Tragedia griega en tres actos: desplazarse y calentarse

Artículo publicado el 15 de Febrero de 2012
Artículo publicado el 15 de Febrero de 2012
Después de la degradación, la burla, el desprecio y más tarde el olvido, ¿qué es lo que significa vivir con la crisis para Katerina Tzekou, joven estudiante de 25 años o para Costa Andreotis, empleado de museo, en Atenas hoy en día?

En pleno lío económico, los griegos continúan con sus vidas: se levantan por la mañana, llevan a los niños al colegio, van a la oficina, intentan tomar el aire los fines de semana... Una rutina como la de muchas personas en Europa. Costa sólo dice: "para mí, la crisis económica se ha visto reflejada en todos los aspectos de mi vida, ¡transformándola en una dura maratón!". Costa trabaja en un museo. Una vez en su casa, sube por las escaleras; el ascensor está averiado: "esperamos hacer una colecta entre los distintos inquilinos, entre ellos las personas mayores del cuarto piso, para repararlo", explica. Después, llega al museo con el medio de transporte que funcione ese día, ya que hay que tener en cuenta los días de huelga, que se repiten a menudo. Desde las huelgas generales con motivo del antiguo proyecto de la ley de austeridad, los pasados meses de septiembre y octubre, Atenas está paralizada de vez en cuando. Observad: los movimientos de 2011 tenían al menos el mérito de hacer reaccionar a los medios de comunicación extranjeros. Ahora, cuando los griegos están obligados a caminar para ir al trabajo, las huelgas se organizan pese a la indiferencia general. De todos modos, para Costa es imposible coger el coche, la gasolina sin plomo cuesta 1,65€ el litro y el aparcamiento en la capital está fuera de su alcance. Con 45 euros, no pondrá ni 25 litros en el depósito de su coche.

Atenas, ¿ciudad peatonal en 2013?

"Mi presupuesto es demasiado ajustado para el coche"

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Todavía es necesario tener un coche. Costa tiene uno, pero ni siquiera puede mantenerlo. Cuando todo iba mejor, quiso adquirir el Alfa Romeo de sus sueños, que aún le sale caro a día de hoy con las mensualidades del préstamo y los cerca de 260 € anuales de seguro. "Mi presupuesto es demasiado ajustado para el coche, ya no tengo medios para mantenerlo, para las reparaciones." Por eso,  circula con un vehículo en mal estado y sin seguro. Durante este tiempo, miles de griegos han devuelto sus placas de matriculación a la oficina de impuestos para inmovilizar sus vehículos y así anular los gastos que generaban. Una fatalidad absurda, que es de hecho la consecuencia de una política igualmente estúpida que empezó en 2009. En esta época, los griegos cobraban un dinero por la chatarra, en sustitución de su viejo coche. Hoy en día, se ven obligados a pagar un impuesto verde en virtud de un nuevo proyecto ecológico. Si añadimos esto al seguro, tener un coche en Atenas es demasiado caro.

Aumento de los crímenes y calor con madera

Por la mañana, el apartamento de Katerina es similar a una nevera. Katerina explica que "los inquilinos del inmueble en el que vive no han podido conseguir el dinero necesario para asegurar los gastos de una calefacción continua, es decir, 3 horas de calor al día, un poco por la mañana y un poco por la noche..." y esto no ocurre sólo en los hogares populares. No calentarse para ahorrar se ha convertido en una clase de moda en las ciudades griegas. El aumento del precio del aceite combustible junto a la disminución de los salarios empujan a los griegos a volver a utilizar los recursos de la vieja escuela: como tiempo atrás, se vuelven a utilizar las estufas de leña. La demanda de leña es tan grande que Grecia ha tenido que importar leña de países como Ucrania, Macedonia o Albania.

La foto no representa precisamente la realidad; el metro de Atenas suele estar hasta los topes

Katerina es estudiante. Hoy, para ir a la Escuela de Arqueología, coge el metro. Éste está lleno de gente porque, debido a problemas económicos, los trenes son menos frecuentes. Cada vez más, la gente intenta subir al metro sin billete, algunos esperan a que alguien les dé un billete todavía válido. "Esto se hace por solidaridad" explica Katerina. En un metro tan bonito, de mármol, decorado con vestigios, ya no se acuerda del apogeo de su civilización, pero contempla el abismo de su derrumbamiento... Muy rápido, se preocupa, teme que entre tanta gente le roben sus objetos personales. Los ladrones enseguida localizan las carteras, los ordenadores portátiles y las mochilas con ordenadores.

Sería mejor evitar coger el metro en ciertas horas, en determinadas estaciones. Si la plaza Omonia, la segunda de la capital, había sido siempre un lugar de encuentro cerca de las calles comerciales del Ágora, hoy da una verdadera sensación de inseguridad. Ahora, traficantes e inmigrantes de todas procedencias desarrollan sus actividades sucias a plena luz del día en los barrios contiguos a la plaza. A finales de la semana pasada, hubo un robo con violencia cada cuarenta minutos en el suburbio del nordeste de Atenas.

Este artículo es el primero de una serie titulada "Tragedia griega en tres actos". Podréis leer el seguiente la semana que viene

Fotos: portada (cc) Єmma Brown/flickr  ; Texto: (cc) valix/flickr y (cc) sinus iridium/flickr