Un día en la resistencia LGBT de Cracovia

Artículo publicado el 7 de Abril de 2014
Artículo publicado el 7 de Abril de 2014

Polonia es uno de los países de la UE que ofrece peores condiciones de vida al colectivo LGTB. Según diferentes estudios, uno de cada tres entrevistados ha sido atacado o amenazado con violencia por su condición sexual en los últimos tres años. Nos acercamos a la situación de esta comunidad a través de Mikolaj Czerwinski, un joven activista gay que lucha por los derechos de la comunidad LGTB.

Po­lo­nia puede re­sul­tar un lugar insólito para al­guien que ha cre­ci­do en un país me­di­te­rráneo de la Eu­ro­pa Oc­ci­den­tal. Más allá del cen­tro histórico, la ciu­dad man­tie­ne el as­pec­to sólido y dis­ci­pli­na­do de su pa­sa­do soviético y sin em­bar­go un flujo cons­tan­te de gente rompe con la mo­no­to­nía de las férreas líneas. Es sor­pren­den­te, in­clu­so para al­guien como yo, ori­gi­na­rio de un país tan pío como España, que cada tres es­qui­nas los de­vo­tos en­tren y sal­gan sin cesar de las múlti­ples igle­sias de la ciu­dad.

Mi­ko­laj Czer­wins­ki es un joven ac­ti­vis­ta gay  que lucha por los de­re­chos de la co­mu­ni­dad LGTB (les­bia­na, gay, tran­se­xual y bi­se­xual) en Cra­co­via a través de la aso­cia­ción Cul­tu­ra de la To­le­ran­cia. Nos reuni­mos por pri­me­ra vez con él en uno de los pocos bares gays de la ciu­dad, si­tua­do en el ba­rrio judío de Ka­zi­mierz. Al en­trar, va­rias pin­ta­das neo­na­zis en la puer­ta nos dan la bien­ve­ni­da. "Hace justo dos días un ex­traño nos in­sul­tó a mi pa­re­ja y a mi a solo dos ca­lles de aquí, sin nin­gu­na razón", nos cuen­ta con una nor­ma­li­dad que en­tris­te­ce. Mi­ko­laj es un tipo cor­pu­len­to y sus ges­tos tras­mi­ten una tran­qui­li­dad que no acom­paña a lo que narra. Es­tu­dió In­ge­nie­ría Mecánica en In­gla­te­rra y tras haber tra­ba­ja­do en va­rios países de África, hoy a sus 23 años com­pa­gi­na su tra­ba­jo en este bar con sus es­tu­dios en Ges­tión Cul­tu­ral.

La co­mu­ni­dad LGTB es ob­je­to de burla cons­tan­te por parte de la clase política y ecle­siástica. Según Mi­ko­laj, el sim­ple hecho de vivir con tran­qui­li­dad su­po­ne un ata­que para una cier­ta parte de la so­cie­dad po­la­ca. Un sim­ple beso a su pa­re­ja en público puede su­po­ner un escándalo o, como le ha ocu­rri­do a ami­gos suyos, su con­di­ción se­xual puede ser una razón su­fi­cien­te para no ser aten­di­dos en un hos­pi­tal. Desde hace dos años, Mi­ko­laj se bate por los de­re­chos de la co­mu­ni­dad LGTB par­ti­ci­pan­do en va­rias aso­cia­cio­nes queer a nivel in­ter­na­cio­nal. Además, junto con otros com­pañeros, Mi­ko­laj lucha por cam­biar el rumbo de las cosas desde la joven aso­cia­ción que coor­di­na, Cul­tu­ra de la To­le­ran­cia.

El espíritu re­li­gio­so y cier­ta­men­te con­ser­va­dor de una gran parte de la so­cie­dad po­la­ca no ayuda a nor­ma­li­zar la si­tua­ción de la co­mu­ni­dad LGTB en el país es­la­vo. Según el último es­tu­dio de la Agen­cia de la UE para los De­re­chos Fun­da­men­ta­les (FRA) sobre la si­tua­ción de este co­lec­ti­vo, entre 2011 y 2012, un 35% de las per­so­nas en­cues­ta­das su­frió agre­sio­nes o ame­na­zas a causa de su con­di­ción se­xual. En el caso de vio­len­cia psi­co­lógica las ci­fras se sitúan por en­ci­ma del 58%, lo que puede re­sul­tar alar­man­te, en es­pe­cial tratándose de un país co­mu­ni­ta­rio. Además, según el in­for­me Si­tua­tion of LGTB Per­sons in Po­land – 2010-2011 Re­port, uno de los pocos es­tu­dios rea­li­za­dos sobre la ma­te­ria en Po­lo­nia, al­re­de­dor del 40% de las per­so­nas agre­di­das físi­ca­men­te lo han sido más de tres veces. Tam­bién llama la aten­ción que el 70% del co­lec­ti­vo en­cues­ta­do tenga miedo a mos­trar su orien­ta­ción se­xual en la es­cue­la o el tra­ba­jo por temor a ser dis­cri­mi­na­do y que el 38% haya pen­sa­do algún vez en sui­ci­dar­se. 

Desde el in­gre­so de Po­lo­nia en la UE y sobre todo con el cam­bio de go­bierno en el que la coa­li­ción de de­re­cha dejó paso al ac­tual Pri­mer Mi­nis­tro Do­nald Tusk, de cen­tro-de­re­cha, la si­tua­ción del co­lec­ti­vo ha me­jo­ra­do le­ve­men­te. No obs­tan­te, la si­tua­ción a la que se deben en­fren­tar los miem­bros del co­lec­ti­vo LGTB sigue sien­do com­pli­ca­da. La vida de Mi­ko­laj, como la de mu­chos otros ac­ti­vis­tas, se ve obli­ga­da a trans­for­mar­se en una lucha cons­tan­te por de­fen­der lo más básico: el res­pe­to mutuo. Sin em­bar­go, este com­pro­mi­so con uno mismo, como el que de­mues­tra Mi­ko­laj, puede lle­gar algún día a cam­biar el fu­tu­ro de la so­cie­dad po­la­ca. 

Este re­por­ta­je forma parte de la edi­ción cra­co­via­na del pro­yec­to de EU­to­pia: Time to Vote. El pro­yec­to está co­fi­nan­cia­do por la Co­mi­sión Eu­ro­pea, el Mi­nis­te­rio de Asun­tos Ex­te­rio­res de Fran­cia, la Fun­da­ción Hip­pocrène y la Fun­da­ción de Char­les Leo­pold Mayer.