Transexuales, homos, bi… ¿Una Europa represiva?

Artículo publicado el 25 de Marzo de 2009
Artículo publicado el 25 de Marzo de 2009
Vivimos en una Europa multicolor en lo que se refiere a lenguas, tradiciones y etnias, en la que podemos movernos libremente. Sin embargo, nuestra identidad sexual sigue siendo monocroma.
En un momento en el que flexibilidad e individualidad se han convertido en el lema principal de todos los aspectos de nuestra vida, aún sorprende que los conceptos ‘hombre’ y ‘mujer’ sigan siendo categoría tan rígidas

¿Dónde empieza el hombre y donde acaba la mujer? Si se analiza la pregunta en profundidad nos daremos cuenta de que la respuesta no es tan sencilla. ¿Qué determina nuestra identidad sexual? ¿Nuestros comportamientos y reacciones? ¿Nuestro compañero sentimental? ¿O la comadrona que nos trajo al mundo? Si solo existen dos sexos ‘biológicos’, ¿qué pasa con las personas intersexuales, que presentan características sexuales femeninas y masculinas? Las ideas de heterosexualidad y de una única tendencia sexual siguen ancladas en la mente de los europeos. Las personas que no comparten estos conceptos y no quieren o no pueden encajar su identidad en el estrecho corsé de la sexualidad exclusivamente femenina y masculina aún tienen que luchar en Europa contra la discriminación y los prejuicios.

Estas personas tienen que soportar actos que van desde graves insultos a actos violentos, pasando por el desprecio diario. “Cuando paseo por el campus con mi novia, las dos notamos continuamente las miradas de desaprobación. No entiendo cómo estudiantes de nuestra generación parecen tener aún problemas con ello” nos explica, indignada, Alina, muniquesa de 21 años. “Me cabrea, pero no entiendo por qué deberíamos escondernos”.

La ignorancia deriva en discriminación

©Miss K/flickrEste comportamiento intolerante se debe mayoritariamente a un gran desconocimiento y una sensibilización escasa. Todo aquel que no respete estrictamente las estructuras de la ‘norma’ heterosexual se siente aún inseguro frente al público europeo. En las películas y la televisión, por ejemplo, no aparecen o, si lo hacen, es con la etiqueta de ‘exótico’. En Polonia, Francia o Italia los anuncios están dominados por las relaciones hombre-mujer, la claridad simplemente se vende mejor. La “simple lógica comercial”, así lo llama Cornelia. Nacida de sexo masculino, Cornelia se une hoy en Estrasburgo a TaPaGeS, una organización que lucha por los derechos de los homosexuales, los bisexuales y los transexuales, y al STS, que en un principio fue fundado para apoyar a los transexuales, pero que hoy en día también actúa políticamente. Está muy bien “curar las heridas que ha infligido la sociedad tránsfoba, pero hay que atacar las causas y no los síntomas”. La discriminación se alimenta de la ignorancia, pero la gente está totalmente dispuesta a aprender; eso es lo que Cornelia ha aprendido en su trabajo, al que llama “trabajo de calle”. Mediante el contacto directo, los prejuicios se debilitan.

Distintas naciones, distintas realidades

El trabajo de las oenegés es extremadamente importante, como el de Trans Gender Europe, organización que aboga por fortalecer los derechos de los transexuales a nivel europeo. Esta organización coopera con grupos de toda Europa y reivindica, entre otros aspectos, la posibilidad, para aquellos que no se identifican con su sexo biológico, de escoger libremente un nombre y establecerlo oficialmente en todos los documentos. Otro objetivo es el apoyo a instituciones europeas en educación y sensibilización de la población. Sin embargo, la interconexión entre oenegés locales y asociaciones a nivel europeo no es fácil. Aunque tengan objetivos comunes, las exigencias prácticas se hacen casi siempre a nivel nacional. Este “desconocimiento de ambas partes de las situaciones concretas de cada lugar” hace imposible una movilización común contra las leyes opresivas. Según Cornelia, Francia es “el país más tránsfobo de la UE”, por eso no pudieron tomar parte en las exigencias que los movimientos de Alemania e Inglaterra hicieron públicamente por miedo a medidas discriminatorias por parte del gobierno francés.

La UE ha reconocido la problemática y ha establecido importantes directrices en la lucha por la igualdad y el reconocimiento, como por ejemplo la elaboración de una ley sobre la transexualidad para acabar con la arbitrariedad en los trámites burocráticos. Pero esto no se aplica o se aplica parcialmente a nivel nacional. “¿Dónde ha quedado el poder ejecutivo?”, se pregunta Cornelia muy indignada.

Una red nacional y solidaria

Sin embargo, la comunicación entre los grupos europeos funciona bien en cuanto se pone en duda la razón de ser de las organizaciones. Cuando el gobierno turco decidió el año pasado prohibir Lamda Istanbul, una asociación a favor de los intereses de los homosexuales, transgéneros y transexuales, a causa del trabajo “inmoral” que llevaban a cabo, esta asociación recibió apoyo y solidaridad de toda Europa. En el lapso de 24 horas, la noticia se extendió a través de medios informativos independientes. Se recogieron firmas contra la ilegalización por toda Europa y en Berlín la gente salió a la calle. También se reunieron activistas frente al Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea para recordar a todos los valores europeos de libertad e igualdad.

Da lo mismo hetero, homo, bi, o trans, solo conseguiremos una Europa moderna y unida en la diversidad cuando todas las personas estén integradas, sean respetadas y gocen de los mismos derechos.