Traducción y tecnología: ¿progreso o traición?

Artículo publicado el 20 de Junio de 2005
Artículo publicado el 20 de Junio de 2005

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En los albores del siglo XXI, la traducción también es un arte al cual se le pueden aplicar las nuevas tecnologías. Tanto la traducción automática como la asistida tienen como objetivo traicionar lo menos posible el texto original, con todo tipo de resultados.

Se habla de traducción como una conversión de códigos lingüísticos, una negociación de propósitos, un desafío a la inconmesurabilidad, un transvase de mundos: traducir es casi un arte. Un arte sufrido, al tratarse de “un proceso en el que, para obtener alguna cosa, se renuncia a otra” tal y como dice Umberto Eco en su libro Dire quasi la stessa cosa ("Decir casi lo mismo"). Sin embargo, hay contextos en los que la renuncia y la traición son la regla y aun así la traducción se considera “buena”, no en base a los parámetros típicos de calidad y fidelidad al texto original, sino en base a la velocidad de conversión. Así disminuyen los costes y aumenta la participación entre los usuarios, con mayor eficacia y calidad sobre todo para las empresas e instituciones que trabajan en ambientes multilingües; por eso las traducciones automática y asistida se han asentado en estos sectores.

La traducción automática: cuando traduce un ordenador

La traducción automática se sirve de aplicativos y software, muchos de los cuales (entre ellos, Systran, que se creó durante la Guerra Fría) están disponibles en la red de un modo gratuito. Babelfish ofrece una lista completa de más de 700 combinaciones de lenguas en las cuales es posible efectuar las conversiones. La finalidad de la traducción automática es la comprensión esencial de un contenido. “Es útil cuando el objetivo prioritario es transferir un mensaje en un tiempo determinado, como en el caso de los comunicados de la UE que tienen validez durante 24 ó 48 horas”, apunta el profesor F. Bertaccini, docente de la Universidad de Bolonia. La traducción que se genera está poco trabajada: las tecnologías utilizadas, por ejemplo, no son capaces de distinguir si un término es un adverbio o un substantivo. Cuanto más simples y coordinadas sean las frases, y más compuestas estén por partes “unívocas” del discurso, mayor es la probabilidad de obtener una traducción fiel: una oración simple como “he ido al mercado y he comprado una manzana” se traduciría perfectamente en diferentes lenguas. Con dicho sistema también se pueden traducir e-mails y chats pero, a diferencia de la traducción asistida, en ningún caso puede utilizarse en actividades editoriales.

Un ordenador como ayudante en la traducción asistida

La traducción asistida, conocida como CAT (Computer Aided Translation) es más sofisticada. Dicho tipo de traducción se sirve tanto de recursos informáticos como de figuras profesionales: las bases de datos y los traductores especializados. Se empieza por la Memoria de Traducción, una base de datos en la que están memorizadas las asociaciones entre un segmento de frase en una lengua y su correspondiente en otra lengua. Gracias a los algoritmos para la determinación de similitud entre las frases y de dudas para la búsqueda en los campos de la base de datos, se obtienen propuestas de traducción. Luego, está en la mano del traductor aceptarlas o modificarlas: el resultado es un documento “pretraducido” que enriquece la Memoria de Traducción original.

¿Son el futuro las nuevas tecnologías?

A pesar de ello, Bertaccini advierte: “La traducción asistida ofrece una buena calidad y una continuidad de traducción que un traductor que debe traducir ex novo no puede garantizar, pero aunque la CAT favorezca una unidad terminológica y de estilo, ya se han visto sus límites, dado que la riqueza, la adecuación y la estratificación de las Memorias no son de ninguna manera del mismo nivel que las del texto original. Además, es necesaria una continua interacción hombre-máquina, y es difícil disponer de una Memoria de Traducción cuando se tiene una combinación de lenguas poco comunes”.

Las “nuevas traducciones” generan desconcierto, desde el momento en que el destinatario de la traducción, como sujeto pasivo, pasa a ser partícipe. “El transvase de mundos”, de actividad individual, pasa a ser un proceso colectivo. Las traducciones técnicas y científicas son mejores, porque cuentan con más repeticiones y, sobre todo, con más univocidad de sentido y significado. Sin embargo, los textos literarios nunca se podrán traducir con estas tecnologías. Se sigue investigando: la CAT trata de mejorar sus programas para reconocer mejor las analogías; de igual modo, el buscador Google está introduciendo nuevas combinaciones de lenguas para la traducción automática. Sin embargo, las figuras retóricas tendrán que seguir siendo traducidas por el Hombre.