Tribuna contestataria: el Foro Europeo de la Educación

Artículo publicado el 16 de Mayo de 2005
Artículo publicado el 16 de Mayo de 2005

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A pesar de la victoria lenta pero segura del proceso de Bolonia en las aulas europeas, algunos no esconden sus inquietudes sobre las consecuencias de la reforma.

El Foro Europeo de la Educación se reunirá por segunda vez los próximos 20 a 22 de mayo en Bergen, Noruega, al margen de la Conferencia interministerial. El origen: un simple desafío para construir una plataforma de debate alternativo sobre la enseñanza superior. El FEE reúne actualmente una treintena de sindicatos estudiantiles europeos, más bien radicales: "Sud" en Francia, "Altrascuola Unicotas" en Italia o la "Scudag" alemana. Asociación atípica concebida sobre el modelo del Foro Social Europeo, se define abierta a todo individuo o entidad adherida a los 11 puntos de la Declaración, adoptada tras la inauguración del FEE en Berlín en septiembre de 2003.

Unidos para denunciar

En su día, varios centenares de manifestantes, deseosos de remplazar el factor social en el corazón del esquema educativo, se reunieron en su primera edición en respuesta a la cumbre ministerial epónima. Como centro de diálogo y contactos, el FEE espera a medio plazo "coordinar una acción homogénea" a través de todo el continente y "constituir una sólida red". El objetivo es denunciar el mercadeo programado de los estudios en su conjunto. Aportando una perspectiva crítica al proceso de Bolonia, la organización cristaliza el descontento general alrededor de las nuevas políticas europeas de enseñanza: privatización de la educación, estandarización de materias, diseminación de los conocimientos, etc. Tales son los argumentos expresados por esta entidad. Si el FEE no está más que en sus primeros balbuceos, tiene al menos el mérito de resolver una cuestión: ¿qué futuro tendrá el derecho a la instrucción, por esencia desinteresado, en un esquema calcado al modelo económico, deseoso de rentabilidad y resultados?

Nefastos efectos concretos

Marry-Anne Karlsen, estudiante noruega de 25 años, forma parte del comité organizador del "FEE en Bergen 2005". ¿Razones para su adhesión al movimiento? "Los estudiantes son hoy en día más considerados como consumidores que como participantes". Desde la puesta en marcha de "Bolonia" en su país pionero en la aplicación de la reforma, Marry Anne deplora "una evidente comercialización educativa. El sistema de créditos ECTS, creando disciplinas compartimentadas, conlleva una fragmentación de los conocimientos y por tanto un agotamiento del pensamiento crítico", explica. "Además, estamos asistiendo a un déficit democrático: para lograr facultades con mayores rendimientos, se restringe la influencia de organizaciones estudiantiles en las distintas tomas de decisiones." Si el FEE no lucha por la internacionalización estudiantil, "se querrá ir más allá de grandes palabrerías oficiales examinando las auténticas implicaciones, como la afirmación del principio de competencia en detrimento de una mayor cooperación"; Marry-Anne subraya además "importantes efectos secundarios, como el permanente combate de los pequeños Estados europeos para preservar su identidad lingüística o el impacto de medidas como la directiva Bolkenstein". Nadie contestará la naturaleza exclusiva y elitista de las discusiones en curso. "Haría falta una forma más democrática para que podamos ser partícipes." En el programa del segundo acto del FEE, que se desarrollará en la Universidad de Bergen, "no como encuentro entre osos polares o trolls" precisa la invitación, "numerosos temas serán abordados: los efectos del GATS (Acuerdo General de intercambio de Servicios) en el devenir de los costos de escolaridad, pasando por pedagogías alternativas", dice Marry-Anne. Para concluir: "Nos gustaría crear una especie de observatorio que registrase el avance del proceso en los países implicados y sirva de banco de datos y análisis. Lanzar unas Jornadas Internacionales del Estudiante el 17 de noviembre para demostrar que la educación es un derecho, no un negocio."

En sus repetidas protestas, los estudiantes reprochan la reforma favorecedora de la "escolarización" de estudios universitarios, de tornar más difícil la conciliación de los estudios con un trabajo a tiempo parcial, de amenazar el acceso a las becas a través de la obtención de diplomas "máster", de perjudicar a las mujeres en materia de igualdad de oportunidades, de contrariar los estudios interdisciplinares forzando la elección de los estudios monodisciplinares, de conducir a numerus clausus innombrados en la admisión de masters, de ridiculizar la igualdad de oportunidades en función de sus orígenes sociales y de llevar a un excesivo intrusismo de la economía en la enseñanza universitaria. El ESIB, Unión Nacional de Estudiantes Europeos, miembro del grupo de trabajo de Bolonia, toma parte de sus inquietudes en lo que se refiere a la "ambigüedad del término competitividad". Si implica una exigencia de transparencia y de claridad de la educación, corre también el riesgo de ver cómo crecen las privatizaciones y la fuga de talentos; tendencia a la que el ESIB se opone tajantemente". Igualmente, la organización se pone en guardia frente a la "malversación de Bolonia, por gobiernos que se aprovechan para sus propias reformas nacionales".