Tren lento: la dificultad de Nápoles para explotar su potencial como destino turístico de primera categoría

Artículo publicado el 22 de Octubre de 2014
Artículo publicado el 22 de Octubre de 2014

Imagina una bonita ciudad con un clima perfecto. Añádele algunas de las mejores obras del Renacimiento Italiano y monumentos romanos y cristianos. Sitúala en el Mediterráneo y ponle el segundo puerto globalmente en número de pasajeros. Sin olvidar la gastronomía más popular del mundo. Complétalo con precios económicos y gente acogedora.

Un destino turístico de primera clase, ¿verdad? Pues no.

Subir al tren que va de Nápoles a Pompeya es una experiencia de otro siglo. Los destartalados vagones, similares a los del metro, se arrastran a lo largo de llanuras desoladas y a través de horribles pueblos hacia unas de las ruinas romanas mejor conservadas: Pompeya. La gente suda. El aire acondicionado no funciona. No se parece en nada a la experiencia de viajar en tren en otros destinos turísticos de Europa, como Londres o Barcelona.

"Muchos turistas no quieren coger el tren", dice Federica Rubino, coordinadora de guías turísticos en la terminal de cruceros del puerto de Nápoles, "es muy lento y se ve viejo y peligroso. Prefieren alquilar un autocar. Es una cuestión de imagen, el gobierno no está cuidando los detalles".

Federica espera poder trabajar algún día de guía turística en Nápoles. Hace tres años que está en la industria del turismo. Estuvo trabajando en la recepción de algunos hoteles sin cobrar un salario antes de conseguir un empleo remunerado. El verano lo pasa ahora en el puerto de la ciudad, el segundo con mayor actividad del mundo en volumen de pasajeros, después del de Hong Kong.

"Es casi imposible trabajar como guía turística durante el invierno, por eso estoy estudiando para ser traductora", comenta Federica. "Solía haber un examen para ser guía turístico cada tres o cuatro años, pero ahora hace siete que no convocan ninguno. El gobierno ha reducido los recursos a causa de la crisis", añade.

Más del 46% de los jóvenes de entre 15 y 24 años está en paro en Nápoles, la capital de la región italiana de la Campania. La alta tasa de desempleo es un problema endémico en el sur del país, que ha perdido población en favor del norte y del resto de Europa desde 1971.

Claudio Todisco, director de la oficina local de información turística InfoPoint, cree que "el problema es político". Para Todisco, "los recursos históricos, culturales, naturales y de playa que hay en la ciudad deberían ser suficientes para dar empleo a los jóvenes de aquí", pero en cambio se ven empujados "a prácticas interminables, la mayor parte del tiempo no remuneradas. Es increíble que estudiantes recién salidos de la universidad, que hablan varios idiomas, vayan directamente a la lista de desempleados", concluye.

La exquisita cuna de la pizza

Nápoles es una mezcla de calles estrechas, exquisitas esculturas renacentistas, iglesias antiguas, vistas impresionantes y una gastronomía aclamada universalmente. Aquí se encuentran el famoso Cristo Velado de Sanmartino, unas catacumbas paleocristianas y la cuna de la pizza y la sfogliatella.

Y aun así, el turismo napolitano no se pone al corriente. "Nápoles tiene arte y cultura, es una ciudad muy bella, tiene un buen clima y una maravillosa gastronomía, pero la industria turística no ha tenido tanto éxito como debiera", dice Nicolino Castiello, presidente de los estudios de Turismo en la Universidad Federico II.

Explica que el turismo "ha estado desatendido durante décadas en el sur, donde se ha apostado por el desarrollo industrial, que se ha visto afectado por la crisis". Para Castiello, los principales problemas a los que se enfrenta la ciudad son "una industria hotelera desestructurada, una mala gestión política, la microcriminalidad y una mala imagen".

El profesor Castiello revela que "la mayoría de los turistas que llegan a la ciudad se dirigen de inmediato a otros destinos". Federica Rubino lo confirma: "Casi todos nuestros clientes se van directamente a Pompeya o a la Costa Amalfitana. No sé por qué nadie se queda en la ciudad".

Los destinos de playa de Sorrento, Capri y Amalfi son autosuficientes en recursos humanos. "Tienen suficientes trabajadores locales para ocuparse de la demanda, por lo que Nápoles no se beneficia de ese turismo, excepto por unos pocos operadores turísticos y los guías turísticos de Pompeya", dice Ettore Cucari, presidente de Fiavet Campania-Basilicata, la delegación regional de la Federación Italiana de Asociaciones de Empresas de Viaje y Turismo.

Sombras de peligro

La imagen de la ciudad no ayuda. Los medios han dibujado un crudo retrato de Nápoles, mostrándola como una ciudad peligrosa. Christopher Prentice, embajador británico en Italia, denunció altos niveles de criminalidad contra los turistas en la ciudad el pasado agosto.

Nino Daniele, asesor del alcalde de Nápoles, respondió en una entrevista con Napoli Today, argumentando que "Nápoles no es una de las ciudades más peligrosas del mundo", pero que "Londres sí lo es".

El profesor Castiello está de acuerdo. "Está claro que hay un problema con el crimen organizado y la microcriminalidad, pero no hay un riesgo significativo de violencia hacia los turistas", explica. Esto se añade a un problema de "alojamiento y transporte urbano", que hace que la ciudad no sea atractiva.

"El turismo napolitano se está reponiendo, pero todavía estamos recuperando lo que hemos perdido en los últimos años. Mientras que el resto del mundo se recupera a un ritmo del 6%-7%, nosotros lo hacemos al 0,1%. Esto empuja a más jóvenes a emigrar o delinquir", concluye el profesor Castiello.

Respuesta de la sociedad civil

Para romper este círculo, la sociedad civil napolitana está recurriendo al trabajo por cuenta propia y al cooperativismo. "Las asociaciones están trabajando mucho para mejorar la industria turística en esta ciudad", dice Daniela Ruggiero, directora de la asociación cultural TECLA, quien está a punto de abrir su propio hostal.

TECLA se ha encargado, junto a otras organizaciones, de la limpieza de algunas zonas de la ciudad, de la organización de rutas en kayak por la costa y de la ayuda a jóvenes desempleados mediante cursos de idiomas.

Hay muchos grupos que se autogestionan en la ciudad. Uno de ellos es la asociación Gaiola, que ha puesto en marcha y conserva una reserva natural bajo el agua, que se puede visitar en barca o con excursiones submarinas. Otra es la Associazione Napoli Sotterranea, que cuida cientos de kilómetros de túneles bajo el centro de la ciudad, además de los restos griegos y romanos.

"No recibimos ningún tipo de ayuda por parte del gobierno o el ayuntamiento", explica uno de los guías voluntarios de Nápoles Subterránea, que prefiere no dar su nombre. "Se trata de una asociación completamente autofinanciada y tenemos que cubrir todos nuestros gastos y el mantenimiento de los túneles con lo que obtenemos de las entradas".

Fuera, los trenes lentos se arrastran entre la capital del sur y las ruinas de Pompeya. El sol brilla y Federica Rubino da la bienvenida a más turistas al puerto y los envía a Pompeya en un autocar rápido y con aire acondicionado.

Nápoles, el tren lento del sur, es una joya olvidada. Una joya con alguna sombra, a veces incómoda, y, a pesar de ello, una experiencia única salida del pasado. Pero mientras toda la región se ahoga por los efectos de la crisis, más y más pasajeros se suben a los rápidos autocares que les llevarán a Pompeya directamente desde el puerto. Todavía no quieren subir al tren.

El autor y todo el equipo de cafébabel que informa desde Nápoles quieren dar las gracias a cafébabel Napoli, en especial a Thai y a Valerio por su ayuda.

ESTE ARTÍCULO FORMA PARTE DE UNA EDICIÓN ESPECIAL DEDICADA A NÁPOLES Y DEL PROYECTO EU IN MOTION INICIADO POR CAFÉBABEL CON EL APOYO DEL PARLAMENTO EUROPEO Y DE LA FUNDACIÓN HIPPOCRÈNE.