Tomás de Perrate: "Ser gitano ha sido una ventaja para mí"

Artículo publicado el 24 de Octubre de 2008
Artículo publicado el 24 de Octubre de 2008
Tiene 43 años y se inició en el cante flamenco en 1999, cuando ya llevaba diez años de peluquero. Este gitano andaluz que empezó tocando en una banda de pop asegura encontrar inspiración en el norteamericano Tom Waits

(Foto: Bénedicte Salzes)“Estuve no hace mucho en París para cantar. En vez de quedarme en un hotel, me alojé en casa de la responsable de la asociación Flamenco en Francia. Flipé de lo grande que es la asociación y lo puestos que están sus miembros en flamenco”. A Tomás de Perrate le gusta decir que “la gente tiene sed de flamenco”. Ha nacido y vive en Utrera (Sevilla), una de las tres patas del famoso triángulo del flamenco compuesto por esta ciudad, Lebrija y Jerez, en Andalucía occidental. Sabe de lo que habla y también advierte de que sin el mercado internacional, la profusa generación del flamenco contemporáneo no tendría mercado suficiente en España.

Una carrera con golpes de azar

“Aunque mi padre, el Perrate de Utrera, fue un cantaor reconocido en los años cincuenta y sesenta, yo no iba para lo mismo. Era mi hermano mayor el que se dedicó a la música flamenca”. Por desgracia, el primogénito de la familia murió en un accidente de coche. “A mí lo que me gustaba era la batería y la guitarra eléctrica”, explica este músico que empezó a acercarse al flamenco escuchando discos Pop de Kiko Veneno y Pata Negra, y en cuyo primer disco, Perraterías, usa mucho la batería y la armónica detrás de un cante muy puro. Sigue la carrera de Enrique Morente, el pionero en mezclar rock duro y flamenco, “aunque a veces ha loqueado mucho e incluso desvirtuado lo que interpretaba”, matiza, siempre respetuoso de quienes se lanzan al vacío de la innovación.

“Yo soy peluquero de señoras desde hace 20 años. Un día, en una boda me puse a improvisar un cante cualquiera y cuando levanté la vista estaban todos llorando de la sorpresa y la emoción”. Ahí fue cuando su hermano, que tenía encargo de grabar un disco de flamenco para las Navidades, le organizó una encerrona. “Me dijo que necesitaba un guitarrista para acompañar a otros cantaores muy conocidos. Cuando llegué al estudio, no vino nadie y me dijo que el disco había que grabarlo de inmediato, que me pusiera a cantar como fuera”. Unos días más tarde, le llamaron para que escuchase el resultado y lo valorara. “Me quedé tan impresionado que no las tenía todas conmigo. Pensé que había truco de estudio, así que fui a casa de un colega, le dije que me grabara con el ordenador ‘penco’ que tenía y que me dejara escucharme sin ningún arreglo de por medio. Ahí fue cuando me convencí de que valía para esto”.

Una vida distinta pero igual

“No dejé la peluquería porque mi mujer también me ayuda”, asegura quien además cree que su desembarco en el flamenco incluso ha revitalizado su matrimonio. “Además, el flamenco me ocupa los fines de semana. De lunes a jueves no tengo nada que hacer y ni siquiera tengo ya que llevar a la niña al colegio”.

(Foto: Bénedicte Salzes)

No obstante, su nueva vida como cantaor le ha sacado de Utrera y le ha llevado por Europa. “Una vez fui a cantar a Utrecht”, donde se organiza cada año un festival con tres escenarios simultáneos, exposiciones, conferencias, etc. Y es que el flamenco no es solo música, sino pintura, escultura o literatura. “En Berlín me encontré con lo mismo: pensé que el flamenco sería una cosa inusitada y resulta que es de lo más corriente: hay festivales y hasta cursos en los que profesoras alemanas enseñan a alumnos españoles”. Aunque lo que más le llena de orgullo es el respeto con que los japoneses han adoptado el flamenco. “Quizá en Andalucía, por tener el flamenco tan cerca, el público es menos fiel, mientras que en el extranjero este arte es de verdadero culto”, remata

Un gitano copiando más a gusto que un arbusto

“Copiar es la mejor manera de aprender”, suelta de pronto. “Si no te empapas de filosofía clásica no sabrás adaptarte a la contemporánea”, explica este cantaor deseando copiar a las míticas Fernanda y Bernarda de Utrera. “A mí me gustan mucho ahora las músicas calientes de Cuba o Brasil: Cateano Veloso, Silvio Rodríguez, etc. Ha dejado de gustarme el pop a secas, demasiado anglosajón, demasiado frío”, dice para delimitar sus influencias para luego afirmar que está, por paradójico que parezca, enganchado al norteamericano Tom Waits, “sobre todo en sus intervenciones en la filmografía de Jim Jarmusch” (Bajo el peso de la ley, 1986; Noche en la Tierra; 1991).

"Los gitanos hemos traído nuestros ritmos de Oriente, pero es Andalucía el marco en el que se ha desarrollado el flamenco gracias a 250 años de sana convivencia"

¿Y la música gitana de los Balcanes? También le conmueve, “pero no es flamenco; no es la misma familia, aunque venga de la misma matriz. Los gitanos hemos traído nuestros ritmos de Oriente, pero es Andalucía el marco en el que se ha desarrollado el flamenco gracias a los últimos 250 años de sana convivencia e integración con el resto de la población”. Sorprendente comentario en estos tiempos en que los gitanos vuelven a estigmatizarse en Italia y no todos se sienten aceptados en España. “Yo no conozco a ninguna familia gitana que se sienta discriminada en Andalucía. Es más, creo que ser gitano ha sido una ventaja para mí”, asevera con aplomo.