Un Kosovo blindado por la indiferencia

Artículo publicado el 17 de Febrero de 2006
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 17 de Febrero de 2006

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Mientras que las negociaciones de la ONU sobre el estatus final de Kosovo se abren el próximo 20 de febrero, albaneses y serbios sostienen todavía posturas irreconciliables: "independencia total e inmediata" quieren los albaneses; "simple autonomía" los serbios.

Enero 2006, Orahovac, pequeña aldea del sur de Kosovo. Después de 6 años y medio, la vieja broma aún hace sonreír a Rodoljub. "¿Sales esta noche? Tengo ganas, pero hay algo que me lo impide, ya veremos mañana." Este serbio de 23 años que vive a menos de 200 metros del centro de Orahovac, sólo ha ido "tres o cuatro veces" desde 1999, fecha desde la cual la Misión Internacional de Naciones UNidas para Kosovo (MINUK) administra la provincia de Kosovo. Nunca va andando, sino en el coche de una ONG.

En Orahovac, los serbios constituyen todavía una minoría que va reduciéndose poco a poco. La aldea tiene unos 22.000 habitantes, entre los cuales hay 500 serbios. Eran 2.000 antes de la guerra. Dos millones de habitantes viven hoy en Kosovo: un 90% de albaneses y un 5% de serbios, o sea cerca de 100.000 personas. Situado en un pequeño valle cercado por laderas vinícolas que han creado la reputación del vino de la región, el centro de Orahovac se resume a una calle principal, flanqueada por casas en construcción que crecen sin ley como champiñones. A un lado de la colina, el barrio serbio ofrece sus calles en pendiente, sus viejas casuchas y un silencio aplastante. Entre los dos barrios, una franja de tierra de nadie hace las veces de frontera. De la parte inferior del barrio serbio sólo quedan unas ruinas calcinadas, estigmas de las revueltas de marzo de 2004 que arrasaron todo Kosovo. A Rodoljub le gusta contemplar su aldea desde lo alto de la colina que ofrece un punto de vista inexpugnable sobre Orahovac y desde la cual señala sus recuerdos de adolescente. "Allí está mi colegio, el Vuk Karadzic, que lleva hoy un nombre albanés. Allá, el campo de fútbol donde jugábamos juntos. Nosotros formábamos un equipo, el de Orahovac."

Vivir juntos

En cambio, en la parte albanesa el ambiente es otro. Tiendas, mercadillos, numerosos cafés y la plaza central al pie de la gran mezquita construida después de la guerra. "Queremos mostrar al mundo que aquí hay vida", dice Burgin, de 20 años. Para ello, tiene una pasión: el rap. Junto con su grupo, sueña con grabar un CD. Cuando se abordan las condiciones de vida de los serbios de la aldea, Burgin y sus amigos afirman en coro detestar la política. Sin embargo, entre los jóvenes albaneses de Orahovac existe la consciencia de un pasado común. Algo que resultaría extraño en el resto de Kosovo; en Orahovac la mayoría de los jóvenes hablan el serbio, mejor dicho, el orahovaco, un dialecto que mezcla serbio, albanés, turco y macedonio. "Utilizamos esta lengua porque hemos vivido todos juntos", recuerda Nihad, otro de los miembros del grupo de hip hop, "pero después de lo que ha pasado, no es fácil perdonar". Otro chico del grupo dice en inglés: "Serbs are so little", ("¡los serbios son tan pocos!"), una impresión que recoge el sentimiento general.

Ramadan Salja, profesor de Historia y director de una de las escuelas del centro de Orahovac, explica que el malestar es sobretodo social. "La indiferencia de los jóvenes se explica porque aquí no hay trabajo, ni perspectivas, y están tan inquietos por ellos mismos que son incapaces de preocuparse de los demás. Sobre todo de los serbios". Sin embargo, el profesor es categórico: "debemos vivir juntos, incluso si los serbios no han comprendido todavía que se han convertido en una minoría. Ellos no deben seguir mirando de reojo a Belgrado sino ser ciudadanos de un Kosovo unido". Una condición necesaria para la "creación de un Kosovo multiétnico, con derechos idénticos para serbios y albaneses. Todo depende de la buena voluntad de los serbios".

Clima eléctrico

Kaela Venuto, directora de la ONG alemana "Schüler Helfen Leben", está convencida de que la reconciliación pasa por la juventud. No obstante, la ONG se ve compelida a construir dos albergues diferentes, uno para los albaneses y otro para los serbios. Sin embargo, todos los años, se organiza un curso de esquí multiétnico. En enero, una veintena de serbios, albaneses y gitanos vivieron juntos durante una semana. El objetivo deseado era que las relaciones creadas sobre las pistas de esquí perduraran. "La semana pasada", explica Kaela Venuto, "tres adolescente serbios fueron solos andando a ver a sus amigos albaneses, algo nunca visto en Orahovac". El próximo fin de semana, los participantes se encontrarán en una fiesta en uno de los tres bares del barrio serbio. Antes de esto, los padres deberán asistir a una sesión donde se proyectarán las fotos de las vacaciones en la montaña. En este programa se incluyen también cursos de informática multiétnicos.

Siete años después del final de la guerra, estas iniciativas son una excepción. A pocos días de la apertura de las negociaciones sobre el estatus de Kosovo, conducidas por el antiguo presidente finlandés Martti Ahtisaari, la situación parece más precaria que nunca. Con el tiempo, los serbios viven en una semi resignación que inquieta a los actores sociales locales. Para Zvezdan Moravcevic, periodista local, esta resignación se ha transformado en pasividad. "Solicito la ayuda de todo el mundo para que mi página web sobre la vida cotidiana de Orahovac se mantenga viva, pero no hay nada o casi nada de ayuda. Me encuentro solo en la tarea y a título vluntario", nos confía decepcionado. Rodoljub finge haberse habituado a la situación y asegura no tener ninguna necesidad de ir a la parte albanesa. "Francamente, ¿qué haría allí? Ése es el problema, no conozco a nadie, no tengo ningún amigo albanés. El miedo está en nosotros, es más fuerte que nosotros", subraya el estudiante. Nenad, su vecino, estima que en la actualidad sólo hay un punto en común entre los serbios y los albaneses de Orahovac: los cortes de electricidad. "Cuando nosotros tenemos electricidad, ellos no la tienen, y a la inversa. A eso también, hemos acabado acostumbrándonos."