Ucrania no quiere ser solo la vecina de Europa

Artículo publicado el 15 de Septiembre de 2008
Artículo publicado el 15 de Septiembre de 2008
Ucrania acepta la ayuda proveniente de la UE, pero no quiere ser considerada un país simplemente ‘cercano’ a Europa. Tras los acontecimientos en Osetia del Sur, la UE debería dar a Ucrania una clara perspectiva de su posible admisión a miembro

“Al menos se podría llamar la política de vecindad de la Unión Europea", enfatiza a los periodistas de la UE Konstyantin Yelisieyev, el segundo al mando de la embajada de Ucrania en la Unión Europea. Al igual que Lituania, Ucrania asegura tener el centro geográfico de Europa en su territorio. Su estado no necesita seguir yendo hacia Europa; ellos nunca se alejaron en términos de cultura, mentalidad y estilo de vida. ¿Están los ucranianos, quienes piensan que han estado en Europa todo el tiempo, preparados para incorporarse a la UE?

Humanos, no cerdos

Las cuestiones que dividen a la sociedad y a los políticos ucranianos es la decisión de cuál debería de ser la velocidad óptima de las reformas. Nataliya Prokopovich, un miembro del partido politico Our Ukraine, está convencida de que cada fuerza política aplica su propio contenido a la integración con la UE. Después de que el presidente emitiese un decreto en junio del 2007, el parlamento retomó las operaciones pospuestas durante una semana para elaborar la legislación relacionada con la pertenencia a la OMC y la integración con la UE. Los políticos trabajaron haciendo caso omiso de sus rencillas particulares.

Tal y como dice un farmacéutico de edad media de Kiev, la UE está asociada en primer lugar y principalmente con el orden. “Es importante ser seres humanos, no cerdos, para poder trabajar y ganar dinero; es esencial que todo esté claro” explica, tras hacer referencia a su concepto del orden alemán. Dos jóvenes de 21 y 22 años de Kiev dicen que aunque a ellos no les interesa la política, votarían a favor del acceso a la UE si hubiese un referéndum. Ellos asocian la UE con mayores oportunidades. Los jóvenes ucranianos irían alegremente a ganar dinero a otros estados, pero luego volverían.

Champán, mantequilla y chocolate

©katesheets/flickrEn el 2002 una ley ajustó la legislación ucraniana al marco legal de la UE, pero el consejo para la coordinación interparlamentaria empezó su trabajo incluso antes. Existe un comité para la integración europea en el parlamento. Desde la fabricación de coches a la educación, el país trata de hacer sus deberes. La aplicación de los estándares de la UE en Ucrania, a la que no ha sido otorgada una promesa de pertenencia ni siquiera en un futuro distante, es un fenómeno que no afecta solo a Ucrania. El Financial Times dice que las leyes europeas son más estrictas, permitiendo que los negocios se sientan más seguros: si pueden manejar a la UE, entonces satisfacen al resto. Los vecinos de la UE, tales como Suiza, Noruega, los Balcanes y las regiones del Norte de África y Europa del Este no tienen muchas opciones; la transferencia de la legislación de la UE es la única manera de facilitar el comercio.

©Matvey Andreyev/flickr

Muchos son los logros obtenidos en los sectores económicos de la aviación, la industria y la agricultura en Ucrania. Pero cuando uno entra en el inmenso mercado Bessarabio en el corazón de Kiev, puede ver grandes trozos de carne expuestas sobre las mesas, sin las mínimas condiciones de conservación. Cualquiera puede comprar cigarrillos en la calle; en algunos lugares son vendidos de uno en uno, sin empaquetar. Un colega nunca ha visto un taxímetro. El taxi no tiene ni una luz ni una línea a cuadros. Mientras se ajustan a los estándares de la UE, los ucranianos deberán aprender lo que puede ser descrito como champán, mantequilla y chocolate, tal y como tuvieron que hacer los lituanos no hace mucho. La gente en Ucrania todavía está acostumbrada a contar sus salarios y otras grandes cantidades en dólares (no euros y ni siquiera grivnas). Otros problemas mayores, más sistemáticos y enfatizados por la UE son la corrupción, la falta de transparencia y los estrechos vínculos con Rusia. “Ningún estado puede tener una unión aduanera con dos unidades económicas si éstas no tienen una unión aduanera entre ellos” aseguran los funcionarios de la UE.

Necesitamos tiempo

Para muchos ucranianos, la política de vecindad de la UE no implica un tratamiento igualitario. Las dudas de la UE sobre interrelaciones profundas son una cuestión de dignidad personal. Konstyantin Yelisieyev recuerda un joven grupo musical al que obligaron a cantar delante de la embajada de un estado miembro durante horas para convencer a los diplomáticos de que los jóvenes festivaleros no eran terroristas o potenciales inmigrantes ilegales.

Por otro lado, los ciudadanos de todos los estados de la UE, excepto los que accedieron a la unión en 2007, pueden viajar a Ucrania sin necesidad de visados. Este dificultoso y a menudo humillante proceso debería ser simplificado. Incluso hay gente que sale del país para firmar contratos ya apalabrados con sus vecinos europeos, y a menudo les son denegados los visados. Ya existe un acuerdo para estudiantes, científicos y hombres de negocios para seguir un procedimiento más simple. Sin embargo, se deja a cada estado miembro la decisión de cómo implementarlo.

Las autoridadess ucranianas admiten que su país necesita tiempo para ser considerado uno más de la familia. Sólo ahora diplomáticos, políticos y periodistas se están deshaciendo de la costumbre de nombrar Ucrania con el artículo delante, lo cual hace hincapié según dicen, sobre el significado literal del nombre del país en Eslavo Antiguo: “el Borde”. Los lingüistas patrióticos desearían que en ruso la tradicional gramática de “sobre Ucrania” fuese descartada a favor del más general “en Ucrania”. Y es que, descontentos con su constante status de ser “el borde”, Ucrania no quiere ser la nueva periferia de Europa.

El viaje del autor a Kiev fue organizado por el Centro Europeo de Periodismo así como por la Asociación de Iniciativas Periodísticas de Ucrania. La versión original de este artículo fue publicada por primera vez en Lituania en el semanal “Atgimimas” en 2007.