Turquía: la novia desengañada

Artículo publicado el 27 de Febrero de 2004
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Artículo publicado el 27 de Febrero de 2004

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Desde hace casi 40 años Turquía espera la acogida en la familia europea. Ahora la oposición alemana pregunta qué les parecería una “cooperación privilegiada” en vez de ser miembros de pleno derecho.

Este hombre sabe hacer amigos. Durante su estancia en Ankara el canciller alemán Gerhard Schröder no tuvo que esforzarse mucho por hacerse querer. Su postura en el tema destacaba por encima de las demás: La integración completa de Turquía como Estado miembro en la UE. Y se correspondía completamente con los deseos de sus anfitriones. Si la Comisión Europea viese cumplidos los criterios de Copenhague, “se deben empezar inmediatamente las negociaciones de ingreso”, señaló el canciller.

Cuanto más le habrá gustado escuchar estas palabras al jefe de gobierno turco Tayyip Erdogan, ya que no hace ni diez días que se vio expuesto a la opinión enteramente contraria con motivo de la visita de la líder de oposición alemana Angela Merkel. Ella rechazaba el comienzo de negociaciones sobre la entrada y hacía referencia a las “circunstancias dentro de la UE” que hacían imposible la entrada turca. “Los problemas están ahora mismo en la UE”, dijo Merkel.

Religión y Derechos Humanos

Pocas veces se han visto tan claramente expuestas las opiniones opuestas como en los diferentes mensajes de estos dos viajes de Estado alemanes. Los argumentos apenas han variado desde hace muchos años en los diferentes campos.

Los opositores a la entrada temen, si se diera el caso de un estado miembro turco, una inundación de los mercados laborales por turcos inmigrantes. Además consideran que la UE estará empleada los siguientes doce años a tiempo completo en la integración de los 10 del 1 de mayo de 2004. También reina el escepticismo general ante un país islámico, que, como sabe muy bien resumir el jefe del partido afín al CDU, el CSU, Edmund Stoiber, “tiene un trasfondo social completamente distinto”, no se ha desvanecido enteramente, a pesar de los paquetes de reforma y las equiparaciones constitucionales de Turquía. Además se añade la pregunta, aún sin resolver, sobre Chipre y una desconfianza justificada respecto al respeto de los Derechos Humanos.

Por el otro lado ha ganado la posición geopolítica de Turquía, con sus fronteras a Siria, Irak e Irán, últimamente muy importantes. La importancia de un compañero de confianza en una de las regiones más explosivas del mundo es incuestionable, más aún cuando dispone del 2º ejército más grande de la OTAN. Además podría, según la opinión de los que apoyan una Turquía integrada, servir como modelo para todo el Oriente Próximo como paradigma del ir conjunto de un estado islámico con valores occidentales.

Una alternativa real

Estos hechos, así como la sensibilidad del elector alemán frente a la cuestión turca, han movido al CDU a mostrar cierta originalidad en su intento de solución, para el que ahora también hizo propaganda Merkel en Ankara: “ofrecemos (a Turquía) una cooperación privilegiada”

Este concepto de “3ª vía” ofrece a Turquía, en vez de ser miembro de pleno Derecho, un estatus especial en su relación con la UE, que se extiende más allá de la ya existente unión de aduanas. Sin embargo, no prevé fuera de la política de seguridad y defensa el derecho de codecisión turco. En concreto tiene la Unión en mente la creación de una zona de libre comercio que incluya todos los tipos de mercancías y que a medio plazo incluso permita el tráfico de capital libre. Pero el mercado laboral europeo permanecerá cerrado por un tiempo. Además, se les concedería poner en perspectiva la ampliación de los programas de ayuda, en los que pesan las medidas para el fortalecimiento de la población civil.

Donde más se atreve el programa, y sorprende poco, es en la colaboración dentro del marco de la política exterior y de seguridad. Conversaciones con regularidad para facilitar el desarrollo de “estrategias comunes”, sobre todo ”participaría Turquía directamente” en la “planificación y organización” de un grupo de intervención rápida e independiente de la OTAN, con asiento de ministro de defensa en el Consejo de política de seguridad e incluso representantes permanentes en el consejo militar europeo.

Europeos de 2ª clase

Las reacciones turcas han sido tan recatadas que no pasan por descorteses. Una cooperación privilegiada “no está prevista en nuestra agenda” replicó simplemente Erdogan, mientras que el político de exteriores turco Eyyüp Sanay espera sin muchas ganas de consenso, “que cambie la postura del CDU”.

La clara declinación no tiene que sorprender a nadie. A Turquía ya se le puso en 1964 una incorporación en perspectiva cuando el pacto de asociación con la CEE y desde la cumbre de Niza 2000 recibe ayudas, como le corresponde a su estatus de candidato a la incorporación oficial. En marzo de 2001 el gobierno turco aprobó un paquete de reformas amplio, con vistas a conseguir los criterios de Copenhague.

En otras palabras, Turquía se cree de camino directo a Europa. ¿Quién espera seriamente las gracias por una propuesta que no contiene ser miembro de pleno derecho?

Además, sobre el concepto de cooperación privilegiada recaen fácilmente las sospechas de ser de provecho unilateral a favor de la UE. Todos los deseos fundamentales de la UE se ven cumplidos, especialmente el de ganar a Turquía como compañero estratégico en Oriente Próximo y la posibilidad de impulsos económicos a través de la zona de comercio libre, sin tener que pagar por ello el precio completo.

Para Turquía esta “alternativa real” no es una opción. Y el CDU/CSU debería replantearse, como probable partido gobernante de Alemania a partir de 2006, qué puertas se están cerrando ahora en Ankara. Según la visión de Stoiber se debería emplear el modelo de cooperación privilegiada también con otros estados como Rusia o Ucrania. A lo mejor funciona sin que signifique un retroceso evidente en el proceso de acercamiento a Europa, que es justamente lo que hace esta solución inaceptable para Turquía.