UE-Canadá: Valonia se opone al CETA

Artículo publicado el 20 de Octubre de 2016
Artículo publicado el 20 de Octubre de 2016

El pasado martes, los ministros de comercio europeos no lograron ponerse de acuerdo para firmar el CETA (El acuerdo económico y comercial global entre la UE y Canadá), por lo que la decisión se aplazó. La resistencia a la firma proviene de Valonia, la parte francófona de Bélgica. ¿Están arruinando los valones una gran oportunidad para Europa o le están haciendo un gran favor a sus ciudadanos? 

"Si no es con Canadá, ¿entonces con quién?"-Hospodářské noviny, República Checa 

El periódico checo Hospodářské noviny manifiesta su desconcierto frente al posible fracaso del CETA tras siete años de negociaciones: "Tras la decisión del Brexit, la UE ha querido demostrar que los otros 27 países también pueden salir adelante. Pero la vergonzosa disputa acerca del CETA es la prueba de que ni siquiera se ponen de acuerdo en la liberalización del comercio con Canadá. Los valones y unos cuantos más están poniendo todo patas arriba. Sin embargo, el asunto no solo tiene que ver con los agricultores valones, que son quienes les tienen miedo a los productos canadienses modificados genéticamente. El asunto gira en torno a todos aquellos que consideran que el tren de la globalización se acaba de marchar, pues no quieren renunciar al mundo que conocían hasta ahora, aun cuando éste se caiga por su propio peso. Si no llegamos a un acuerdo con Canadá, que es de los pocos países que comparten muchos de nuestros valores, ¿con quién vamos a continuar estableciendo acuerdos comerciales en plena globalización?" (19/10/2016)

"Estructurar la globalización en vez de bloquearla"-Neue Zürcher Zeitung, Suiza

El Neue Zürcher Zeitung también muestra su decepción y declara que este acuerdo se ha negociado siguiendo los intereses de la UE: "[Canadá ha] apoyado la idea de la UE, que pujaba por la construcción de tribunales de arbitraje para resolver conflictos entre inversores extranjeros y los Estados. Esto supondría una superación de los puntos flacos que tenían hasta el momento los Tribunales Arbitrarios. Todo esto se encuentra a años luz de la imagen distorsionada que quieren ofrecer sus oponentes, quienes describen el CETA como una dictadura de los grupos de empresas que invalidan el Estado de Derecho y la democracia. Quienes no quieran detener la globalización, sino estructurarla, necesitarán precisamente estos acuerdos mientras no se produzcan mejoras multilaterales en la organización del comercio mundial. Por otro lado, quienes estén en contra del CETA deberán preguntarse si realmente rechazan todo tipo de liberalización de comercio, lo que supondría defender los derechos de los nacionalistas de la economía. Si así fuese, también deberían estar dispuestos a soportar las negativas consecuencias en el crecimiento y el empleo".  (19/10/2016)

"Los valones populistas se están cargando todo"-Jyllands-Posten, Dinamarca

El Jyllands-Posten teme que Europa está desaprovechando una gran oportunidad: "En una época en la que los actores principales se decantan por el proteccionismo, en la que el comercio mundial se encuentra paralizado y el crecimiento económico global y, por con siguiente, el mercado laboral sufren, los tratados de libre comercio desempeñan un papel esencial. Desde la Segunda Guerra Mundial, el libre comercio ha salvado a cientos de millones de personas de la pobreza mediante la creación de crecimiento económico y de empleo. Sería intolerable que un puñado de valones populistas acabasen con un tratado de libre comercio tan amplio, del que la mayoría de europeos podrían beneficiarse". (19/10/2016

"El CETA, en el centro del debate europeo"-De Morgen, Bélgica

De Morgen se resiste a criticar a los valones: "¿En qué están pensando?, se dice a la gente a lo largo y ancho de Europa. Las mismas exclamaciones se escuchaban tras el referéndum sobre Ucrania en los Países Bajos o tras la votación del Brexit. Está claro que las opiniones del pueblo se consideran una amenaza para la democracia. La disputa acerca del CETA llega al núcleo del debate sobre la democracia europa. ¿Debe un país miembro (o parte del mismo) decir no, cuando el resto de Europa ya ha dicho ? Tanto si a los economistas de Twitter les gusta como si no, este tipo de acuerdos ya no encuentran el apoyo entre un número cada vez mayor de ciudadanos europeos. La oposición frente a los megatratados abarca desde los populistas de derecha euroescépticos hasta los votantes de izquierdas. Si no se oprimen las críticas legítimas, llegará un punto en el que el proyecto europeo explotará a través de un voto electoral, tal y como ya ha sucedido en Inglaterra".(19/10/2016)

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