.

La Comisión europea gestiona algo más del 10% de la ayuda mundial al desarrollo. Sumando los medios aportados por los Estados miembro, la UE aporta el 55% de dichos recursos en el mundo. La peculiaridad de la política comunitaria consiste en que, si bien se encuentra dirigida por la UE, se elabora a partir de 25 Estados que persiguen su propia política de desarrollo. La ayuda de los Estados de la UE se expande en más de 100 países en el planeta. A menudo, la eficacia sobre el terreno es secundaria respecto a las ventajas políticas y económicas que esta ayuda proporciona a los países donantes. Para los países en vías de desarrollo, esta multitud de pequeños proyectos resulta en ocasiones desastrosa e imposible de gestionar para su burocracia.

En comparación, la ayuda multilateral de la UE es más virtuosa. Los recursos puestos a disposición no deben reembolsarse, a diferencia de lo que piden los Estados por su cuenta. La Unión europea controla con mayor eficacia la distribución de recursos y la puesta en funcionamiento de los proyectos que los Estados miembro. Si bien los instrumentos de la política de desarrollo de la UE no siempre han sido innovadores, no por ello han dejado de ser eficaces, y han permitido además progresos conceptuales. Gracias a programas financieros como STABEX o SYSMIN, los países ACP (África-Caribe-Pacífico, en su mayoría antiguas colonias) disponen de importantes ayudas financieras a largo plazo cuando pasan por dificultades en caso de descenso de sus exportaciones. Por ello se considera vanguardista la política de la UE.

Déficits estructurales

No todo lo que reluce es oro. Existen problemas de coordinación. En ciertos países «atractivos», nos encontramos con una miríada de oficinas ministeriales de los países miembro –incomunicados entre si– que desarrollan una política de apoyo más orientado al prestigio que puedan obtener que a las prioridades del país asistido. Por otro lado, existe una competencia entre proyectos que diluye y recorta su alcance. Lo que podría considerarse inevitable en un sistema de cooperación en materia de desarrollo internacional, es inaceptable en un bloque político regional como la UE.

Además, por encima de este problema de coherencia, está la escasez de resultados concretos. Un ejemplo: las iniciativas de ayuda al desarrollo en favor de la eficiencia de los mercados agrícolas se ven contrarrestadas por el proteccionismo de la UE; lo mismo sucede con la pesca. La contradicción constante entre las enormes y a menudo exclusivas competencias detentadas por la Unión en materia de relaciones económicas exteriores (comercio y aranceles aduaneros) y la propia política exterior sometida a una lógica intergubernamental complica la legibilidad y la eficacia de las políticas de desarrollo.

Obstáculos burocráticos

Otro problema reside en el reparto de competencias en el seno de la Comisión. Varias direcciones generales tratan temas de política de desarrollo: en los departamentos de «Relaciones exteriores» y de «Comercio», y bajo el control del comisario responsable de la política de desarrollo. La dirección general de esta última comisaría nunca se ha distinguido por su eficacia: mantiene bloqueados miles de millones de euros mientras en muchos lugares del planeta se paralizan proyectos por falta de medios.

Pitos y palmas

Estas graves disfunciones en el seno de la dirección general de desarrollo originan la desesperación de muchos socios titulares de numerosos proyectos en el mundo, y nos llevan a establecer una conclusión ambivalente. La política de desarrollo de la UE ha permitido sin duda grandes avances a nivel político. Baste pensar en los nuevos instrumentos horizontales y el condicionamiento al respeto dentro del proyecto y por parte de sus gestores y beneficiarios de criterios mínimos en Derechos Humanos y democracia. La UE ha demostrado de sobra su capacidad para llevar a cabo políticas de desarrollo. Es de lamentar que exista un déficit en el origen: déficit de coordinación y de coherencia. Queda esperar ahora que las promesas de la nueva comisión en este sentido se concreten en hechos.