Turquía en su sitio

Artículo publicado el 24 de Mayo de 2004
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Artículo publicado el 24 de Mayo de 2004

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La polémica está servida: ¿Hay que negar o no la adhesión de Turquía a la Unión europea? Quienes se lo cuestionan no tienen buenas razones para hacerlo.

¿«Nueva cuestión de Oriente» o fiebre turca ? Algunos partidos politicos, en Francia el UMP en torno a Alain Juppé, y en Alemania los democrata-cristianos de Edmun Stoiber, han creido oportuno lanzar una piedra manifestando su oposición a la entrada de Turquía en la Unión. El fenómeno se extiende como una mancha de aceite obligando a unos y otros a tomar posición haciendo pasar a veces el resto de las cuestiones electorales a un segundo plano.

Este debate tiene tres puntos de interés creciente. Oculta, al menos de momento, la vacuidad del discurso sobre Europa y sus dirigentes políticos nacionales y sus partidos: mientras se critica a Turquía, se evitan los temas que molestan: un bajo crecimiento,la Constitución en espera, el futuro de la Unión. Ofrece, en definitiva, la ocasión de un debate transnacional: en el continente algunos se estremecen al pensar que los turcos puedan estar a las puertas de Bruselas, y no lo ocultan. Podría ser positivo, si ello sirve para que los europeos discutan juntos sobre quién debe pasar el umbral de la casa común.

Un proceso largo

También permite sacar a la luz cuestiones de fondo sobre el proyecto político europeo y su futuro. Plantearse la adhesión de Turquía, es pensar en las fronteras de una Unión que podría extenderse hasta Irak. Supone reflexionar sobre la dimensión geoestratégica de la construcción europea: con un pie en Asia, la UE podría asegurar su acceso a los recursos energéticos del Caspio y el Golfo Pérsico. Se pueden inventar nuevas formas de cooperación que favorezcan la democracia, la prosperidad económica y la estabilidad en los mercados de Europa. Elaborar un diálogo entre culturas que, en estos tiempos de fanatismos, pueda ser la contrapartida de las ideologias. Preguntarse a cerca de la gobernabilidad y la democratización de una estructura política cuya población contase con la población constante de Bulgaria, Rumanía y Turquía, más de 55O millones de ciudadanos. Este dossier de café babel, como los detractores de Turquía, no dará respuesta a tantas preguntas, demasiado extensas para lo que nos proponemos. Queremos responder a la polémica a través del debate.

El proceso de adhesión de Turquía a Europa no es ni un fenómeno reciente, ni próximo a su conclusión. Turquía firmó un acuerdo de asociación con la comunidad europea en 1964, candidatura implícita, anterior a una demanda de adhesión formal en 1987. La cumbre de Helsinki en diciembre de 1999, indicaba que Turquía «es un país candidato que tiene por vocación unirse a la UE sobre la base de los mismos criterios que los que se aplican a los otros candidatos». Estos «criterios de Copenhague», definidos en 1993, especifican que todo candidato a la adhesión debe satisfacer ciertos estándares en materia política (democracia, Estado de derecho, respeto a los derechos del Hombre y protección de las minorias) y económica (economía de mercado viable capaz de resistir a la competencia en la UE)

Prórrogas europeas

La evaluación del respeto de estos criterios por parte de Turquía será presentado en un informe de la Comisión que debe ser entregado durante el mes de noviembre. Si la opinión de la Comisión fuese positiva, podrían abrirse las negociaciones de la adhesión. Este procedimiento es idéntico al que han conocido los países que acaban de entrar en la UE el 1 de mayo. Estas negociaciones pueden durar varios años (de cinco a diez años), antes de que Turquía entre efectivamente en la UE. Por tanto, el proceso de adhesión de Turquía está dotado de una vida autónoma, a priori fuera del alcance de los cambios políticos de los responsables europeos. Es lamentable que una vez más, un asunto importante de la construcción europea se haya concluido a espaldas de los principales interesados, los ciudadanos europeos. Un punto de vista que compartiremos con los euroescépticos. O bien podemos felicitarnos, porque Turquía, sobre la única base de su capacidad de reformarse para confrontarse a unos criterios objetivos, obtendrá al fin una respuesta a una cuestión que Europa que no ha dejado de aplazar. ¿Las reformas puestas en marcha para satisfacer los criterios de Copenhague han llegado a buen término? Estos son los temas que merecen ser aclarados y sobre los que café babel quiere centrarse en este dossier.

Turquía no esta preparada

Se puede añadir otro criterio, este último más bien político. La adhesión a la UE representa algo más que la firma de un tratado o la pertenencia a un mercado único. Porque la construcción europea es un trámite político voluntario, adherirse a la UE supone manifestar su adhesión a un proyecto político, fundado en los valores compartidos, y llevado a cabo con una visión común del futuro. Los turcos no parecen atreverse a decirnos si comparten esta visión. No porque estén indecisos, sino porque nosotros mismos no estamos seguros del proyecto político que podemos ofrecer. Porque la cuestión no es seguramente «Turquía puede adherirse a la Unión», sino «¿a qué visión política va a adherirse Turquía?». ¿Quienes posicionan Turquía en el centro del debate electoral tienen la respuesta a estas preguntas? No, así que prefieren equivocarse de calendario y de argumentos. Se equivocan porque Turquía no está preparada, los mismos turcos lo reconocen, y no deberían adherirse a la Unión hasta que no pase una decena de años. Se equivocan porque los argumentos que utilizan -geográficos, históricos, culturales y religiosos-, en lugar de utilizarse pensando en el futuro y en un proyecto político, se repliegan en sí mismos con un espíritu cerrado, enlazando con el pasado. Se equivocan porque en pleno periodo electoral tienen acento populista.