Tomsk: Putin limpia el mercado ruso

Artículo publicado el 14 de Noviembre de 2007
Artículo publicado el 14 de Noviembre de 2007

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Desde el 1 de abril los extranjeros tienen prohibida la venta de productos en las plazas de abasto. El tayiko Achmed es uno de ellos.

Achmed Ibrahimas se sienta en un banco delante de la “casa de amigos de la comunidad”, un punto de encuentro cultural, mientras fuma cigarrillos baratos. Este tayiko de las proximidades de Duschanbe quiere en realidad irse lejos. Lejos del país, en el que se siente tan bienvenido como un enfermo leproso. “Casi todos son racistas”, critica Ibrahimas. Desconfía de en que en Rusia se haya alcanzado una nueva dimensión respecto a la intolerancia contra los extranjeros.

Desde el 1 de abril se ha prohibido en Rusia el comercio legal a los extranjeros. Desde entonces, el tayiko tiene demasiado tiempo libre, pues tampoco tiene permiso para vender más en el mercado central de abastos, donde ha trabajado durante más de siete años. Achmed es uno de los más de 12 millones de inmigrantes en Rusia. Muchos de ellos se dedican a la construcción, la reparación de las calles, y comerciaban desde hacía poco tiempo en los mercados. Uno de cada tres tayikos en edad de trabajar ganan su dinero en Rusia.

Pepinos y melones: sólo de los rusos

Con esta prohibición Putin pretende crear más puestos de trabajo para los rusos. Al mismo tiempo, el miedo también ha sido alimentado por una presunta extranjerización. A sus 45 años, Achmed vive desde hace 15 años en Tomsk. Durante los primeros ocho años trabajó en la construcción, después vendía en el mercado central sobre folletos viejos con la efigie de Lenin. Sobre el seguro médico o el derecho a una pensión, se lo toma con humor. Cada día se levanta, se coloca fuera del mercado y allí vende fruta y verdura. Controla el arte de equilibrar los surtidos en un trozo de madera. Sólo el viernes a mediodía se toma una pausa y acude a la oración en la mezquita roja. Ahora, ya no puede vender dentro de la plaza de abastos y no puede mandar dinero a su mujer y a su hijo.

Dudoso estado multiétnico

Quién en Tomsk se plante delante de su placa con los nombres de los caídos en la guerra, de repente se le encenderá la luz del entendimiento y comprenderá en qué consiste la paradójica voz de Rusia: este país, que en su día luchara contra la Alemania de Hitler, tiene un enorme problema con el racismo. En una encuesta del instituto de investigación Lewada de 2006 sólo un 28% de los encuestados rechazaba la declaración “Rusia es de los rusos”, lo mismo que los fascistas. Más de la mitad de los encuestados abogaron por la sospechosa solución de trasladar a los extranjeros a otro lugar.

Un problema con el que Achmed tiene que enfrentarse cada día. “Siempre veo una y otra vez caras de desprecio. No tiene más sentido alterarse.” Quizá se pueda sobrevivir con un cierto toque de indiferencia. Hasta ahora, nunca se había sentido atacado, pero con frecuencia sí insultado. A través de la sospechosa economía de mercado de Putin se han reforzado los sentimientos xenófobos. Un Estado multiétnico, en el que muchos ciudadanos son excluidos. Sólo en la entrada principal del mercado central se observa corretear a hombres del Cáucaso, que leen en sus teléfonos móviles sin parar. Terminarán por echarse al mercado negro.

Negras cifras en las estrellas

No se les puede tomar a mal, al fin y al cabo, las encuestas del Instituto de investigación político-social de la Academia Rusa de las Ciencias (2004/05) arrojan que entre los extranjeros el 57% de los encuestados rusos han recibido “reacciones negativas” por parte de otros rusos. Apenas pasa un día sin nuevos ataques racistas. Así, en 2006 en Karelia, al norte de Rusia, se produjeron violentos disturbios en contra de los ciudadanos de origen caucásico. Un hombre de actitud furiosa asaltó sus puestos y tiendas en la plaza de abastos. En mayo de este año fue detenido un militante de la extrema derecha que confesó el asesinato de un caucásico de 37 años. Era un estudiante de instituto de 18 años que aseguraba querer “limpiar el Estado”. El instituto de investigación moscovita Sowa, que se ocupa de temas relacionados con la xenofobia, calculó que en el último año se habían producido 451 ataques racistas, en los que habían muerto 55 personas. En los primeros siete meses de este año, entre San Petersburgo y Vladivostok han muerto 36 personas por ataques de la extrema derecha. Las cifras reales son mucho más altas. Lew Gudkow del Centro Lewada subraya una peligrosa tendencia: “El odio racista de la juventud será un elemento de la subcultura”.

¿Cómo es posible algo así en un país que ha sufrido millones de víctimas en la guerra entre el Nacionalsocialismo y el Estalinisimo? Existe una respuesta probable. Vassilij Hanewitsch, miembro de la Organización por la defensa de los Derechos Humanos piensa lo siguiente: “Los rusos no han aprendido nada de su Historia. Además, usan nuestros negocios siempre como cabeza de turcos. En nuestra región no se sienta ningún demócrata. Cualquiera que controle nuestro sistema político, colabora con la chusma de la extrema derecha en la calle y les da alas”.

Achmed se siente como un cabeza de turco. Tiene miedo de que el odio crezca, ya que las sensaciones son cada vez más complicadas. Le cuenta al ruso Witz el reflejo de sus sospechas a modo de cuento: “Para el lecho mortuorio de un tayiko se reúnen sus parientes. Allí susurra un anciano: “¡Proteged a los judíos! ¡Os lo suplico, protegedles!” A lo que una joven pregunta ¿por qué?, y el anciano le contesta: “Si acaban con los judíos, vendrán a por los tayikos”.

Artículo elaborado para la Fundación “Erinnerung, Verantwortung und Zukunft” (Memoria, Responsabilidad y Futuro en el marco de una Beca de investigación para la red de corresponsales n-ost