Tübingen, encontrar su lugar en Europa

Artículo publicado el 2 de Octubre de 2008
Artículo publicado el 2 de Octubre de 2008

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La plaza de Europa de Tübingen conoce, aparte de su función de estación de autobuses, una integración laboriosa en la realidad urbana de esta ciudad muy vieja y llena de encanto, pegada a las orillas del Neckar

Situada entre la estación y el centro, la Plaza de Europa de Tübingen, pequeña ciudad universitaria de Baden Württemberg, podría haberse convertido, gracias a su situación geográfica, en un lugar de paso frecuente. Por desgracia, esta plaza no hace honor al resto de la ciudad. Bautizada así en 1965 tras serle concedido un premio europeo a la ciudad, debía convertirse en el símbolo de una Europa de la comunicación. Pero "no es bonita". Y es lo mejor que se puede decir al respecto. 

De lo simbólico al pragmatismo, una frontera muy fina

Tübingen goza de una fama de ciudad abierta y cosmopolita. ¿Qué mejor nombre, pues, que el de Plaza de Europa para acoger, a su salida de la estación, a los viajeros? La plaza fue bautizada así después de un acontecimiento que marcó la ciudad. En 1965, el Parlamento Europeo le concedió el "Premio de Europa" por los esfuerzos que había llevado a cabo en cuanto al hermanamiento con otras ciudades. Quedaba entonces que las autoridades decidieran qué plaza renombrar. 

¿Por qué la estación? De acuerdo con la razón oficial, la plaza debía materializar un lugar de comunicación, lo que parecía corresponder bien con la idea europea. Como argumento complementario, Tübingen, ciudad de guarnición francesa desde el final de la Segunda Guerra Mundial, disponía desde 1948 de una línea de autobús con destino a Estrasburgo. Este ‘autobús de Europa’ era además el único con destino al extranjero. Argumento que dice mucho respecto a la importancia dada a las intenciones europeas. Así que una plaza en la que no había viviendas ni comercio recibió tal nombre. 

Con la concesión de este premio, debía instituirse un día de Europa e instalarse una placa conmemorativa. Dos buenas resoluciones… que nunca se llevaron a cabo. La integración de la idea europea al paisaje urbano y a la conciencia de los habitantes de la ciudad quedó pues resumida desde el principio a una declaración de intenciones. Consecuencia lógica: la identificación con Europa se redujo a la mínima expresión.

Una identificación con Europa casi inexistente 

"¿Qué le une personalmente a la plaza de Europa?" A esta pregunta, la mayoría de los mirones responden que son, por supuesto, europeos. ¡Y me diréis, ya es bastante! Pero la cosa no va más allá. Ninguno de los comerciantes ha, por ejemplo, propuesto nunca un producto o un servicio en relación con un acontecimiento europeo. 

Además, este lugar no representa para los habitantes de Tübingen más que un "desierto de cemento". Dicen unánimemente: "habría que darle un atractivo a esta plaza", disminuir la superficie de circulación de los autobuses y crear un verdadero espacio de vida. Desde hace quince años, la cuestión de una remodelación de este lugar se plantea con frecuencia en los debates municipales. El nuevo alcalde, Boris Palmer (Los Verdes), desearía que la plaza se reestructure de aquí a tres o cuatro años. Quiere hacerla "más digna" de su nombre, sin tener por ello una idea concreta sobre el dinamismo europeo que pueda adquirir. 

El bus Europa, en el garaje

Imagen de Solenn Le Goff"Quizás haya un cambio, pero seguramente cuando yo ya esté muerto…" Si se confía en el pesimismo de un comerciante del barrio, las cosas no parecen preparadas para el cambio. La única preocupación de los comerciantes y los habitantes se limita además al "desarrollo del comercio en el barrio para dinamizar la oferta". En consecuencia, aunque la plaza deba ser transformada, parece que la cuestión europea sigue estando muy oculta.

El símbolo urbanístico, como los últimos lazos que unían la ciudad de Tübingen a Europa, han desaparecido hoy por completo. La parada de autobús Plaza de Europa se transformó en 1996 en una simple parada de estación de autobuses. Y el golpe de gracia fue dado en septiembre de 2008: el famoso bus de Europa, una línea en principio reservada exclusivamente a los soldados y su familia, comercializada a mediados de los años 50, ha sido guardada en el garaje. Se han elevado numerosas voces contra esta decisión, pero la rentabilidad obliga: "la línea se había vuelto demasiado deficitaria".