Túnez: Ciberguerra y marchas contra la dictadura

Artículo publicado el 12 de Enero de 2011
Artículo publicado el 12 de Enero de 2011
A mediados del pasado diciembre, los tunecinos tomaron las calles al asalto para protestar contra el paro juvenil y la corrupción del Gobierno, revelada por Wikileaks. El colectivo Anonymous, blogueros independientes, abogados, periodistas y estudiantes echan desde entonces un vigoroso pulso por la libertad de expresión en Túnez.

El 17 de diciembre de 2010, Mohammed Bouazizi se quemó "a lo bonzo" frente al ayuntamiento de Sidi Bouzid, una ciudad del centro de Túnez. Él mismo se empapó de petróleo después de que la policía le arrebatase su única fuente de ingresos: una pequeña tienda de frutas. No tenía licencia. Este licenciado de 26 años falleció hace unos días por sus quemaduras.

La cólera está en la calle

El 22 de diciembre otro joven, Houcine Neji, se suicidó públicamente agarrándose a un cable de alta tensión. El día anterior a las Navidades la policía disparó sobre la muchedumbre de manifestantes, matando a un chaval de 18 años e hiriendo a otro, que sucumbía en Año Nuevo. El 17 de diciembre cambió Túnez, cuyos ciudadanos estaban hasta entonces dominados por la desesperación y el miedo general, con excepción de las costas, dedicadas al turismo. Ahora recorren las calles de Sidi Bouzid y otras ciudades, incluida la capital (también llamada Túnez). Han terminado por evacuar toda la furia contenida durante años. Este descontento tiene muchas facetas, una dirección clara y varios protagonistas: parados, estudiantes, lienciados, artistas, abogados… El desempleo juvenil es del 14% según las cifras oficiales, pero otras fuentes lo elevan al 30%. Los ciudadanos protestan contra la falta de perspectivas para los jóvenes con estudios, la corrupción (revelada por la filtración masiva de Wikileaks), la censura que les asfixia a diario y un presidente que parece haber olvidado a quién debe servir.

Presidente vitalicio

Zine El Abidine Ben Ali dirige el país desde 1987. Reelegido con el 90% de los votos en 2009, no tiene ninguna oposición digna de ese nombre. Cualquiera que quiera recurrir a cualquier forma de expresión pública debe de cumplir al menos uno de estos dos requisitos: tener permiso del partido-Gobierno o pertenecer al círculo de confianza de la Primera Dama, Leina Ben. Por todas partes, desde restaurantes y tiendas hasta la fachada de los edificios, hay un retrato del presidente. Ben Ali retocó la ley constitucional para poder sucederse a sí mismo en 2004, aumentando el número de mandatos presidenciales. Las próximas elecciones tendrán lugar en 2014 y las proposiciones para cambiar otra vez la Carta Magna ya están en marcha: la obsesión por prolongar la edad permitida en los candidatos invita a pensar que Ben Ali, de 78 años, se presentará de nuevo (siempre que las revueltas no desemboquen en cambios radicales…); de momento, este es el saldo: 50 muertos (según sindicatos y asociaciones de defensa de los derechos humanos), dos ministros destituidos y el ejército ocupando la capital.

¿Camino de la revolución ?

Las críticas contra el presidente han salido a la calle , pero es difícil saber hasta dónde llegarán. Puede que se disuelvan con el tiempo, pero las protestas masivas parecen tener una raíz profunda, y ya se nota cierta sensación de fracaso en las instituciones. A principios de enero, la operación Túnez lanzada por el colectivo Anonymous logró bloquear la página oficial del Gobierno, algunos ministerios y el banco Zitouna. La ciberguerra que se perfilaba en los últimos tiempos ha terminado por estallar en torno a la libertad de expresión; webs como Youtube, Flickr y muchos blogs no se pueden consultar en Túnez. Facebook tiene unos dos millones de usuarios, pero es imposible encontrar referencia a Sidi Bouziz.

Europa expectante

La televisión en lengua árabe e inglesa Al Jazeera cubre la actualidad de Túnez en el día a día, los europeos publican algunas gotas y los norteamericanos prácticamente lo pasan por alto. En España y en Francia, antigua metrópoli, los sucesos han alcanzado la primera plana en varias ocasiones. Los medios alemanes más prestigiosos apenas han dedicado tiempo a lo que perciben como un paraíso tropical. Ningún gobierno ha mediado palabra. Ben Ali debe de sospechar de sus aliados, ya que se afana en acusar a los sublevados de ser islamistas radicales y garantizar así su papel de roca anti-fundamentalista. Pero los hechos dicen que el conlicto real es bastante más amplio...

Foto: (cc)pietroizzo/flickr