UE e Irán : hipocresía o sincera ceguedad?

Artículo publicado el 15 de Julio de 2003
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Artículo publicado el 15 de Julio de 2003

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¿Está Europa ciega de hipocresía o bien hace la vista gorda sobre las violaciones de los derechos humanos en Irán?

En su libro “Poder y Debilidad”, Robert Kagan describe a Europa como un mundo post-histórico, donde puede cómodamente darse al proceso de decisión en política extranjera una estructura multilateral, consistiendo sobre todo en una cooperación por medio de tratados internacionales como el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, el tratado sobre la prohibición de las minas antipersona, el Protocolo de Kyoto, sin mencionar a las instituciones de las Naciones Unidas. Y Kagan se pregunta justamente: ¿ Es esta actitud el producto de la virtud o de las circunstancias?

La pregunta de Kagan se refiere a los dirigentes europeos, pero ¿qué pasa con los ciudadanos? Tras las protestas por la paz en Irak y la omnipresencia de Chirac en primer plano se esconde la pregunta siguiente: los millones de personas que se echaron a la calle, ¿eran en realidad más anti-Americanos que pro-Irak o pacificistas? Y la misma duda nos lleva a preguntarnos: en este silencio sepulcral, ¿dónde está la muchedumbre que da gritos en nombre del pueblo de Irán? ¿Es posible que la sacrosanta soberanía de un Estado cruel y dictatorial importe más que los derechos civiles y humanos de casi 70 millones de Iraníes?

Entonces, ¿qué puede hacer Europa ?

Con el fracaso de Jatamí, les falta a los estudiantes y sus apoyos de la clase media un líder bien definido. Aunque defienden el derecho a la protesta, Presidente Jatamí y su hermano, lideres del Partido reformador, procuraron desvalorizar a los manifestantes. El presidente no se expresó hasta el octavo día de las protestas, declarando: “Si los que se oponen al sistema no representan más que las 200, 500 o 1000 personas que sacan provecho de los problemas de los estudiantes, pues, estamos orgullosos de ser tan fuertes.” Algo bastante espantoso es su reinterpretación “creativa” de los acontecimientos (el gobierno reconoció más tarde la detención de más de 4000 personas) y la manera en que nos recuerda las tácticas tantas veces utilizadas por el régimen mismo: la manipulación voluntaria de la interptretación de los acontecimientos que priva a los Iraníes de su libertad de acción, diciéndoles que no son nada más que peones de fuerzas externas- los Americanos, en general. De la misma manera, su hermano ha condenado no sólo a los milicianos por ser “ golfos”, sino también a los manifestantes que gritaban eslóganes ofensivos contra los dirigentes del régimen.

Entonces, ¿qué puede hacer Europa? Primero, tomar una posición. Ya sea por razones de oportunismo económico o por mera provincialismo, callan (pero despues de esos siete años, ¿ se puede todavía creer sinceramente en las capacidades reformistas de Jatamí en el ámbito de la teocracia?). Europa y los Estados que forman su Unión podrían intentar, por esta vez al menos, inspirarse de un hombre que menosprecian demasiado: el Presidente Bush. El 18 de junio pasado, éste se dirigió en público a las “almas bravas que no vacilan en defender su libertad en Irán” y declaró: “América se queda lealmente a su lado, y le ruego a la administración iraní que les trate con el más grande respeto.” Por supuesto, mientras el resto de la comunidad internacional no diga nada, el régimen iraní podrá manipular este tipo de declaraciones para llevar más lejos su retórica anti-americana. El régimen tendría mucho más dificultades para defenderse contra un coro de voces del que Europa formaría parte. Claro, eso no significa que Jatamí sea el problema. Es evidente que con él se da un paso en la buena dirección. Pero hay que admitir también que, si no queremos encontrarnos atrapados por la hipocresía, es evidente que Jatamí sólo no será suficiente.

La Unión, primer colaborador comercial de Irán

Segundo, Europa necesita desarrollar propuestas específicas en el ámbito de una política coherente que transforme las palabras en hechos. Desgraciadamente, las conclusiones de la conferencia del Consejo Europeo sobre Irán el 16 de junio 2003 apenas mencionan (una vez solamente, y rápidamente) la necesidad de mejorar la situación en lo tocante a los derechos humanos, mientras que las cuestiones relativas a la energia nuclear aparecen en 6 de las 7 conclusiones. A pesar de todo, propuestas como la que fue presentada ante el Parlamento hace poco, pidiendo al Consejo Europeo que presione al régimen iraní para que autorice un referéndum sobre la democracia, bajo la vigilancia de observadores internacionales independientes, representan un primer paso prometedor. Por supuesto, cualquier referéndum sobre la democracia representaria también, de facto, un referéndum sobre un cambio significativo de la constitución iraní. Aunque es la marca de una “democracia” islámica joven, la Constitución iraní representa también el obstáculo más resistente a una verdadera democracia en Irán: limita los poderes del Parlamento elegido subordinándolos a un consejo de eclésiasticos que no sean elegidos. Ellos pueden invalidar cualquier ley votada por el cuerpo legislativo, simplemente decretándola violación de la ley islámica. En resumen, la presión diplomática, y la presión económica si es necesario, son, en ese orden, las armas que Europa, primer socio comercial de Irán, podría utilizar para jugar un papel mayor.

Tercero, los ciudadanos europeos, levantando la voz en la calle y en los medios, también pueden ayudar a esclarecer las políticas ambiguas de sus dirigentes. Estos incitan a los dirigentes iraníes a tomar el camino de una reforma pacífica, mientras asisten a la violación de las libertades básicas: más de 100 revistas reducidas al silencio, sitios internet censurados, manifestantes pacifistas detenidas arbitrariamente... Tenemos que esclarecer nuestra posición, ciudadanos y dirigentes, para que el régimen iraní, y sobre todo los estudiantes iraníes, sepan de qué lado estamos.