¿Todos para uno y uno para todos?

Artículo publicado el 6 de Diciembre de 2004
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Artículo publicado el 6 de Diciembre de 2004

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Da la impresión de que en Ucrania una arrolladora mayoría apoya al líder de la oposición, Víctor Yuschenko. Jarek Domanski -observador internacional para una organización internacional- analiza si es cierto o no.

Volé a Kiev un par de días antes de la segunda ronda para las elecciones presidenciales en Ucrania que tuvieron lugar el 21 de noviembre. La actividad política tras la primera ronda había sido muy intensa, y muchos vehículos portaban banderas naranjas como señal de apoyo al candidato de la oposición, Víctor Yushchenko. El día que llegué, Kiev entera era de color naranja, excepto para los medios afines a Yanukovich. En la Plaza de la Independencia de Kiev (Maidan Nezalezhnosh) la oposición organizaba mítines seguidos por miles de personas y, como las encuestas daban la victoria a Yushchenko con un margen significativo, el clima era positivo.

Solidaridad en la capital

Tras la publicación de los resultados preliminares por el Comité Central Electoral que nombró a Yanukovich como ganador, la situación llegó a su punto más álgido. Ya el lunes por la tarde había al menos 100.000 personas en la plaza y la mayoría de ellas llevaba algo naranja. A pesar de la fuerte nevada y las bajas temperaturas, los seguidores de la oposición permanecieron allí toda la noche, cortando la principal calle de Kiev, Khreshchatik, y montando tiendas de campaña. La energía y la solidaridad entre los seguidores de Yushchenko es enorme, como demostraron muchas señoras que, a pesar de su difícil situación económica, repartían bizcochos caseros y sandwiches, té y café calientes y ropas de abrigo. Para el día en que me fui, había emergido una ciudad entera de tiendas de campaña y varios miles de personas -la mayoría estudiantes- continuaban pasando las noches en la Khreshchatik y en la plaza. La vida en esta improvisada ciudad está bien organizada, hasta la basura se recoge con una regularidad establecida.

Es increíble lo politizada que está la gente en Kiev y todo el mundo, desde los taxistas hasta los vendedores, discute sobre esta situación y habla abiertamente sobre sus preferencias políticas. Esto se refleja en la variedad de personas que está tomando la calle: estudiantes y pensionistas, académicos y obreros..., hasta en los colegios se está saltando la gente las clases para ir a gritar eslóganes en contra de Kutchma. En la principal plaza, la gente sigue allí, ondeando banderas y bailando en las calles después de media noche a pesar del frío y la nieve. Entre las numerosas banderas ucranianas hay muchas polacas, georgianas y bielorrusas, que muestran cómo personas de otros países han venido a la capital de Ucrania para respaldar a la oposición. El martes pasado, el anterior presidente de Polonia Lech Walesa se unió a la multitud declarando su solidaridad y su adhesión a la oposición y a Yuschenko.

Temor por todos lados

Sin embargo, Kiev no representa a toda Ucrania, como comprobé en los pocos días que pasé trabajando como observador electoral en la República Autónoma de Crimea. En Crimea, con una mayoría étnica rusa, la gente tiene miedo de Yushchenko quien, a sus ojos, es un nacionalista que quiere reemplazar los tres idiomas oficiales de la península por el ucraniano. De igual forma, la gente del este de Ucrania está cultural y económicamente unida a Rusia y no le gusta la postura prooccidental de Yushchenko, porque en sus mentes eso está relacionado con la pérdida de sus derechos e identidad. Sin embargo, las protestas son, desde mi punto de vista, menos a favor de Yushchenko (quien, como admite la mayoría de la gente, está lejos de ser el candidato ideal) que en contra de las estructuras de poder que no toman en serio a la población y han confiado demasiado tiempo en su pasividad. Como la mayoría de las estructuras de poder todavía descansan en las manos del presidente saliente Kutchma, muchas cosas dependen de él así como de las Cortes y del entorno de Yuschenko.

Pero después de ocho días en Ucrania, soy bastante optimista. No importa el resultado final, ya no puede haber vuelta atrás al statu quo de profunda corrupción en las estructuras de poder, de tres clanes económicos dividiéndose el botín del país entre ellos y de políticos preocupados por poco más que su propia supervivencia. Ahora, dos canales de televisión que habían estado controlados por el gobierno con anterioridad han prometido informar objetivamente y hacer frente a la censura, mientras que la policía de Kiev, así como parte del ejército, apoyan abiertamente a la oposición. Sin embargo, reformar la situación requerirá años y mucha determinación. Vi el deseo de los ucranianos de luchar por esta reforma, pero ellos necesitan a su vez apoyo para hacerlo: más que el desinterés que hemos mostrado por ellos hasta ahora.