¿Un país de jauja o un caso de reorganización?

Artículo publicado el 25 de Julio de 2005
Artículo publicado el 25 de Julio de 2005

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Suecia tiene la reputación de ser el modelo económico nacional de Europa: asistencia social de la cuna a la tumba, Knäckebrot para todos y mucho mercado libre. ¿Se valorará como es debido también la reputación del país de los pagadores felices de impuestos si le echamos un segundo vistazo?

En las décadas posteriores a la segunda guerra mundial surgió en Suecia una política nacional como si fuera el caso práctico de un libro de texto: un gran crecimiento del producto nacional bruto (PNB), combinado con pleno empleo, una estabilidad económica notable, así como una distribución de la renta uniforme. La causa de este prototipo económico nacional hay que buscarlo posiblemente en que en Suecia, más que en ningún otro país europeo, ante todo eran determinantes dos objetivos para la política económica y social: por un lado, la seguridad económica, y por otro, la igualdad que se expresaba en especial en la disminución de la diferencia de ingresos y en la lucha contra el hambre.

El modelo de muestra

Un vistazo a las estadísticas del Eurostat pone al descubierto una imagen del todo positiva de la situación económica sueca: en 2004 el PNB por persona estaba, de acuerdo con el nivel adquisitivo, en un 16% por encima del promedio de los 25 países miembro de la UE y desde hace ya años sueco crece con más fuerza que el PNB de la UE. La tasa de desempleo se encuentra en un moderado 6,3% y la tasa de inflación en un 1,1%.

Los datos de referencia económicos no dejan lugar a dudas: un país puede marchar bien económicamente y crecer si se gasta mucho dinero en lo social y los impuestos son elevados. Suecia es un modelo de muestra económico. Y las delegaciones extranjeras se encaminan hacia Suecia con el fin de conseguir algún consejo para imitar su Estado del bienestar. Pero, ¿constituye Suecia un modelo?

No es oro todo lo que reluce

Echando un segundo vistazo al Estado del bienestar sueco queda de manifiesto que conlleva también un florecimiento no deseado de una gran cantidad de servicios de asistencia social complementados con un sector público inmensamente grande, unos impuestos considerables y unas normas estrictas. En lo que concierne a los impuestos, Suecia es el líder europeo: en 2003, el país tenía una presión fiscal conjunta de un 51,4% mientras que la Europa de los 25 sólo llegaba al 41,5%. Suecia, junto con Dinamarca, ocupa el nada glorioso primer puesto del impuesto sobre el valor añadido con un 25%. Las cargas fiscales exorbitantes junto con la densidad normativa que ello conlleva conduce a que mucha gente se aparte del Estado. En la población sueca se propaga cada vez más el sentimiento de que se encuentran bajo la tutela estatal y de que se les ha privado de cualquier tipo de libertad de decisión. Como consecuencia, la gente evita el sistema y para ello, sólo quien pueda permitírselo, renunciará a la seguridad pública y se pondrá en manos de los hospitales privados o mandará a sus hijos a colegios privados. De esta forma surge un segundo sistema paralelo al oficial que crece permanentemente. Mientras tanto, disminuye la calidad del sistema estatal.

Crece el mercado negro

También en el trabajo, los suecos se deciden por el mercado negro más flexible y con menos impuestos. Las malas lenguas dicen que la economía sumergida ha sido el único sector creciente de la economía sueca. En 2003, el sector no oficial alcanzó, según los cálculos del catedrático de la Universidad de Linz, el Dr. Friedrich Schneider, el 18,6% del PNB. La economía sumergida condujo a un círculo vicioso: Cuantos más hombres se dedicaban a trabajos “fraudulentos” menor se hacía la base imponible de los impuestos. Y, finalmente, para poder soportar que el gasto público se mantuviera constante se tuvieron que aumentar de nuevo los impuestos lo que estimuló de nuevo el trabajo fraudulento. Además de llevar, como consecuencia, a una competencia injusta o incluso ruinosa para la economía oficial. La gran presión fiscal condujo también a una fuerte pérdida de la productividad, ya que cada vez más hombres eligen una mayor libertad, si apenas sale rentable el trabajar más. O emigran al mercado negro. La productividad sufre también con la compensación generosa en caso de enfermedad y con el amplio catálogo de motivos para el absentismo laboral justificado, lo que genera en Suecia una gran cantidad de tiempo de abstención.

Entonces, ¿puede servir Suecia de modelo de cambio del amplio Estado social? La Historia da a Suecia la razón, y los impuestos no se suben hasta el infinito. Con la tutela estatal que provoca que se extienda la rabia de los ciudadanos, parece haberse excedido el límite. Se dice que el tiempo identificará dicho límite antes de que el sistema se colapse. La distribución no se puede generalizar, el afianzamiento social no puede convertirse en un estímulo para la holgazanería.