Transe, viaje al infierno

Artículo publicado el 22 de Diciembre de 2006
Artículo publicado el 22 de Diciembre de 2006

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El nuevo filme de la realizadora portuguesa Teresa Villaverde, de 40 años, se estrena en Francia el 27 de diciembre.

Desde tiempos inmemorables, hay personas que viajan. Muchas no utilizan yates lujosos ni aviones. A veces, ni el coche. Simplemente van a pie o con embarcaciones de casi nula resistencia. Con la esperanza como único equipaje y un objetivo: encontrar una vida mejor. El camino no es fácil. Está lleno de riesgos y obstáculos. Pero lo siguen intentando. Son miles cada año y van en todas direcciones. Hombres y mujeres en busca de una oportunidad. Aunque, a veces, lo pierdan todo en el trayecto. Transe, el durísimo filme de la realizadora portuguesa Teresa Villaverde (Los Mutantes 1998), se convierte en un doloroso retrato de Europa. Un continente que se transforma en un territorio de miseria y explotación para muchos de los que intentan cruzarlo.

Aclamada en el Festival de Cine de Cataluña y en Cannes 2006, Transe muestra la terrible historia de Sonia (interpretada por una antológica Ana Moreira), una joven que deja atrás San Petersburgo para embarcarse en un viaje sin retorno. Poco sabremos de su historia personal, pero conviviremos con ella durante todo un viaje que acabará en Portugal. Múltiples circunstancias marcaran su destino y convertirán el trayecto en un autentico calvario. Un retrato mordaz de una Europa irreconocible, pero real.

Exhibición dolorosa

El viaje tampoco resultará fácil para el espectador. Villaverde, evitando caer en sentimentalismos y mensajes simples, hace una apuesta arriesgada y plantea el filme de forma radical. Sin una narración convencional, sin argumentos ni denuncia social. Su propuesta, tan desesperante como extraña, de ritmo lento y por momentos inconexa, desconcertará a más de uno. El esfuerzo, para los que resistan, será recompensado. Y es que Transe es una exhibición cinematográfica, una obra libre y fascinante que vincula la directora portuguesa con cineastas como el americano Gus Van Sant (Elephant) o el griego Theo Angelopoulos (Paisaje en la niebla). Un trabajo que merece ser visto sin prejuicios.

La primera parte del filme, más metafórica y abstracta, es quizá la más interesante. Aquí conocemos Sonia, vemos cómo abandona Rusia, cómo encuentra su primer trabajo y cómo cae en la prostitución. El paso de la esperanza al horror será inesperado. Villaverde aprovecha los momentos de calma para filmar exteriores naturales con su cámara inquieta. De repente, todo cambia. Un engaño, un rapto y la esclavitud sexual.

Una nueva película

En esta segunda parte del metraje, que por momentos resulta demasiado estridente, asistimos a la degradación de Sonia. La cámara se centra en el rostro afectado de la protagonista, que vivirá un auténtico vía crucis que la anulará por completo como persona. Primero, luchará por su vida. Después, por su dignidad. Por último, cederá, perdiendo toda conexión con el mundo que le rodea. Utilizando diversas elipsis, la directora desarrolla esta parte de la historia en espacios cerrados. Sonia pasa de una oscura habitación a un onírico prostíbulo. De la cama de un antro a la casa de un multimillonario con un hijo deficiente. Al final, llega a Portugal. Por el camino, ha recorrido media Europa, pero poco importa. La tierra prometida no existe y la protagonista no sabe quién es ni donde está. Lo ha perdido todo.

El filme acaba y el espectador retiene varias imágenes en la memoria. Ha asistido a una de esas obras en las que la forma es tan importante como el contenido. Y es que, en un mundo cada vez más escindido, la apuesta de Villaverde no puede resultar más coherente.

El trayecto del inmigrante no es nada fácil. Está lleno de sombras y de preguntas sin respuesta. Y eso, precisamente, es lo que Transe refleja.

Transe, una coproducción europea entre Clap Filmes

(Portugal), Gémini Films

(Francia), Revolver (Italia) y Hermitage Bridge Studio

(Rusia).