Turismo masivo en Mallorca: problemas en el paraíso

Artículo publicado el 9 de Noviembre de 2017
Artículo publicado el 9 de Noviembre de 2017

En Mallorca no todo es mar, sol y sexo. La población de la isla, que representa menos de un millón de personas, está comenzando a sentir el peso de dos millones de turistas que llegan cada verano. Los locales han sufrido el aumento en los alquileres y la desaparición de espacios públicos. En una protesta de septiembre muchos vecinos han decidido decir: "Hasta aquí hemos llegado".

Mientras que la industria turística en Mallorca continúa creciendo con otro récord de visitantes de verano, los lugareños están tomando las calles para expresar sus preocupaciones. El sábado veintitrés de septiembre una manifestación fue organizada por varios grupos activistas bajo el lema "Fins aquí hem arribat", el cual se traduce como "Hasta aquí hemos llegado". Los vecinos están haciendo todo lo posible para concienciar sobre las consecuencias negativas del turismo no regulado y enviar un mensaje al gobierno local. Este contramovimiento ha crecido en los últimos años, con organizaciones que tratan de contrarrestar el turismo masivo con una intensidad incansable. 

Los motivos de las protestas son interminables: el impacto ambiental sobre las playas y espacios verdes, la contaminación atmosférica y acústica, la gentrificación de barrios urbanos, la superpoblación, falta de disponibilidad de apartamentos a largo plazo, condiciones laborales precarias para los residentes y la destrucción del modelo económico tradicional y de la forma de vida. Y Mallorca no es la excepción; el mismo tipo de protestas ocuparon las calles de Barcelona y otras ciudades turísticas en Europa en los últimos años. Los carteles de protestas decían: "Sin límites no hay futuro". Aunque pueda parecer extraño a aquellos que siempre han creído que el turismo solo trae beneficios a través de ganancias económicas para la región, la realidad de esta inexorable afluencia de turistas, aerolíneas de bajo coste y opciones de hospedajes económicos quizá no fuera lo que sus habitantes tenían en mente.

Cuando los turistas duplican la población de una isla

Para los europeos del norte, Mallorca siempre ha sido vista como un destino de vacaciones bañado por el sol, un escape perfecto del lúgubre clima de Londres y la rutina diaria en París (metro, curro, cama). El turismo primero fue fomentado hacia finales del siglo XIX, cuando hombres de negocios y políticos locales querían mostrar la belleza y cultura de la isla al resto del mundo.

Para 1973, el nuevo aeropuerto estaba dándole la bienvenida a más de siete millones de pasajeros anualmente. Esta enorme afluencia provocó cambios radicales en la estructura socioeconómica de la isla, trayendo niveles de inmigración sin precedentes de la península y cambiando la distribución geográfica de la población y la actividad económica en la isla.

Hoy, ciertas áreas de la isla se conocen como destinos de fiesta. Casi un rito de paso para muchos británicos y alemanes, los viajes con alcohol a la isla se han vuelto algo común entre los jóvenes que buscan sol, mar y playa. Zonas como Magaluf y el Arenal han cambiado por completo y, mientras las familias y los recién casados solían pasar sus escapadas de verano allí, ahora le dan la bienvenida a jóvenes bulliciosos de entre dieciocho y treinta años a lo largo de una temporada alta larga y creciente. 

Si eso no ilustra la gravedad de la situación, estos números seguramente lo harán... Los últimos veranos ha visto un aumento en los números de visitantes a la isla. Más de trece millones de pasajeros llegaron por avión a Mallorca en 2016, frente a los once millones en 2015. Mallorca tiene una población de menos de un millón de habitantes y casi dos millones de pasajeros llegaron por avión por mes durante los meses de verano. Esto significa que el número de personas en la isla aproximadamente se duplica en estos meses, sin incluir las llegadas por barco.​

La tensión en la infraestructura es algo que a menudo pasa desapercibido por los viajeros pero tiene un impacto real en los residentes permanentes. Profesionales médicos se quejan del hacinamiento en los hospitales durante los meses de verano, y la confusión de añadir otros idiomas extranjeros complica una situación ya de por sí difícil.

Adiós vivienda barata, adiós espacios públicos

De acuerdo con un estudio reciente publicado en un periódico local, Diario de Mallorca, mientras que la inflación promedio anual en el mercado de la vivienda ha sido de aproximadamente 1,25 % hasta ahora en 2017, Palma ha experimentado un aumento del 7,2 %. Eso ha provocado que acceder al alquiler sea cada vez más difícil para jóvenes profesionales y estudiantes. Muchos mallorquines continúan viviendo con sus padres ya entrados los treinta.

Al caminar alrededor del centro de la ciudad de Palma resulta difícil no ver el amarillo y negro de los carteles de Ciutat per qui l'habita pegadas a las ventanas y colgando de los balcones. Ideados por un conjunto de asociaciones de vecinos, ellos han adoptado como misión reclamar por el bienestar de los residentes locales. Ciutat per qui l'habita conciencia sobre el turismo masivo y envía un mensaje claro a las autoridades para que hagan algo al respecto. Una de las metas es llamar la atención sobre la absurda cantidad de propiedades deshabitadas en Palma. Debido a las plataformas digitales como AirBnB, muchas propiedades urbanas han sido compradas con el único propósito de alquilarlas para vacaciones cortas.

Marc Morell, un miembro de Ciutat per qui l'habita y académico de la Universitat de Les Illes Belears, que ha estudiado de cerca el proceso de gentrificación en Palma, cree que el problema principal es el precio de la vivienda. "La brecha de alquileres viene de la diferencia entre lo que el arrendatario puede pagar y lo que el propietario siente que puede cobrar... Lo que las personas están preparadas y pueden pagar ha aumentado constantemente, la cantidad que los propietarios pueden cobrar se ha disparado". Él posa un brazo sobre una mesa en un ángulo de diez grados para indicar la cantidad que los arrendatarios pueden pagar y entonces coloca su otro brazo sobre este en un ángulo de cuarenta y cinco grados: "Con el pasar del tiempo, la diferencia ha estado aumentando y aumentando". Marc argumenta que la gentrificación, en el caso de Palma, "No se trata de los nuevas llegadas. La denominada clase media que entra en estos barrios cambia el perfil de los residentes, pero son los dueños de las propiedades y la popularidad de los apartamentos para alquileres vacacionales que lleva a un aumento de los alquileres inasequible". Mientras que en otras ciudades la gentrificación es resultado de la llegada de la media clase a barrios económicos, Marc argumenta que el caso de Palma viene de los alquileres vacacionales.

Ciutat per qui l’habita  también pelea por los espacios públicos, que han sido ocupados por terrazas de hoteles y restaurantes. Marc explica que organizaron recientemente un evento donde un gran grupo de personas se reunió para comer en una plaza pública. No fue una cena acogedora. La policía local intentó moverlos y los amenazó con ser multados, alegando que ellos estaban "impidiendo el libre paso de los peatones".

"Los negocios pueden alquilar estos espacios para campañas publicitarias y sin embargo, las personas no pueden reunirse a comer juntas en un espacio supuestamente público... La nueva ley nos impide ser una población que pueda criticar libremente". Marc se refiere a la controvertida "Ley Mordaza", la cual regula las protestas en espacios públicos y prohíbe aquellas que se celebren sin previo permiso. 

Feliciano es feliç

No todos los mallorquines coinciden con Marc. Feliciano, dueño de un pequeño bar llamado Merendero Minyones cerca del altamente turístico Passeig del Born, explica como incluso trabajos que parecen no estar relacionados con el turismo se han beneficiado del impulso en la actividad en la ciudad. Él afirma que, aunque muy pocos de sus clientes son turistas, sus fieles son una mezcla de trabajadores de la construcción, vendedores ambulantes, mecánicos, operadores turísticos, camareros y camareras cuyas sustentos dependen del turismo. "Esta ciudad depende del turismo. Ninguno de nosotros tendría trabajo sin el turismo. Es imposible hablar de Mallorca sin el turismo". Feliciano también se apresuró a señalar la composición cada vez más cosmopolita de su barrio: "Donde una vez hubo residentes con un perfil social y cultural muy reducido, ahora tengo vecinos de todas las nacionalidades, razas, orientaciones sexuales y edades". Feliciano ve el incremento de la diversidad en su barrio como una huella positiva de lo que el turismo ha dejado en su ciudad.

Sin embargo, lo que la gente a menudo olvida cuando apoya el argumento de los beneficios económicos es preguntarse quién realmente se beneficia de estas ganancias. Es evidente que el turismo masivo en Mallorca genera enormes sumas de dinero, ¿pero estas repercuten en la mayoría de la población de la isla? 

"Hasta aquí hemos llegado"

Una organización que ha estado intentando desenmascarar el mito popular de que el turismo es igual a prosperidad económica es Front comú en defensa del territori. En una recaudación de fondos para un documental que esperan lanzar en 2018, uno de sus miembros explicó los orígenes y objetivos del movimiento: "Queremos mostrarle a la gente el efecto real del turismo en las personas que viven en Mallorca. Siempre se nos dice lo beneficioso que es el turismo para nuestra economía pero la realidad que experimentamos es diferente. Es cierto que ahora dependemos del turismo ¿pero es esta relación saludable y sostenible? Lo hemos depositado todo en el modelo del turismo ¿pero qué pasa si la burbuja estalla? ¿Qué pasa si hay un impulso en los precios del petróleo y el coste de viajar sube? Necesitamos establecer una relación más saludable con el turismo urgentemente. En los últimos años las cifras han aumentado y aumentado. Estamos al nivel de récord mundial y la isla está en un punto de saturación".

Durante la protesta del veintitrés de septiembre, testimonios de inquilinos desalojados y empleados de hotel mal pagados fueron leídos en medio de abucheos y vítores de la multitud. Contrastaban los supuestos beneficios del turismo masivo con la realidad de los vecinos. Los organizadores hablaban de reclamar lo perdido en la vida mallorquina, que fue arrebatado por una economía dependiente del turismo. Las protestas se produjeron en Passeig del Born, donde está ubicado el bar de Feliciano, hogar de tiendas de diseñadores y restaurantes de lujo. El passeig disecciona el centro de Palma, y llega a su fin junto a los Jardines Reales y la Catedral, ambos emplazamientos extremadamente populares para los turistas. Los vecindarios circundantes muestan claramente los síntomas de gentrificación que Ciutat per qui l'habita quiere evitar.

Angels Isern y Llucia Juan, ambas de treinta años, asistieron a la manifestación y explicaron sus razones para hacerlo. Angels y Llucia expresaron sus frustraciones por el alza de los precios de los alquileres en Palma y la dificultad que ellas y sus amigos han tenido por intentar encontrar alojamiento. "Ahora es imposible encontrar un apartamento en Palma por menos de ochocientos euros al mes. Hace unos cuantos años habría sido mucho más fácil porque los turistas se hospedaban en hoteles y resorts, y visitaban la ciudad por un día o dos", dijo Angels. Llucia explicó cómo el modelo era algo que los propios habitantes originalmente habían alentado: "Queríamos visitantes para que conocieran la isla. Yo siempre les decía: 'Deberías alquilar un coche y explorar la isla. No solo te quedes en la piscina del resort'. Queríamos integrarlos en la cultura local y que interactuaran con los habitantes. Pero ahora, con AirBnB y las autopistas abarrotadas de coches de alquiler, no estoy segura de que haya sido un cambio positivo".

"Solíamos tener playas secretas donde podíamos ir, y sabíamos que no estarían llenas de turistas, pero ahora, gracias a Internet, es fácil para los turistas alquilar un coche y buscar las mejores playas y bahías escondidas. Sitios escondidos en las montañas y pueblos pintorescos a los que hemos ido siempre, ahora están llenos de turistas y los precios han subido en todos lados". explica Angels con tristeza.

El turismo ha ayudado a hacer de Mallorca una de las zonas más ricas de España, pero está claro que los jóvenes lo están encontrando cada vez más difícil entrar en el mercado de las viviendas y encontrar empleos estables. Las plataformas digitales y el deseo de los turistas por vivir una experiencia auténtica han tenido un impacto significativo en los residentes de la isla. El aumento de los precios de alquiler y los espacios públicos abarrotados significa que los mallorquines constantemente entran en contacto con los turistas y las réplicas del turismo masivo. Pero hoy, los residentes se están enfrentando a la música y corean: "Hasta aquí hemos llegado".

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