Turcos y armenios: La reconciliación ya se ha iniciado en Estambul

Artículo publicado el 10 de Junio de 2011
Artículo publicado el 10 de Junio de 2011
La muerte del soldado Sevak Shahin Balikci, armenio de 25 años asesinado por error el pasado 24 de abril por un compañero turco, ha sido la trágica coincidencia que ha arruinado una Semana Santa especial. Por primera vez coincidían la fiesta religiosa y el día de la conmemoración de los crímenes de 1915, amplificando la delicada cuestión de la relación entre turcos y armenios en Turquía.
Estambul ha recordado y ha llorado, pero también ha festejado, una convivencia que mejora de año en año, gracias sobre todo a un periodista mártir y a los armenios de última generación. Diario de una Pascua tranquila.

Desde su llegada a Estambul, al aeropuerto de Sabiha Gokcen, la cuestión armenia se presenta a los visitantes. Sabiha, primera mujer piloto de la historia, era hija adoptiva de Atatürk y en el 2004 el periodista Hrant Dink se atrevió a escribir que aquella niña de ocho años provenía de una familia armenia. Se desencadenó el fin del mundo, Hrant Dink fue condenado por "denigración de la identidad nacional turca" (art. 301 del código penal), fue nombrado "enemigo de la nación" y asesinado brutalmente ante la redacción de su periódico, Agos, el 19 de enero de 2007. Desde aquel momento sobrevive en el discurso de todos, turcos y armenios.

Jueves santo: cristianos en agitación

Los barrios céntricos de Estambul, en la orilla europea del Bósforo, están inmersos en una atmósfera multireligiosa. En un antiguo monasterio, los frailes corren subiendo y bajando escaleras para preparar las celebraciones pero tienen pocas ganas de salir del cascarón. "La próxima vez que te dirijas a un fraile a hacerle preguntas sobre los armenios seguramente te de una patada en el culo", me dice cándidamente uno de ellos. "Aquí ha habido muertos, ten cuidado con lo que escribes porque te arriesgas a no poder volver a Turquía". El clima está servido, pero siento que el fraile exagera. Para entenderlo asisto a la larguísima jornada del Jueves Santo, en la iglesia armenia de los Tres altares, escondida tras un gran portón negro que da al Mercado de los Peces. De esta iglesia armenia gregoriana chocan las luces de las débiles velas fijadas en la arena, el refinamiento de las lámparas de araña, la luz amarilla y envolvente. Entre los bancos no hay solo fieles, también algunos curiosos, entre ellos el historiador de las religiones Sébastien de Courtois, verdadero experto en los cristianos de Oriente. "La comunidad que vemos aquí", me explica, "ha pensado antes que nada en integrarse y no vive el tema del genocidio como una obsesión intelectual. Para ellos es más bien un vacío afectivo".

Viernes Santo, reconciliación en la mezquita

LLegado con su mujer desde Anatolia, Asim (en el centro) ve a Sonia y su familia por segunda vez en su vidaLos armenios de la diáspora, que a partir de la persecución de los años 20 dejaron Turquía trasladándose a Europa o Estados Unidos, son desde siempre los más exigentes en términos de reivindicación. También Hrant Dink, en su periódico Argos, escribía que el reconocimiento del dolor por los crímenes de 1915 debía llegar del corazón de la sociedad turca y no de resoluciones firmadas en el extranjero. Pero hay quien elige vías diferentes: Sonia vive en París desde los años 70. Está en Estambul en compañía de sus hijas Mélanie y Zépur y espera a Asim y a su mujer ante la Mezquita Azul. Han venido a propósito desde un pequeño pueblo en la provincia de Yozgat, cerca de Ankara. Asim es primo hermano de Sonia, quien lo ha encontrado tras largas investigaciones genealógicas. Su abuela fue raptada en 1915, obligada a casarse con un turco del cual tuvo un hijo. Entonces escapó, creando una segunda familia. "La primera vez que nos vimos, hace dos años, fue una emoción fortísima", me explica Sonia, mientras Asim se aleja para el rezo de la tarde. "Nos hemos reencontrado 96 años después, hemos incluso ido juntos al cementerio para recordar". Verse de nuevo la víspera del 24 de abril, es una ocasión para hablar del pasado. Pero cuando Sonia les explica que en estos días no conseguía decorar los huevos de pascua, por la tristeza del aniversario, Asim parece no escuchar, ni siquiera entender, vuelve la cabeza hacia otro lado.

24 de abril: Pascua de Resurrección y recuerdo del dolor

Maral es investigadora en la universidad, tiene 29 años y no es practicante, pero en Semana Santa va a dos iglesias. La primera está en Bakirköv, en la periferia oeste del pueblo, donde creció antes de irse a vivir sola. Un municipio con una fuerte densidad de población, con siete iglesias católicas y una armenia ochocentista, la de Surp Astvazazin, demasiado pequeña para acoger a todos los fieles. En la entrada, sus padres me abrazan y me ofrecen la torta de Pascua, un brioche de forma entrelazada con especias. Después hay un desfile de autoridades, incluido el alcalde, que deja una corona de flores en nombre del AKP, el partido del gobierno. Hay muchos jóvenes armenios, como Sarkis, estudiante de matemáticas, y Lora, que estudia para trabajar en una guardería: “La Semana Santa para nosotros es la más importante de las conmemoraciones del 24 de abril", explican, "es el presente, mientras que el pasado no vuelve". La segunda misa de Maral es en el barrio de Kurtulus, para llegar allí hay que atravesar la ciudad por segunda vez. Debe llevar a su novio, que es musulmán y no ha asistido jamás a una celebración armenia: "Viene también su madre. Mis padres no saben que tengo un novio turco, no será fácil decírselo. Sobre todo porque mi tía me organiza a menudo citas a ciegas con chicos armenios, ¡no puedo más!". Lo dice con una sonrisa contagiosa, pero no esconde sus preocupaciones: "Todos nuestros colegios dan las clases en armenio, no tenemos alternativa. Después, en la universidad la vida cambia a mejor, finalmente nos encontramos con los otros. Creo que también la comunidad armenia debería abrirse más, ¡el comportamiento de mi tía lo demuestra!"

Plaza Taksym: lágrimas y silencio

Un grupo de radicales quebró el silencio de la conmemoración con sus proclamas

"Es normal que los armenios tengan miedo a manifestarse en público", me explica el politólogo Ahmet Insel, tras haber puesto un clavel rojo en recuerdo de todos los intelectuales congregados el 24 de abril de 1915 ante la Mezquita Azul, en la prisión que ahora es el Museo de las artes islámicas. No eran pocos los armenios de la Plaza Taksym, que por segunda vez se han unido a los turcos en la 'Llamada al perdón', promovida por los principales intelectuales liberales del país. Centenares de personas arrodilladas en el suelo, con una vela en la mano, se han reunido en silencio, con las conmovedoras melodías armenias de fondo. A pocos metros de distancia, separados por un imponente cordón policial, unas pocas decenas de nacionalistas gritan lemas racistas, protestan contra un genocidio “que han sufrido los Turcos”, pero es lo único que entiendo porque ninguno de ellos habla inglés o francés. "Han formado un estrépito tremendo", se desata Natalie entre lágrimas, "porque he visto elevarse un escrito Kristos Haryav i merelotz (Cristo ha nacido de nuevo), ¡pero ninguno podrá devolvernos a nuestros familiares!". Dafné, amiga y activista turca intenta consolarla: "Estábamos con la cuñada de Hrant Dink, nos dijo que su muerte ha servido para algo, porque hace diez años todo esto no habría sido posible".

Gracias a Bulent Kilic y Nicolas De Cheviron por su generosa ayuda.

Este reportaje forma parte de Orient Express Reporter 2010-20011, proyecto de cafebabel.com enfocado en los Balcanes y Turquía.

Foto portada y fotos Iglesia de los Tres Altares y manifestación: © Nemanja Knezevic; Resto de fotos: © Nicola Accardo