¿Tony Blair al rescate de Europa ?

Artículo publicado el 27 de Junio de 2005
Artículo publicado el 27 de Junio de 2005

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Si bien a los ojos de todos la Cumbre de Bruselas de mediados de junio ha hundido a la Unión aún un poco más en el fracaso, Blair aparece como el hombre fuerte capaz de levantar a Europa. ¿Podrá un nuevo soplo liberal hacer que la máquina vuelva a funcionar?

So pretexto de liberar a la Unión Europea (UE) del ultraliberalismo anglosajón, y en nombre de una cruzada por la defensa del modelo social continental en crisis, el rechazo francés a la Constitución europea el 29 de mayo pasado ofreció inesperadamente a Tony Blair las condiciones necesarias para influir de forma duradera en la dirección que tomará la integración europea. Ironías de la Historia, el día del “no” hexagonal fueron los diputados de la cámara de los Comunes los que aplaudieron al pueblo francés por haber rechazado el Tratado constitucional.

Blair todopoderoso

La consecuencia directa de este rechazo a una Europa política es que Tony Blair es, desde ahora, el dirigente político más influyente de la Unión. Primer jefe de gobierno laborista en ser reelegido para un tercer mandato, liberado de la preocupación de mantenerse en el poder y habiendo anunciado que no va a volver a presentarse, Blair emprende una presidencia de la Unión estratégica, frente a socios tradicionales políticamente muy debilitados. En efecto, tras diez años a la cabeza de Francia y un balance económico y social casi nulo, Jacques Chirac pasará a la historia por haber sido el que puso un freno a 50 años de integración europea. En cuanto a Gerhard Schröder, tras una serie de dolorosas derrotas electorales todo parece indicar que dejará su puesto el próximo mes de septiembre, para que pase a ocuparlo la líder de la derecha alemana (CDU), Angela Merkel. Muy probablemente, la primera cancillera procedente de la antigua RDA /República Democrática de Alemania), Merkel estará mucho más inclinada a las tesis económicas anglosajonas que su predecesor.

Blair astuto

Teniendo en cuenta este contexto político excepcionalmente favorable, Tony Blair se encuentra ante la posibilidad de moldear Europa de acuerdo con sus ideas. La agenda de la presidencia inglesa que circula desde hace ya algunos meses ofrece una buena muestra de a qué podría parecerse Europa según Blair. Entre sus prioridades figuran la extensión de la Unión a Turquía, la potenciación de la competencia y de la liberalización de los servicios, así como el aumento de la competitividad de las empresas europeas, en especial a través de una mayor flexibilidad del mercado de trabajo. En definitiva, crear una “amplia zona de librecambio deslastrada de sus ambiciones políticas”.

Así, por haber querido rechazar la “economía social de mercado”, la izquierda nacionalista francesa podría precipitar la instauración de un nuevo ultraliberalismo europeo. La consecuencia de esta triste paradoja sería que se reforzarían las tendencias populistas y nacionalistas, ya muy arraigadas en algunos Estados miembro. Sin embargo, semejante escenario es poco probable. En efecto, subestimar la habilidad política de Tony Blair sería un error. El presidente británico está convencido de que se halla ante una oportunidad histórica para él y para el Reino Unido de cambiar su imagen: de oveja negra de Europa a salvador del destino comunitario. Los súbditos de la reina Isabel están tranquilos y seguros de que su Reino ya no corre el riesgo de convertirse en una provincia descentralizada de Bruselas y liberados de la amenaza de una sanción política con ocasión de la celebración del referéndum sobre el Tratado Constitucional; en adelante, Blair puede dar rienda suelta a sus ideas proeuropeas.

Blair oportunista

Al haber sido de facto aplazado sine die el viejo sueño franco-alemán de una "Europa-potencia", ha llegado el momento de poner en práctica una visión alternativa, una “tercera vía”, pero esta vez europea. Aunque la concepción del “Common Law” no ha inculcado a los británicos la costumbre de las leyes escritas, lo que hace difícil la adopción de una Constitución, Blair tratará sin embargo de salvar algunos aspectos de la Constitución. Con oportunismo, el primer ministro está convencido de que en materia de defensa es necesario seguir con los esfuerzos de integración iniciados tras la cumbre franco-británica de Saint-Malo en 1998. La UE debe consolidarse como un aliado militar creíble e ineludible de Estados Unidos. En cuanto a política de extranjería, también la puesta en práctica del servicio diplomático podría salvarse. Finalmente, Jack Straw, ministro de asuntos exteriores británico, ha afirmado que el refuerzo del papel de los parlamentos nacionales y el principio de subsidiariedad son elementos que “deberían mantenerse sea cual sea la suerte del tratado”.

Asimismo, Blair ha intentado responder a las angustias expresadas con ocasión de los referendos francés y neerlandés, asegurando su acuerdo con el “modelo social europeo”: “no creo que Europa deba abandonar su modelo social, necesitamos un modelo social fuerte pero éste debe ser adecuado al mundo de hoy en día”. Cree que es importante renovar el debate, superando la vieja oposición entre paradigmas anglosajones y continentales, y continuar con las reformas postuladas por la Estrategia de Lisboa.

Independientemente del contexto político favorable, Blair sabe que deberá reunir a una mayoría de socios para llevar a buen puerto su proyecto. Así pues, tendrá mucho cuidado en evitar reavivar las tensiones que surgieron entre la vieja y la nueva Europa durante las negociaciones del Tratado de Niza y la guerra de Irak. ¿Será suficiente el legendario pragmatismo británico para preparar las bases de una renovación de la integración europea?