Tras la escena de Podemos, círculos virtuosos

Artículo publicado el 6 de Agosto de 2014
Artículo publicado el 6 de Agosto de 2014

Han separado en tres el biopartidismo español y reclaman visibilidad mediática y democracia directa. Los círculos de Podemos son la verdadera sabia dentro de de la lista que en España recaudó más de 1 millón de votos en las elecciones del pasado mayo. Cafébabel ha seguido al círculo Podemos de Bruselas durante tres semanas. 

Mientras el olor de las frites de la Place Flagey da paso al parqué, la cara de Marcelo Armendariz aparece, como una máscara en el escenario, en medio de la penumbra de la entrada de la Maison de la Pais de Bruxelles. Una sonrisa imperceptible, un apretón de manos vigoroso, me invita a seguirlo adentro de la estancia. Nos sentamos en una de las dos mesas blancas que ocupan casi todo el espacio. Es aquí, en la sala Rosa Luxemburgo, bajo la mirada rigurosa de la revolucionaria alemana que, cada sabado, desde las 16 hasta las 21 horas, Podemos Bélgica se reúne para discutir de política, de España y de Europa

Convencer a la gente

Marcelo, 28 años, es el número 35: el trigésimo quinto candidato de la lista Po­de­mos  que, en España, con más de 1 millón de votos recibidos, rompió en tres el bipartidismo ibérico en las últimas elecciones europeas de 2014. Nacido en Vigo, pero con orígenes uruguayos, Marcelo cuenta con una licenciatura en Ingeniería de Telecomunicaciones y una especialización en tecnologías biomédicas, todo ello completado con una bolsa para su tesis en Luxemburgo y un erasmus en Bolonia. Calificaciones que hoy no bastan para trabajar en Madrid: desde hace un año y medio, de hecho, está estudiando el doctorado en Lovaina, a media hora de otra capital, la belga. "Cinco días después de que Pablo Iglesias Turrión [líder de Podemos] presentara el movimiento en España, organizamos la primera reunión", cuenta, utilizando siempre la palabra "movimiento" en lugar de "partido". Si al principio eran 25, después del resultado de las elecciones, el número de participantes "se ha casi triplicado". 

"Aquí puedes encontrar a gente de todas las edades, nacionalidades y perfiles profesionales", explica, ennumerando las características del único círculo belga entre los 700 nacidos en Europa en los últimos cinco meses. "Hay chicos franceses e ingleses que quieren importar nuestro modelo a sus países", continúa. La familia de Marcelo dejó Uruguay por culpa de la dictadura. No resulta sorprendente que sienta correr por sus venas la necesidad de implicarse en política y que se defina abiertamente como "alguien de izquierdas". "¿Si lo es también Podemos? La gente nos sigue porque está convencida de lo que decimos, no porque reivindiquemos si somos de izquierdas o de derechas", afirma, siguiendo la misma línea que su líder.

tENTACIÓN MAYORITAria 

Es Mar­ce­lo quien me invita a la Ten­ta­tion, un círculo cultural gallego no muy lejos de la parada de metro De Brouckere, para el día siguiente. A las 17 horas el lugar está atestado de gente. Pablo Iglesias Turrión es el anfitrión del encuentro organizado por el círculo Podemos Bélgica de Bruselas. Junto a él se encuentra también Te­re­sa Ro­dri­guez, la otra cara visible del movimiento. Ambos con camiseta violeta -es el color oficial del movimiento-, merodean por el bar con el puño en alto y repitiendo a coro: "¡Sí-se-puede!", en un gesto que recuerda Obama y al entusiasmo de sus seguidores de la otra parte del Atlántico, en 2008. Marcelo me saluda pero está ocupado con los preparativos para garantizar que el encuentro pueda seguirse en tiempo real por la red. Iglesias consigue arengar a los ciudadanos que lo escuchan. Democratización de la UE y del Banco Central Europeo (BCE), mayor poder para el Parlamento Europeo, una política fiscal europea: son solo algunos de los temas de su discurso que, tras los aplausos generados, concluyó con una certeza: Podemos está destinado a obtener la mayoría de los votos. 

Disidencia democrática

Algunos sábados después, vuelvo a la Maison de la Pais. Hay una decena de bicicletas aparcadas delante del centro cultural. La sala Rosa Luxemburgo está llena. Dos chicas imparten una lección crítica de arte contemporáneo. Es un ejemplo de las actividades del grupo de formación, perteneciente al al círculo, que tiene lugar cada sábado antes de la reunión general. Julia Navarro, de 27 años, española, viene a mi encuentro. Cuando descubre que soy italiano, empieza a pedirme información sobre el Movimento 5 Stelle (M5S, Movimiento 5 Estrellas). Apenas le digo que se trata también de un movimiento nacido desde abajo, similar al suyo, ella no se aguanta y rebate: "La base del M5S ni siquiera ha podido elegir con quien aliarse en el Parlamento Europeo: se vio obligada a votar por una coalición con Nigel Farage". Un guiño se dibuja en su rostro. Después de la lección de arte queda el tiempo justo para fumar un cigarrillo, antes de que la misma Julia presente un documento enviado desde la coordinadora central de Madrid. 

Durante la reunión se discute de la actualidad política, de la relación con Madrid y de algunos aspectos organizativos internos del círculo. Entre los participantes no hay tan solo estudiantes, sino también personas que trabajan en instituciones comunitarias, como la Comisión Europea. Algunos expertos aconsejan la lectura de algunos documentos públicos que pueden ser consultados para informarse. Muchos chicos y chicas toman apuntes. Cada intervención dura, como máximo, cinco minutos. Sobre algunos temas, como en el caso del conflicto entre Israel y Palestina, se desencadenan debates reñidos: no todos piensan lo mismo sobre la responsabilidad de Hamás y del ejército de Israel.

¿Por el pueblo?

¿Cómo pueden encontrarse posiciones tan diversas en el núcleo de un mismo movimiento? "Estamos en un proceso de aprendizaje colectivo. Ninguno juzga al prójimo y no hay ningún adoctrinamiento. Es por ello que los círculos son tan importantes: ¡abren los espacios a la participación popular!", explica Natalia, de 30 años, mientras nos dirigimos a la brasserie L'Egalité del Parvis de Saint Gilles, el lunes después de la reunión. Ella nació en México, pero a la edad de diez años se mudó a España junto a su familia. Desde 2011 trabaja en Bruselas como consultora independiente para proyectos humanitarios. ¿Así que no hay valores compartidos dentro de Podemos? Natalia reflexiona, parece sopesar cada palabra que le viene a la mente; luego señala el cartel de la brasserie y añade: "Solidaridad e integridad moral". También ella, como Marcelo, está pluricalificada. A diferencia de su colega, sin embargo, confiesa que, hasta hace no mucho, no estaba en la primera línea de las batallas políticas. Pero luego se dio cuenta de que estaba frustrada "por un sistema de información que es manipulador" e indignada "por el tipo de política económica lanzada por una clase política española corrupta". También en su caso la respuesta fue Podemos: "Dentro del círculo, un componente importante viene del grupo 'Izquierda anti-capitalista'", explica, para añadir luego que "se trata de de activistas habituados a hacer política, pero son ellos mismos quienes han incitado a personas como yo a implicarse en primera persona y a superar el miedo de intervenir en un debate político", confiesa. Así, algunas semanas más tarde de su adhesión, fue ella misma la que se presentó al círculo durante un encuentro público. Mientras habla de su caso, Natalia en realidad razona sobre la naturaleza del movimiento: "Podemos no es un partido 'por' el pueblo, sino el partido 'del' pueblo". Después, se lía un cigarrillo. Le pregunto si la elección del tabaco Pueblo está vinculada con la decisión de militar en el movimiento. Ríe. Dice que le gusta su sabor. Me pregunto si no será que ambas cosas crean cierta dependencia. 

- Lee aquí la entrevista entera a Cristina, miembro de Podemos Belgica (en italiano)-