Tras el bloqueo: El impacto de los medios en Molenbeek

Artículo publicado el 20 de Diciembre de 2015
Artículo publicado el 20 de Diciembre de 2015

[OPINIÓN] Un residente de Molenbeek habla sobre el bloqueo de Bruselas y la cobertura que los medios de comunicación hicieron sobre el distrito durante el acontecimiento. Las dificultades económicas y sociales que ha causado la narrativa de los medios seguirán existiendo incluso después de que los periódicos hayan olvidado la historia.

“¿En serio? ¿Usted vive en Molenbeek?", pregunta un periodista mientras me apresuro por las calles lluviosas. "¿No está asustado? ¡Parece asustado!". “No, a mí me gusta”, contesto mientras dejo a la prensa detrás de mí bajo la lluvia.

Me dirijo a mi cálido apartamento en Molenbeek, desde el que puedo ver el canal, los rascacielos de Nordwijk y la policía que patrulla las calles. “¿Significa esto el final de la ética en el periodismo?”, me pregunto, sintiéndome perjudicada por cómo los medios representan erróneamente mi barrio.

La mayoría de los periódicos extranjeros importantes tuvieron durante los días que duró el bloqueo un artículo en portada acerca del “toque de queda”, o el “estado de terror” en la “ciudad fantasma” debido a este barrio “tan peligroso” que es un “asilo para terroristas” debido a la “disfunción (política) belga”.

La mayoría de estas historias se quedan en el ámbito de lo emocional y están escasas de substancia, para acabar concluyendo que esperan que la población pronto pueda volver a sus rutinas diarias. ¿Eran conscientes del efecto que su cobertura estaba teniendo en la ciudad que estaba viviendo ese “bloqueo”?

Miedo, cólera, ironía y decepción


Durante este período -del 21 al 25 de noviembre- mucha gente de Bruselas habló irónicamente sobre los periodistas: “Ese circo no me incomodó mucho”, dice Filip, un fotógrafo flamenco que vive en Molenbeek con su perro.

La otra gente era igualmente sarcástica, riéndose de los artículos y de sus padres, que llamaban para saber más sobre la situación. A pesar de que es difícil trabajar recibiendo toneladas de mensajes diarios de tus seres queridos, la vida continúa.

“No sé si estuve decepcionada o enojada”, dice Clementina, una diseñadora italiana que vive en el centro de Bruselas, a 1km de Molenbeek. Otros residentes saltan directamente a los aspectos más oscuros que afectan sus rutinas diarias.

“El flujo continuo de información de las noticias y de los periódicos -que en muchos casos carecían totalmente de contexto y perspectiva- provocó una reacción de pánico en una gran parte de la comunidad”, comenta Taïs, una madre. “Yo misma pasé demasiado tiempo en Internet siguiendo todas las actualizaciones de la situación. Eso solo alimentó mi miedo”.

Taïs explica cómo estos factores sólo aumentaron las repercusiones que estas medidas de seguridad tuvieron en las familias con niños, que estuvieron atrapados en sus casas porque las escuelas y las guarderías estaban cerradas.

Mucho espacio libre en la posada esta Navidad

Así como los medios nacionales influenciaron las vidas de los residentes, la prensa internacional también tuvo un grave efecto sobre el turismo.

Gert nació en Bélgica, trabaja como abogado y tiene un apartamento en alquiler en la plataforma online Airbnb. Él es particularmente crítico con los comentarios sobre su país que se hicieron en el resto del “mundo occidental”.

“Uno piensa que Estados Unidos no debería darnos lecciones de moral cuando vemos los tiroteos y ataques terroristas que ellos tienen en su territorio”, argumenta. “El terrorismo y la violencia no tienen frontera alguna. Así que ha llegado el momento de que realmente abordemos el problema a nivel internacional. Llamar a Bélgica un estado fallido no es aceptable”.

Gert explica que tenía tres reservas programadas para el período que cubría los 10 días entre el 26 de noviembre y el 3 de diciembre, pero que al final todos sus huéspedes  cambiaron sus planes: "No espero otras cancelaciones inmediatas, pero tampoco he visto nuevas reservas estos últimos días”. Por otra parte, en las próximas semanas, la mala imagen de Bruselas golpeará estos negocios incluso más fuertemente, pues es muy probable que la gente que todavía no ha hecho su reserva no lo haga ahora.

“Mira este archivo Excel”, me dice el trabajador de un hotel mientras me enseña la hoja de balance vacía para el mes de diciembre. Según este trabajador -que ha pedido permanecer anónimo- hay entre un 60% y un 70% menos reservas que durante el mismo período del año pasado.

La sobre-divulgación tampoco ha ayudado a los renombrados mercados navideños de Bruselas. Además de generar dudas legítimas para los lectores, la carrera por conseguir un titular jugoso ha jugado sin duda un papel importante a la hora de ahuyentar a los turistas y propagar el miedo entre los residentes.

No hay mal que por bien no venga...

“Este episodio me hizo preguntarme cómo los medios informan sobre otros acontecimientos”, dice Luis, un banquero portugués que vive en Molenbeek, mientras recuerda una tarde en que había más periodistas que policías en la calle a la vuelta de la esquina de su apartamento. 

Sin embargo, a pesar de este sentimiento de desilusión hacia los periodistas, también hubi quien tuvo una actitud diferente respecto a los cinco días de bloqueo. “Me encantó, ¡podía dormir hasta tarde! Parecía un fin de semana”, afirma Harald, el dueño de dos de los bares más populares de Bruselas, en referencia a la sugerencia del Gobierno belga de cerrar sus cafés durante el período de alerta máxima.

Afirma que volvió temporalmente a su niñez y se sintió como esos alumnos que no pueden ir a la escuela debido a las fuertes nevadas. Unas vacaciones bienvenidas e inesperadas, a pesar de las invasivas sirenas, los coches de policía y las repercusiones financieras.

De hecho, hay un resquicio de esperanza detrás de las dificultades que aún están por venir. La gente duerme mejor en la tranquilidad de sus casas, en el que actualmente es uno de los lugares más protegidos en la tierra. Hay menos gente en las calles. Se han ido las manchas que antes ensuciaban las concurridas plazas. Por una vez, la ciudad está inusualmente libre de suciedad. Bruselas está más limpia y segura que hace un mes, aunque los residentes aún luchar por reconciliarse con la idea de que no existe una cosa tal como la seguridad completa.

El periodismo no es la única baja

Si los periodistas y los intelectuales se preocupan en exceso por un problema, que consiste en criticar al gobierno y a la policía en el momento en el que están intentando manejar la situación, acaban por convertirse en un obstáculo molesto en vez de ayudar a solucionar los problemas.

El sistema mediático que centró su atención en Bruselas era unilateral, y en ocasiones lindaba con un espectacular terrorismo psicológico. La situación no era ni blanca ni negra, pero algunas formas de periodismo que se ofrecieron sobre el “bloqueo” de Bruselas podrían ser consideradas como un tanto siniestras.

Como resultado de este  “circo mediático”, el discurso del terrorismo se metió en la cabeza de los periodistas, residentes, y turistas del mismo modo. Ahora, las calles vuelven lentamente a la normalidad y Bruselas está desapareciendo de las portadas, pero la mezcla reciente de noticias reales y exageradas puede contribuir a que los hoteles y los dueños de otros negocios locales pasen un mal invierno. Podrían ser ellos las víctimas inocentes de una cobertura de medios injustificable que distrajo, distrae, y distraerá a los turistas.