Tratado: Gordon Brown Vs. referéndum

Artículo publicado el 16 de Octubre de 2007
Artículo publicado el 16 de Octubre de 2007
Asediado desde todos los frentes, incluido su propio partido, el primer ministro británico, Gordon Brown, sigue resistiendo a la presión de organizar un referéndum sobre el nuevo tratado europeo, así como a la larga sombra de Tony Blair.

“Este tratado es importante, señor Primer ministro, sea valiente y permita al pueblo británico tener la última palabra”. Son palabras de Margaret Thatcher, la inolvidable Dama de Hierro británica de los años ochenta, una de las últimas personalidades en sumarse en el Reino Unido a los favorables al referéndum.

La mecha la encendió una campaña lanzada el 6 de septiembre pasado por parte de diputados de todos los colores políticos para propiciar la consulta popular. “Durante los próximos meses, aumentaremos la presión sobre el Gobierno para que cumpla con su promesa de llamar a referéndum sobre el nuevo Tratado constitucional europeo”, ha declarado Derek Scott, ex consejero económico de Tony Blair y jefe de la campaña.

Tras este llamamiento a la democracia, la campaña llevada a cabo por numerosos parlamentarios, con gran despliegue de medios publicitarios y conferencias mediatizadas, se orienta sobre todo hacia el rechazo del tratado, que supuestamente le otorga más poderes a Bruselas y aminora la capacidad de influencia británica.

Los sindicatos, preocupados

Durante el congreso anual de la confederación sindical TUC -que representa a 6 millones de trabajadoress- en septiembre pasado, los sindicatos han llegado incluso a votar por una moción de censura al gobierno uniéndose a los defensores del referéndum. Aunque si rechazan el texto es por motivos bien distintos. “Nos preocupa las consecuencias de este tratado sobre la Europa social”, declaraba Derak Simpson, Secretario general de UNITE, el sindicato más representativo del país.

En la línea de mira se situa un protocolo específico para el Reino Unido que prohíbe al Gobierno implementar las directrices de la Carta Europea de Derechos Fundamentales, rubricada por dicho país -no obstante- hace siete años, durante la Cumbre de Niza. “¡Nada de considerar a los trabajadores británicos como de segunda clase!, exclaman los sindicatos, que ya han advertido a Gordon Brown. Si no convoca, podría costarle caro en las próximas elecciones...

Los conservadores antieuropeos

“El próximo gobierno conservador enmendará la legislación, para que cualquier transferencia competencial de Gran Bretaña a la Unión Europea se someta a referéndum nacional”, previene William Hague, el responsable de Asuntos Exteriores en el gabinete en la sombra de la opoisción, durante el último congreso Torie a principios de octubre.

El apoyo de los conservadores al referéndum está más relacionado con sus ansias por derrotar políticamente a Gordon Brown que con demostrar su hostilidad contra una unión supranacional que disminuye el poder del país.

Con los sindicatos en contra, los conservadores, los Liberal-demócratas, ciertos diputados del propio partido laborista, la prensa nacional y la mayor parte de la población -dos tercios de los británicos considera que el tratado debe someterse a un referéndum, según un sondeo de YouGov-, el Primer ministro del Reino Unido se obstina en preferir la opción parlamentaria para ratificar este tratado. ¿Su argumento principal?: que la versión inicial ha sido considerablemente modificada.

En un Estado que brilla por su euroescepticismo, el “no” probable que saldría de las urnas colocaría a Brown no sólo en gran dificultad en el plano político, sino que perturbaría también un proceso de integración europea de por sí exhausto.