Tras el G20, ataque a los rascacielos de la City y Wall Street

Artículo publicado el 3 de Abril de 2009
Artículo publicado el 3 de Abril de 2009
En 1955, las plazas financieras mundiales generaban el 5% de los beneficios privados globales. Hoy, esta cifra ha alcanzado el 40%. Al tiempo que se ha promovido la liberalización del comercio mundial, se ha querido aparejar sin relación lógica aparente la desregulación de los mercados financieros.
La primera consecuencia natural de esta situación es que la decisión financiera adoptada en un despacho de la última planta de un rascacielos en la City de Londres o Wall Street en Nueva York afecta, no sólo a los empleados y clientes de la empresa en cuestión, sino a millones de individuos en el mundo. Están surgiendo con fuerza cada vez más voces que exigen que se imponga un control público a este tipo de decisiones.

En pleno clímax del modelo de desarrollo basado en la desregulación financiera de los últimos 30 años, el centro-izquierda global contraataca y denuncia a quienes creen que esta crisis es una de tantas. “La financiación pública cayó en desgracia, pero no está destronada”, constata, Bob Kuttner, editor de American Prospect.

El lobo y las gallinas

“Debemos decir adiós a quienes creen que el mercado lo puede todo”, clama el presidente de los socialistas europeos, Poul Nyrup Rasmussen. Lo hace ante los congresistas del Global Progressive Forum, en el atrio central del hemiciclo europeo, por donde están pasando esta semana expertos y líderes progresistas globales como Pascal Lamy –director de la Organización Mundial del Comercio- o el ex mandatario norteamericano Bill Clinton. Todos, a pelo, sin micrófono en mano ni atril en el que apoyarse -muy al estilo Rasmussen, que combina su óptica de economista con zancadas vehementes y una gestualidad casi aeróbica en los actos que organiza-, coinciden en una misma cosa: “No dejemos que quienes nos han metido en esta crisis pretendan sacarnos de ella”, según las palabras de John Evans, Secretario general de la OCDE en el Reino Unido.

La economía real como nuevo tótem

“Si no ponemos nuestras ideas en acción y dejamos que los mercados financieros actúen solos”, remacha Kuttner, “estaremos actuando en contra de la economía real”. La nueva orden de mando en el universo progresista es que, a partir de ahora, nadie puede actuar en solitario. Barack Obama surge en boca de todos como el nuevo profeta de la actuación global, mientras cruzan los dedos para que adopte medidas de la envergadura de las del propio Franklin D. Roosevelt. Uno de sus sucesores, Bill Clinton lo resumía ayer de la siguiente manera: “Aunque hayan desaparecido las fronteras, seguimos teniendo un sentido de la justicia social, y de esta crisis saldremos antes y mejor si abordamos la desigualdad y el cambio climático todos juntos”, reafirmando su apuesta por las energías limpias, de paso.

Más gasto y más regulación

Todos juntos no sólo significa reglas comunes para controlar paraísos fiscales o mercados financieros, como se esbozó en la reunión del G20, en Londres, sino también un aumento del gasto público al alimón. Se trata de una tendencia que no se basa sólo en la necesidad pura y simple de liquidez monetaria en los mercados globales, sino en la percepción por parte de las personalidades progresistas de que la crisis actual la provoca sobre todo el hundimiento del valor de los activos de los particulares en vez del hundimiento de las finanzas. Como paradigma de la necesidad de regulación, el francés Pascal Lamy compara a Canadá y Estados Unidos, dos economías muy interdependientes y abiertas. En Canadá, en donde hay regulación de los mercados, la crisis no ha golpeado con la misma intensidad que en Estados Unidos. En cuanto a la necesidad de más gasto, Marco Aurelio García, consejero de Lula da Silva, pone a Brasil como ejemplo: “Hasta la revista nos ha felicitado por no seguir sus recetas económicas basadas en el consenso de Washington y la reducción del gasto público. Nosotros hemos estimulado el gasto público”.

The Economist

Rasmussen cada vez más duro con la Comisión europea

Al socialista Nyrup Rasmussen se le ve cada vez más decidido a la hora de denunciar la actitud de ciertos dirigentes europeos y puede ya decirse que es un candidato informal a la presidencia de la Comisión europea frente al conservador Durão Barroso. “Los socialistas no pedimos cualquier tipo de recuperación”, recalcó, “Europa debe hacer mucho más para salvar el empleo y no sólo los bancos”. Ayer, en la inauguración del Foro Global Progresista se despachó a sus anchas contra Sarkozy y Merkel, objeto, junto con Durão Barroso, de la mayoría de sus críticas desde hace meses, acusando a la pareja franco-germana de retrasar sin sentido el acuerdo del G20 en Londres y manifestando el desacuerdo de los socialistas europeos con la actitud de Sarkozy y Merkel. Hoy, Rasmussen ha anunciado que el Foro global Progresista presentará al G20 una propuesta de reforma progresista de las instituciones financieras internacionales. También ha denunciado el proyecto del comisario europeo Charles McCreevy para regular los Hedge Funds y los fondos de Capital Riesgo, comparándolo con un queso gruyère: “Huele muy bien, pero está lleno de agujeros”. A su entender, “la derecha nunca ha querido regular los mercados y ahora, de pronto dicen que sí, como por ejemplo McCreevy a quien llevamos presionando 3 años para que regule”. Rasmussen insiste en que hay que ofrecer a los ciudadanos posturas políticas claras y diferenciadas sin ambigüedades para que los ciudadanos puedan elegir. “Lo contrario”, ha concluido, “es tratarles como soldados a los que se les dice que sólo hay un camino y deben seguirlo sin rechistar”. (Fotos: )