Un puente muy europeo

Artículo publicado el 2 de Enero de 2007
Artículo publicado el 2 de Enero de 2007

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La construcción del "2º Puente sobre el Danubio" entre Bulgaria y Rumania lleva años de retraso. Está previsto que comiencen las obras en 2007, gracias a la ayuda de la UE.

El ferry parte por fin. Son las 7:30 de la mañana y Borislav Aljoshev ha tenido que esperar dos horas a la intemperie a que saliese. El barco, que lleva un par de camiones y a una docena de personas, se desliza al amanecer sobre el Danubio. Lo único que se oye además del ruido del motor es el trino de los pájaros; las dos orillas del río están desiertas.

La travesía desde la ciudad búlgara de Vidin a la población rumana vecina de Calafat dura unos 20 minutos. Pero la hora de llegada nunca está muy clara: el ferry sólo parte cuando hay suficientes camiones a bordo.

Cinco euros al día

“Me veo forzado a hacerlo”, dice Borislav Aljoshev. “No se puede vivir del aire.” Este hombre de 40 años es su propio jefe; al igual que varias personas más en el primer barco, se gana el pan con el comercio de reventa. Antes, Aljoshev trabajaba en las empresas estatales en Vidin pero la mayoría cerraron tras la caída del comunismo.

En el mercado, en Rumania, vende dulces búlgaros y detergente, y lleva a Bulgaria productos textiles rumanos. Según sus propias palabras, dependiendo de lo que esté más barato y de la demanda. Si las cosas van bien, gana unos cinco euros al día. “Si hubiese trabajo en Bulgaria, me quedaría aquí”, asegura.

Símbolo de la Europa unida

Puestos de trabajo y un paso fronterizo sin complicaciones: eso es lo que debe traer consigo el “2º Puente sobre el Danubio”, un proyecto de 234 millones de euros entre Vidin y Calafat. Más de la mitad de los fondos los aportarán el programa ISPA de la UE y el Banco Europeo de Inversiones. El puente debería haber estado listo para la entrada de ambos países en la UE, como símbolo de una Europa unida. Pero no ha sido así.

Los desacuerdos sobre el emplazamiento, la burocracia y los problemas con la financiación retrasaron el comienzo de la obra 3 años. El comienzo de las obras está planeado para 2007 y en 2010, como muy pronto, podrían comenzar a circular los primeros coches y trenes sobre la nueva conexión que une las dos orillas del Danubio. Este puente mejorará el cuarto corredor transeuropeo de transporte. Une Berlín con Salónica y Estambul, pasando por varios países europeos.

En la zona se espera que el puente traiga consigo un auge económico. “Las infraestructuras que se crearán en torno al puente supondrán un desarrollo económico", dice Petre Traistaru, alcalde de Calafat.

Para el de Vidin, Ivan Zenov, el puente es la “panacea que curará todos los males sociales y económicos de la región”. En los últimos años se ha podido constatar un mayor interés de los inversores. “Esperan a que comiencen las obras para poder poner en marcha sus planes de inversión.”

Emigración y envejecimiento

La región de Vidin queda en el extremo noroccidental de Bulgaria, en una zona fronteriza con Rumanía y Serbia. Esta región fronteriza padeció especialmente las consecuencias del embargo comercial durante la guerra de la antigua Yugoslavia.

Los mayores problemas hoy en día son la emigración y el envejecimiento de la población: los pueblos de los alrededores de Vidin están medio vacíos. Los jóvenes se marchan de la región y se van a las grandes ciudades o al extranjero (a Italia, España y Grecia). Asimismo, la tasa de paro de la región casi dobla a la tasa media de desempleo de Bulgaria, que en la actualidad es del 8,4%.

En la zona industrial de la periferia de la ciudad se caen a pedazos las antiguas empresas estatales. Antaño, la estación de bombeo “Vipom” llegó a dar empleo a 2.500 trabajadores. “Hoy en día, está privatizada y la plantilla es de 300 personas”, dice el director Ventsislav Pavlov, pero al menos la situación es estable. Él también espera mucho del nuevo puente. “Esperamos poder ampliar nuestros contactos. Vidin debe convertirse en la puerta de Bulgaria con Europa.”

Las relaciones con las poblaciones vecinas son buenas. Sin embargo, en los años noventa, Rumania y Bulgaria competían en el proceso de adhesión a la UE. A pesar de los muchos problemas compartidos, como la pobreza y la corrupción, no se quería cooperar y, mucho menos, aprender el uno del otro.

Satélite fiel

Bulgaria, “alumno ejemplar”, se sintió injustamente tratada durante mucho tiempo, ya que siempre se la metía en el mismo saco que a Rumania. Sin embargo, después de las medidas que Rumania adoptó contra la corrupción, Bulgaria se encontró de pronto más lejos de Europa que su vecino.

Durante el comunismo, Bulgaria estaba considerada como un fiel satélite de la Unión Soviética, mientras que la Rumania de Nicolae Ceausescu seguía un camino al margen de Moscú. Aún así, se construyó en los años cincuenta el "Puente de la amistad" entre Russe, en Bulgaria, y Giurgiu, en Rumania, que se convirtió en el único puente en sus 500 kilómetros de frontera común.

Mientras tanto, el ferry matutino ya ha llegado al puerto rumano. La orilla está llena de sauces. Detrás de los árboles se encuentra la pequeña ciudad de Calafat. Es la primera vez que cruzo a la otra orilla, dice Veselka Mateeva, una mujer de 42 años de Vidin. “Me alegro de que vayan a construir el puente.”

Entonces será mucho más fácil visitar el país vecino. A pesar de lo cerca que ha estado siempre, Veselka no se había dado cuenta hasta ahora de lo diferentes que son los tejados de las casas en Rumania. Está convencida de que “es necesario construir puentes entre las culturas”.

La autora es miembro de la red de corresponsales n-ost