Toto y sus hermanas: luces y sombras

Artículo publicado el 21 de Enero de 2016
Artículo publicado el 21 de Enero de 2016

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La última película de Alexander Nanau, Toto y sus hermanas, se ha revelado como una obra imprescindible. Un documental sorprendente que sigue a un trío de protagonistas excepcionales: niños romanís a los que les falta de todo, salvo carácter y vitalidad.

En una empobrecida barriada de Bucarest, Totonel, al que llaman Toto, un niño romaní de nueve años, trepa una pared para recoger una manzana. Esta breve escena de apertura, un momento de travesura y de pura inoncencia, se verá barrido por una realidad muy diferente. En el mismo instante, las dos hermanas mayores de Toto, Andrea y Ana, limpian a fondo un vetusto apartamento para preparar la vuelta de su madre, encarcelada por tráfico de estupefacientes. Recién ordenado, el apartamento se ve invadido rápidamente por sus tíos heroinómanos, quienes acaban ensuciando todo y drogándose ante la impotente mirada de los niños, de cuya presencia apenas se dan cuenta.

Al margen

A caballo entre el documental y la ficción, Alexander Nanau se sitúa en esta cinta en la esfera del cine directo, un tipo de cine documental nacido en la posguerra gracias a la ligereza de las tecnologías que se difundían en la época y que permitían un enfoque totalmente revolucionario. Los pequeños equipos podían desplazarse más fácilmente para seguir más de cerca el curso de las acciones y mantener una presencia "invisible" al lado de los sujetos escogidos. Una tradición histórica -a menudo abiertamente militante- que se convierte, en la historia del cine, en una suerte de metodología, una postura que conlleva una mirada discreta y omnipresente a la vez.

Es con esta mirada que Nanau se inmiscuye en el seno de la comunidad romaní de Bucarest en busca de la película que Stradafilm le había encargado. El director alemán decidió seguir durante un largo periodo el día a día de esos niños al margen de la sociedad. Así, al ser narrada, su vida adquiere rasgos excepcionales a los ojos de los espectadores, desorientados por una realidad tan conmovedora, dinámica y cambiante que parece una puesta en escena. "Grabaos un año y obtendréis una historia", declara Nanau.

A lo largo de la película, acompañada por grandes planos en los que se estudian los rostros durante largo tiempo, el espectador a prendre a conocer tanto la vulnerabilidad como la fuerza de las existencias que ve desarrollarse en pantalla. El director no interviene (salvo en sus elecciones estéticas y en el montaje final) y la continuidad narrativa solo pertenece al azar de la vida y a la energía de los niños para escapar de ese ambiente. Las emociones no están controladas sino que surgen de forma natural de la capacidad de Toto y de Andrea de tomar conciencia de la dramática situación y de su determinación para vivir sin familia.

Luz en el corazón del caos

La puesta en escena de Alexander Nanau transforma la cruda realidad en un cuento de aprendizaje, propio del drama de la infancia. Toto recorre ese día a día sombrío con fuerza y determinación, luchando contra la oscuridad del mundo, con la esperanza de vivir a pesar de todo feliz con su familia. Es la inocencia en estado puro contra la dura realidad de los hombres. De la sociedad no vemos más que a policías con pasamontañas y jueces cuyo rostro permanece fuera del campo de visión. Invisible, la sociedad aparece como una fuerza deshumanizada y represiva que margina a los más desfavorecidos y los relega a una miseria sin salida. La desesperación, simbolizada por la droga, es una amenaza constante que vacía a los seres de su sustancia y aleja a unos de otros. Los tíos, abandonados, se chutan delante de los niños como vampiros que amenazan con contaminar su sangre. A la fuerza, Ana acaba por caer en el tráfico y la adicción, dejando solos a Andrea y Toto.

Tráiler de Toto y sus hermanas en francés

Con todo, Nanau no cede nunca al miserabilismo ni deja entrever ninguna puerta a posibles salidas: una parte del juego en un patio nevado se convierte en un paréntesis de este caótico día a día. Durante un concurso de hip-hop en el que Toto brilla sobre el escenario, un puente parece alzarse. En el corazón del caos, el sol sigue ahí. Escondido en la oscuridad, pero aún así, resplandeciente.

¿Cómo sobrevivir en el desorden de la existencia cuando la miseria compite con la desintegración de los lazos familiares? ¿Cómo salir hacia adelante a pesar de la dimisión de los padres y de la sociedad? Encontrar un lugar en el mundo tiene un precio. Es la dura constatación de esta potente película situada entre luces y sombras. Un pequeño milagro, similar al reciente Spartacus and Cassandra de Ioanis Nuguet, en un mundo, el de las minorías y más concretamente el de la comunidad romaní, que se mantiene apartada, donde el abandono constante contrasta únicamente con el amor, tan frágil como potente, que uno puede dar y recibir.

Toto y sus hermanas dibuja el retrato tierno y cruel de unos hermanos dejados a su suerte, abandonados por sus padres y por la sociedad, que tratan de luchar con todas sus fuerzas por un futuro más radiante. Nanau nos dice que la realidad, como la ficción, puede incluir etapas, desafíos, pruebas y giros de 180º. Puede alcanzar la tragedia y de repente virar y convertirse en un cuento de hadas, siempre relacionada con las elecciones de sus "personajes".

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Ver : 'Toto y sus hermanas' de Alexander Nanau

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Artículo dirigido por el equipo local La Parisienne de cafébabel.