Ucrania: ¿el despertar inesperado?

Artículo publicado el 6 de Diciembre de 2004
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Artículo publicado el 6 de Diciembre de 2004

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Las elecciones presidenciales en Ucrania y los acontecimientos que las han rodeado han sido denominados como la “revolución naranja”. Pero ¿qué consecuencias tendrá todo ello en relación a la UE?

Las implicaciones de esta revolución se están sintiendo no sólo a nivel interno sino también internacional. Mientras los acontecimientos se desarrollan en la capital, Kiev, al menos dos cosas han resultado evidentes: primera, que el espacio post-soviético es todavía inestable; y segunda, que este espacio es objeto de rivalidad entre Occidente y Rusia, por una parte, y la ciudadanía y las elites nacionales por la otra. La desilusión y desconfianza con las actuales elites político-económicas han dado como resultado una movilización masiva que prepara el camino para reformas institucionales y de otro tipo. Ahora bien, para asegurar la victoria, la revolución fraguar no sólo a nivel interno, sino también internacionalmente.

Rusia y la CEI

El Kremlin ha apoyado activamente al “presunto ganador" Viktor Yanukovich. Muchos ucranianos han considerado esto como una interferencia de Rusia en los asuntos internos de un estado amigo, pero independiente. El tradicional apoyo ruso a los candidatos pertenecientes a la elite gobernante ha resultado contraproducente en el caso de Ucrania. Demonizando al candidato de la oposición, y calificándolo de ultra-nacionalista (y por ello anti-ruso), el Kremlim se ha posicionado a favor de Viktor Yanukovich, un candidato de turbio pasado que está más que dispuesto a aprovecharse del cliente ruso, pero no a crear a cambio condiciones favorables para las empresas rusas en Ucrania.

La actual crisis en Ucrania ha planteado algunas preguntas sobre el futuro de las relaciones entre Rusia y Ucrania, y ha abierto un gran interrogante sobre el futuro de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) en su estado actual. Más aún, el destino del proyecto de Espacio Económico Común o Edinoe (Ekonomicheskoe Prostranstvo apoyado por Moscú), para Rusia, Ucrania, Bielorrusia y Kazajstán es también una incógnita. La idea de crear un “imperio liberal” que circulaba por Moscú un año atrás ha quedado obsoleta; Ucrania se ha desligado de Rusia en su historial democrático debido, en gran parte, al despertar de la nación en las últimas semanas. Lo que hará Rusia con la CEI, una de las mayores prioridades en su política exterior, es ahora una incógnita. Existen varios escenarios posibles, desde fortalecer su política energética con respecto a la CEI (especialmente con Ucrania), hasta hacer evolucionar la CEI hacia un club más íntimo con los amigos más cercanos incluyendo los países de Asia Central y Bielorrusia. Sin embargo, a día de hoy es difícil imaginar la CEI sin uno de sus miembros clave, por ello la “batalla por Ucrania” no ha terminado.

El papel de la UE

La UE se ha visto sorprendida -más que entusiasmada- por el despertar de Ucrania, lo que ha incrementado las preocupaciones sobre dos asuntos: sobre si la revolución dará lugar a una disolución del país, creando una situación completamente nueva e inestable en las fronteras orientales de la Unión; y sobre la lejana posibilidad de incluir una Ucrania democrática en la Unión Europea. No existe ninguna duda que, si Viktor Yushchenko llega a presidente, el país probablemente renovará sus aspiraciones europeas. Ello representaría un problema para la UE que está valorando la posibilidad de poner fin a futuras ampliaciones orientales, excepto Rumania y Bulgaria. El objetivo actual de la UE -y en un futuro previsible- será el de asegurar una transición pacífica desde el actual sistema de gobierno hasta otro donde el equilibrio de poderes esté repartido de forma más ecuánime entre el Presidente, el Primer Ministro y el Parlamento.

Es importante que sea la UE, antes que Rusia o los Estados Unidos, quien tome el liderazgo de la mediación en la situación en Ucrania. Dado que Rusia está unida de forma clara y ha proporcionado apoyo evidente a Viktor Yanukovich, no puede realizar esta función y se necesitará tiempo antes que Moscú recupere su imagen entre la ciudadanía y las elites de Ucrania. El compromiso directo de EE UU apoyando tácitamente la revolución no será bien recibido, ya que, además, la política exterior de EE UU es polémica en Ucrania. Por otro lado, la mujer de Yuschenko tiene la ciudadanía estadounidense, lo que está considerado por muchos como un punto débil en el perfil de Yuschenko. Como resultado de la crisis en Ucrania, los EE UU y la UE parecen estar descubriendo la posibilidad de cooperar conjuntamente en los asuntos internacionales; desafortunadamente Rusia ha terminado por quedar marginada, pero cabe esperar que sólo temporalmente.