Tras el muro, la naturaleza

Artículo publicado el 28 de Mayo de 2008
Artículo publicado el 28 de Mayo de 2008

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

El telón de acero ya no es un símbolo de división entre los pueblos. Irónicamente, la fauna y la flora han encontrado un refugio durante 40 años en este espacio de conflicto...

Una reserva ecológica única en el mundo. Montañas, arenales, bosques… El corredor verde de Europa aúna en sus más de 8.500 kilómetros, desde Finlandia a Grecia, los hábitats más variados. Desde la apertura de las fronteras, esta tierra de nadie, antaño protegida por el telón de acero, está en peligro. En diciembre de 1989, un mes después de la caída del muro, 400 ecologistas de Alemania oriental y occidental, unieron sus fuerzas con el fin de preservar la zona. Si el primer proyecto alemán, encabezado por el doctor Kai Fröbel, no incluía más que la antigua frontera (desde entonces, interior) del país, la iniciativa se ha extendido por toda la antigua línea del telón de acero. 

Hoy lo llamamos el Cinturón verde, que protege a centenares de especies animales y vegetales, algunas de ellas en peligro de extinción. Para sorpresa de muchos, los científicos han descubierto una increíble biodiversidad. Gracias a la poca actividad humana, la migración de las especies animales entre sus diferentes hábitats naturales es más fluida en comparación con otras zonas protegidas, más fragmentadas. Estas migraciones tienen una importancia vital para la salud de la naturaleza europea, ya que permiten asegurar la diversidad genética de las especies como los lobos y los osos, que necesitan de grandes espacios para vivir. 

Un centro verde naturaleza

Este cinturón no se limita simplemente al perímetro de la antigua zona fronteriza. Más de 3.000 zonas de conservación están incluidas desde del proyecto, alcanzando hasta 25 kilómetros de anchura a un lado y otro del antiguo telón de acero, conectando diferentes reservas naturales. 

A nivel europeo, la iniciativa es dirigida por el Comité europeo de la Unión mundial por la naturaleza (UICN), situado en Bruselas. Colaboradores locales (onegés y agencias gubernamentales) proponen proyectos a los coordinadores de la UICN en cada país. Alois Lang es austriaco y trabaja como coordinador regional del proyecto en Sarród, Hungría, desde 2005. En la actualidad, su comité estudia la puesta en marcha de numerosas iniciativas a lo largo de todo el cinturón: “Trabajamos sobre un proyecto de ecoturismo cerca de Leningrado, entre Finlandia, Rusia y Estonia. Se tratará de crear un recorrido para bicicletas y un observatorio de aves, para aprovechar las oportunidades que ofrece la naturaleza de esta región. También hemos contactado con una organización que intenta conservar un lago en la frontera de Montenegro y Albania en contra de los proyectos turísticos que llevan a cabo promotores extranjeros”. 

Incomprendido por el gran público

La población local ve de distinta manera, dependiendo de la región. Algunos ven una excelente oportunidad de desarrollo mientras que otros lo consideran más como una acción de conservación ecológica importante. La experiencia integra a veces proyectos educativos, como en la frontera austro-eslovaca. Pero, a causa de la situación económica, política y el interés cultural y medioambiental, el Cinturón verde continúa sin ser comprendido por el gran público. 

Los Estados más activos son normalmente aquellos cuya población es también la más implicada. “Muy a menudo, es fácil conseguir una colaboración de la gente a nivel local, aseguro Alois Lang. Las poblaciones de ambos lados de la frontera comparten a menudo los mismos orígenes étnicos, una cultura común o condiciones de vida similares. Es una cuestión política de una parte, y de implicación de la población de la otra”. Alemania, Noruega, Los Países Bajos, Austria e incluso Suiza, son con diferencia los que más contribuyen al proyecto. La Unión Europea también se interesa, y debería aprobar en los próximos días una financiación para el proyecto. 

Reconciliar Este y Oeste

Políticamente, la iniciativa tiene un gran poder simbólico, al reunir alrededor de un mismo proyecto países de ambos lados de los antiguos bloques que dividían Europa: preservar la biodiversidad y el carácter natural de los espacios fronterizos, asegurando la integración de las actividades humanas en las zonas protegidas al mismo tiempo. El Cinturón verde, podría convertirse en un modelo a seguir, ya que el carácter transfronterizo del proyecto necesita una cooperación constante entre todos los países implicados. 

Es cuando la actividad económica juega un papel más importante cuando la preservación de la naturaleza corre más peligro. Así ocurre en los casos del lago montenegrino o en la construcción de una estación de esquí entre Bulgaria y Serbia, donde el apoyo las autoridades locales es más complicado. “Estos proyectos son un medio concreto para los alcaldes locales de demostrar que pueden cambiar las cosas. Esgrimen unos argumentos a los que la población local no puede resistirse, como la creación de empleo”, se lamenta Alois Lang. “Pero es a veces un tributo que hay que pagar, ya que no solo se sacrifica el medioambiente sino también una parte de la cultura local. Una vez comienzan estos cambios extremos, ya no hay marcha atrás. Nosotros queremos probar que existen alternativas”.