Tres visiones de Turquía

Artículo publicado el 25 de Octubre de 2004
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Artículo publicado el 25 de Octubre de 2004

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¿Realismo, idealismo u oportunismo? Estas son las tres cuestiones sobre Turquía que sobrevolaron la conferencia “Europa y sus fronteras” desarrollada en el castillo de Genshagen, cerca de Berlín.

Según Robert Badinter, senador francés y ministro de justicia desde 1981 a 1986, la cuestión a la que se enfrenta la UE es si quiere convertir a Turquía en un aliado en su política exterior o aceptarla como un jugador más dentro del tablero europeo. Badinter subscribe la postura realista avanzada por Andrew Moravcsik en su obra “The Choice for Europe”. Según su parecer, son los Estados quienes van a seguir siendo los protagonistas más influyentes en el futuro, y van a basar sus decisiones en factores económicos por encima de todo. Una mezcla de política exterior y doméstica podría ver la luz.

Realismo más la irrelevancia de Walter Hallstein

Badinter ve mejor a Turquía como socio para su política exterior antes que como miembro de la UE. Dice que el ingreso turco involucraría a la UE en conflictos regionales en el Cáucaso y por tanto en problemas en la futura frontera con Irán, Irak y Siria. Las promesas hechas en el pasado no son motives determinantes para permitir el ingreso de Turquía en la UE”, declaró Badinter. “La promesa realizada por el presidente de la Comisión Walter Hallstein en 1963 no era legalmente vinculante, como tampoco lo han sido las promesas que siguieron”. También añadió que Turquía no fue convertida al comunismo de modo forzoso ni suprimida por Rusia, como sí sucedió con los países del Este que se han unido a la UE el 1 de mayo de este año. Tampoco acepta que los avances en los Derechos Humanos y la democratización de Turquía sean rezones válidas: como miembro de la UE, Turquía debe cumplir estos requisitos por descontado. Por último, no está probado que la entrada de Turquía aporte ventajas económicas que puedan aducirse como argumentos realistas.

Idealismo y Europa cosmopolita

A diferencia de Badinter, Gesine Schwan aportó una visión de Europa embebida de idealismo –claramente inspirada por los trabajos de Ulrich Beck- dibujada en la expresión “Europa Cosmopolita”. La división entre política exterior e interior es un anacronismo que, propiciando el distanciarse de los problemas denegando peticiones de ingreso, se queda en algo ilusorio. Schwan vino a decir que como la UE no se basa en el dominio militar, no hay motivo para temer un colapso por sobredimensión, como tanto se airea en algunos círculos. Es más, lo contrario es la realidad: los conflictos complejos podrían sustanciarse ante la UE y resolverse mediante sus más que probados mecanismos. “A Europa le sientan mejor los retos de conflictos internos que los externos.” En este sentido, Europa podría emerger como modelo global para la pacificación regional y la cooperación.

Oportunismo y petróleo siberiano

El ex-Primer Ministro francés Michel Rocard defendió la postura del oportunismo. Quien fuera durante años el abogado de los “Estados Unidos de Europa”, ha abandonado su visión federal de Europa a favor de un “Estado Europeo Regulado” como el descrito por Giandomenico Majone. O lo que es lo mismo: una Europa a la carta, sin gobierno supranacional, y sin demasiada legislación. Con este concepto minimalista en la mente, Rocard ha dado en terciar a favor del ingreso turco apoyándose en argumentos de economía, ya que en el Cáucaso se concentran de 5 a 6 países turco parlantes con recursos petrolíferos. Si Turquía ingresa, la UE tendría acceso no sólo a estos recursos, sino también a los viejos campos siberianos a largo plazo. Es más, si las empresas europeas desean competir con las japonesas y con las chinas, que dominan el Mercado gracias a su posición geográfica, una nueva vía de transporte a través del Cáucaso sería de inestimable valor. Rocard cree que por desgracia se obvian estos aspectos por la falta de visión de conjunto por parte de políticos y periodistas. “Tienen que saber proyectarse 50 años en el futuro. Las reflexiones geoestratégicas no sirven si se restringen a un horizonte de 20 años.”

El silencio de la Eurogeneración

A pesar de las recomendaciones de Rocard, muchos participantes en el encuentro en Genshagen no sólo no se proyectaban 50 años adelante, sino que se limitaban a mirar 50 años atrás. Es comprensible: la mayoría de los ponentes no vivirán para asistir al ingreso de Turquía en la UE. Tendría, no obstante, una profunda influencia en las decisiones políticas la opinión de los pupilos y estudiantes de hoy. Pero pareció más bien seguir las reglas japonesas del sistema sempai (principio de ancianidad), cuanto más edad y más cano tenga el cabello el ponente, más tiempo tienen para hablar. Esto debe acabarse: no dejemos que los viejos hombres de Estado decidan nuestro futuro político. Debemos elevar nuestra voz, aunque no se prevea nuestro derecho a hacerlo.