Tratado de Lisboa: los irlandeses que viven en el extranjero van a votar en avión

Artículo publicado el 22 de Septiembre de 2009
Artículo publicado el 22 de Septiembre de 2009
Para los ciudadanos irlandeses en el extranjero –excepto diplomáticos, y personal del ejército- supone invertir tiempo, dinero y esfuerzo en coger un avión y volver a casa a tiempo para decidir sobre el futuro de un Tratado que la mayoría de los países miembro de la UE ya han ratificado

Esto se parece un poco al autobús local que te lleva desde la Universidad a casa un viernes por la tarde. Te topas con conocidos a lo que no habías visto desde hacía semanas. Haces gestos con la cabeza a aquella persona que te presentaron en aquella fiesta del viernes noche. Finalmente consigues ver a uno de esos viejos amigos que como tú está de pie en la cola para mostrar su ticket. Algunas personas leen. Otros escuchan música. Pero esto no es una estación de autobuses. Esto es el aeropuerto de Bruselas un jueves por la tarde. Todos con gestiones y negocios, llevando su pesada carga de trabajo de toda la semana. Periódicos continentales bajo sus brazos y caras confusas hojean el Tratado de Lisboa condensado, una guía en tres partes. Todos están aquí por una razón. Todos hablan de la misma cosa. Todos preguntan a todos la misma pregunta: - ¿Vuelas a casa para votar? - Ajá.

Ira Irlandesa

(Foto: ©Timothy Greig/ Flickr)Irlanda está en una situación sumamente insólita en nuestro mundo cada vez más globalizado, ya que no permite expresarse políticamente a la mayoría de sus ciudadanos que viven fuera de la isla. No hay ninguna ley que prohíba al irlandés de fuera votar, pero tampoco ninguna que lo facilite. El procedimiento de voto para ciudadanos que viven en el extranjero es fácil: vuelas a casa para hacerlo. Para el irlandés que vive en Europa y el Reino Unido y quien es todavía residente legal en Irlanda, el voto es una posibilidad, aunque cara y algo inoportuna, ya que no pueden permitirse siempre el tiempo o el billete de avión para hacerlo. “No es que yo no quiera votar” explica Neil Notan, que actualmente estudia en la Universidad Real Holloway en Surrey, Inglaterra. “Pero esto quiere decir tomarse un día libre en la uni y pagar aproximadamente cien pavos para llegar a casa. ¡Ese es mi presupuesto semanal!” Para Bruselas, el referéndum del Tratado de Lisboa es de gran importancia personal y muchos harán un esfuerzo enorme para asegurar que su voz sea escuchada.

Sheena McLoughlin, de Ashbourne, en el condado de Meath, hará la ruta Bruselas-Dublín con Ryanair el 1 de octubre. “Es algo incómodo y caro” admite. “Pero al mismo tiempo es siempre agradable ir a casa y esto es una buena excusa para pasar el fin de semana allí”. McLoughlin es una de las afortunadas que tienen la posibilidad. Para miles de irlandeses que viven actualmente en los Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y más allá, marcar su papeleta en el referéndum próximo es imposible. “Supongo que si no pago mis impuestos en Irlanda, entonces yo realmente no debería tener el derecho de votar”, dice Aoife Walsh, que se trasladó a Nueva Zelanda hace más de dos años, y actualmente trabaja allí como profesora en una escuela primaria. “Pero cuando mi novio vivió conmigo en Irlanda, pudo votar en las elecciones de Nueva Zelanda a través del voto por correo”. El voto por correo realmente existe para ciudadanos irlandeses, pero está limitado a diplomáticos y personal de ejército en el extranjero, estudiantes de las universidades irlandesas que viven demasiado lejos de casa como para votar en su distrito electoral y pacientes con discapacidad u otras condiciones médicas que les impiden viajar a su cabina de votación.

(Foto: ©pauldwaite/ Flickr)

El argumento de los irlandeses de fuera

Elaine O’Connell, del condado de Cork, no volará a casa para votar este año. “Volé la última vez, y tuve que pedir vacaciones en el trabajo. Este año eso es imposible, ya que nos estamos preparando para una gran cita”, dice ella. “Es realmente frustrante tener que volar a casa para votar. Quien tuviera pasaporte irlandés debería poder registrar su voto desde el extranjero en la embajada más próxima”. Pero esta perspectiva no es compartida por muchos que argumentan que si los numerosos ciudadanos con nacionalidad irlandesa heredada de padres o abuelos inmigrantes (sobre todo en América) pudieran votar, esto falsificaría el voto irlandés. Otros argumentan que el irlandés nacido fuera ha perdido el contacto con el país y no está bien informado para votar con responsabilidad. Los sentimientos sobre el asunto pueden ser fuertes. “Si repartimos pasaportes a quien nunca ha vivido ni trabajado en este país entonces limitaríamos derechos de voto a aquellos directamente afectados por el resultado, nosotros”, dice Fergal Townsend, un taxista de Dublín.

El problema con el referéndum de Lisboa es que el resultado afectará de lleno a toda Europa. “Me parece completamente ridículo excluir del voto esencialmente a los irlandeses desplazados -el grupo que probablemente tenga las opiniones más fuertes sobre Irlanda y su posición sobre la Unión Europea y la escena mundial”, declara O'Connell. El 2 de octubre, ella mirará el destino del Tratado desde lejos, como un millón de personas, que como ella, ha abandonado Irlanda para trabajar y vivir en el extranjero. El 3 de octubre, otro aeropuerto reunirá, esta vez en Dublín, periódicos locales en la mano. Independientemente del titular que se lea, ellos habrán jugado su parte. Ellos habrán sido los afortunados.