Un día en el Parlamento Europeo de Estrasburgo

Artículo publicado el 28 de Julio de 2009
Artículo publicado el 28 de Julio de 2009
Una semana al mes el Parlamento Europeo viaja a Estrasburgo para tomar decisiones. El microcosmos europarlamentario rueda a toda prisa en el edificio Louise Weiss. Pero ¿cómo se trabaja en realidad?

Nueve y media pasadas. Solo 30 de los 785 asientos del salón de sesiones plenarias Lowhem, en la sede del Parlamento Europeo están ocupados. Se desarrolla un acalorado debate sobre telecomunicaciones entre un puñado de europarlamentarios en una sala desierta. Se presentan cuestiones vitales como el libre uso de internet o los derechos de los ciudadanos en la materia, pero la sala todavía está vacía.

La jungla desierta 

“Es la última semana de sesiones antes de las elecciones, así que todo lo que no se ha tratado antes debe verse ahora”, explica Constantin Schäfer, estudiante Erasmus de Alemania y becario de Anja Weisgerber, eurodiputada del Partido Popular Europeo. El trabajo del Parlamento se divide en semanas: Primero se trabaja en comités para preparar propuestas que después se discuten en grupos, y en la tercera semana todo el mundo incluidos cocineros y asistentes, se traslada a Estrasburgo para debatir y votar. Mi sorpresa es mayúscula: ¿¡dónde está todo el mundo?!

(Image: ©Soili Semkina)

“La gente está trabajando en sus oficinas. Vienen de todas direcciones”. Schäfer sabe de lo que habla. Como asistente es uno de las piezas claves de ese puzle que es el Parlamento Europeo. Cada parlamentario tiene entre dos y cuatro asistentes que de todo excepto tomar decisiones. La labor de un asistente va desde la investigación previa, preparar discursos, responder correos electrónicos y, según la independencia del europarlamentario, incluso reservar citas en la peluquería o rellenar su calendario por él. También controlan lo que va pasando en la sesión plenaria gracias a que en cada oficina hay una televisión donde se va transmitiendo el curso del debate en directo. Los diputados sólo acuden a las sesiones si tienen algo que decir, de lo contrario, lo consideran una pérdida de tiempo. Así son las cosas: el vagón avanza tan rápido que hay que centrarse para permanecer a bordo. “Los eurodiputados no tienen tiempo de entrar en detalle de todo lo que acontece en el Parlamento, por lo que muchas veces llaman a sus partidos para conocer su opinión y hablar con diferentes lobbies. La pregunta sería a qué lobby hacer caso", explica Schäfer.

(Image: ©Soili Semkina)

¡Toma de decisiones en 15 segundos!

(Image: ©Soili Semkina)Cuando se habla de Parlamento Europeo, se tiene que hablar de idiomas. Las tecnologías modernas me permiten colocarme los auriculares, sintonizar la lengua que prefiero y disfrutar de la monotonía con la que se expresan los intérpretes fineses. Es un idioma que no se escucha mucho en la UE, así que es la excusa perfecta para empezar una conversación con un extraño con el que no tienes nada en común. En el Café des Fleurs, uno de los tres cafés del Parlamento, oigo a un hombre hablando finés por teléfono. Pàsi Moisio, SKAL, transporte finés y logística. Deduzco de la tarjeta de visita que me entrega con tanta rapidez que debe ser un lobista. Me ofrece una taza de café pero pide vino para él. Y eso que ni siquiera es mediodía.

“Van a votar hoy”, sonríe. Él forma parte, en efecto, de un grupo de presión sobre la “organización del horario de trabajo de los transportistas. Ha estado en el orden del día durante once años hasta hoy”, explica Moisio mientras su mirada parece buscar a alguien nerviosamente. Antes de terminar su vaso se levanta y escapa para seguir la votación del mediodía.

Son casi las doce. Lowhem comienza a llenarse poco a poco, es la primera vez que veo el hemiciclo lleno y en pleno movimiento. Podría llevar años tramitar legalmente los asuntos, pero con el sistema actual de voto, la votación termina en 15 segundos: a favor, en contra, abstenciones, a favor, en contra, abstenciones, es duro seguir los resultados. Las manos suben y bajan de manera ordenada y predeterminada. En las filas de cada grupo político hay una persona que con su pulgar hacia arriba o abajo indica a los otros parlamentarios el sentido del voto. En 45 minutos, el espectáculo habrá terminado, las propuestas siguen adelante o son rechazadas, y los eurodiputados desaparecen más rápido de lo que aparecieron.

El bullicio nunca para

(Image: ©Soili Semkina)Se hacen amigos muy fácilmente en el Parlamento. De nuevo, en el Cafe des Fleurs me encuentro con un periodista que me invita a una fiesta con cócteles. A las cinco y media de la tarde aparece con la eurodiputada a la que ha entrevistado, la austriaca Paul Rübig. La fiesta celebra el quinto aniversario de la ampliación de la Unión. A una parte de la sala le interesa el champagne, a la otra Barroso. "Es un evento social importante donde puedes hablar informalmente", cuenta Rübig sobre la fiesta de cócteles. "Aquí puedes pedir declaraciones a cualquiera de los presentes", afirma dejando escapar una sonrisa. Las cinco es una hora demasiado temprana para un cóctel. Deambulo por los pasillos del Parlamento y veo un libro abandonado sobre una mesa con manchas de vino, 'Europa redescubierta, PSE, Grupo socialista del Parlamento Europeo' se titula. No solo la derecha sabe comunicar.

(Image: ©Angela Steen)El día llega a su fin. El peregrinaje del sinfín de grupos de turistas alemanes sigue de un santuario a otro –el edificio del Parlamento Europeo en miniatura, la fila de banderas de los países comunitarios y la tienda de souvenirs europeos– hasta llegar a su fin. Los debates continúan hasta medianoche, aunque -dicen- no tienen mucha importancia; se discute sobre el vino rosado y las prácticas enológicas, el proceso democrático en Turquía y la revisión general del reglamento.

Sin embargo, se ha dejado mucho por decir. Lobistas amigos de las focas contaminan a diario el Parlamento con adorables focas pequeñitas y llenan de spam los correos electrónicos de los europarlamentarios con cientos de mensajes llamando al voto en contra de productos derivados de las focas. Esto vuelve loco a los asistentes que se encuentran al abrir el correo con 600 mensajes nuevos. También se extiende una sensación de nostalgia en el Hemiciclo por tratarse de la última sesión plenaria para muchos de los parlamentarios. Aun así, el bullicioso edificio no estará inactivo. Como me comentó durante el día Jean Quatremer, periodista francés, la velocidad con la que aquí avanza todo es alucinante: “Si estás de vacaciones tres semanas la realidad habrá cambiado”.