Turismo armado: sobre el inesperado aumento de misiles rusos en Kaliningrado

Artículo publicado el 23 de Abril de 2009
Artículo publicado el 23 de Abril de 2009

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Cuando el presidente ruso, Dimitri Medvedev, anunció la colocación de misiles en la región báltica fronteriza con Polonia y Lituania en noviembre de 2008, los medios de comunicación occidentales contemplaron con desagrado un rearme que recordaba a la Guerra Fría.
Kaliningrado ha mantenido distancia con la responsabilidad rusa respecto al escudo antimisiles planeado por los Estados Unidos, fanfarronea un diplomático

(Foto: ©themactep/ Paul Philippov/ Flickr) En las noticias sobre los planes militares de Moscú, un diario de Kaliningrado comentaba que el misil balístico ruso “Iskander ya estaba en la ciudad. Tiene un cuello muy largo”. La última adquisición del zoo de la ciudad, una jirafa, recibió el nombre de los misiles, con el que bromeaba el artículo, dando así de lleno en el estado de ánimo social. “Esperaremos, lo veremos”, clamaban los ciudadanos locales. “Todavía no conocemos nada”. Maria Drutman, jefa del departamento de turismo en la que fuera ciudad alemana de Kaliningrado, se muestra esperanzada en que el sentido común se imponga, y admite estar agradecida al presidente, Dmitri Medvedev. “Gracias a él, el mundo entero ha sabido de la existencia de Kaliningrado. Para nosotros, se trata de una gran publicidad”.

Inegablemente, la ciudad de Kanta está optando por el turismo en lugar de por las armas. Una de las prioridades del gobierno local es el desarrollo de la industria del turismo. Ello tiene como objetivo atraer la herencia prusiana (una vez fue la capital de Prusia), lo que parece ser una fantasía rusa. La antes llamada Koenigsberg, fue renombrada Kaliningrado en 1946, un enclave ruso que se ofrece ahora como atracción comercial, El que fuera su residente más célebre, el famoso filósofo y moralista Immanuel Kant, se ha convertido en una de las principales atracciones de la ciudad. 

“Ni europeos ni rusos”

(Foto: ©themactep/ Paul Philippov/ Flickr)No siempre fue así. Durante la época soviética, el distrito era una zona militarizada cerrada. La región suponía una amenaza para occidente. Había rastros de la presencia prusiana en los ojos de los líderes comunistas; en 1968 fue demolido un castillo construido en Kaliningrado en el siglo 13. La región debía se propiedad de la Unión Soviética para siempre. Sin embargo, sus habitantes miraban hacia Europa. En los ochenta, la policía secreta se dio cuenta de que la juventud mostraba un “insano interés por todo lo alemán”, y en el dialecto local, la ciudad era conocida como 'Koenigiem'. 

No hay rastro de separatismo en Kaliningrado. Por poner un claro ejemplo, las victorias de los equipos rusos son celebradas como en cualquier otro lugar del país. A los habitantes de la ciudad les gusta enfatizar su carácter diverso. El periodista local Michail Janickij afirma que ellos “son más europeos que su compatriotas de Rusia profunda”. Nosotros mismos nos encontramos en una ciudad en la que al lado del monumento ‘Matuszki Rossiji’(que recuerda la unión de la región a la Unión Soviética) se ha construido un nuevo centro comercial llamado Europa. La mayoría de habitantes se muestran optimistas sobre la colaboración con Europa y la ambición de la región es convertirse en una puerta de Rusia hacia occidente. El hecho de que el 70% de los jóvenes de Kaliningrado relacione su futuro con la Unión Europea ha desilusionado a la gente de la región.

El Hong Kong ruso o Las Vegas del Báltico

En Moscú, el ex presidente Boris Yeltsin mostró una falta de ideas sobre qué hacer con Kaliningrado y sobre cómo la región se había alejado del resto del territorio ruso. Había ambiciosos planes para transformar el enclave en un ‘Hong Kong ruso’, pero la zona de libre comercio creada en 1991 se ha convertido en una tapadera para negocios de carácter ilegal. En la provincia, el número de crímenes organizados ha aumentado al mismo ritmo que el número de infectados con el virus del sida. El desempleo también se ha incrementado. La desconfianza con respecto a Moscú aumentó en la medida en que sus habitantes sufrieron la falta de desarrollo, cuando la crisis económica de 1998 y el colapso del rublo provocaron grandes pérdidas y los moscovitas pasaron a depender de las importaciones procedentes de la región de Kaliningrado.

Durante la prosperidad petrolera, la situación económica mejoró mientras la región recibió fondos federales. Se construyeron grandes centros comerciales, renovaron las principales calles y los hombres de negocio de Moscú comenzaron a invertir en la construcción de hoteles y casinos.

Kaliningrado no se convirtió en un “Hong Kong ruso”, pero definitivamente quería ser “Las Vegas del Báltico”. Las autoridades prometieron a los residentes locales un “estilo de vida europeo”. Nadie lo creía realmente, pero los pronósticos mostraban que predominaba el optimismo sobre el futuro. Sin embargo, cuando a finales de 2008 la región sintió los primeros efectos de la recesión mundial los demonios del batacazo ocurrido 10 años antes volvieron a aparecer. Ahora las empresas volvían a quebrar, el desempleo crecía, los desocupados no cobraban sus sueldos y las compañías aéreas locales anunciaron que iban directas a la bancarrota. Sin transporte aéreo, Kaliningrado se volvería una prisión, puesto que cruzar la frontera en coche es todavía una pesadilla. 

Una región que no es capaz de automantenerse

Kaliningrado es una región que no es capaz de automantenerse. Por ello, los precios de los alimentos son mucho más altos que en el resto de Rusia, o que incluso en Polonia o Lituania. Con todo, la región quiere acabar con ello y ser independiente. El problema es que los planes de la Federación Rusa y de la región de Kaliningrado se contradicen mutuamente. En la llamada ‘pequeña Rusia’ (Kaliningrado), en la que que los ciudadanos tienden a llamarse a sí mismos ‘eurorrusos’ o ‘rusos bálticos’, hablan más sobre visados, la crisis económica, carreras profesionales o nuevos centros comerciales que sobre la amenaza americana o los sentimientos postimperiales.

“¿Misiles? ¿Qué misiles?”. Es lo que pregunta un extrañado Wasil, un estudiante de 20 años de la Universidad Immanuel Kant. ¿Qué misiles exactamente? Si el Kremlin realmente quiere cumplir con sus amenazas militares contra sus anatagonistas occidentales, ello iría en contra de la misma población local. Rusia solo fanfarroneaba, afirma. Felicitamos a los habitantes de Kaliningrado por tener algo de sentido común.