¿Un Síndrome? La fiebre de las prácticas

Artículo publicado el 5 de Septiembre de 2005
Artículo publicado el 5 de Septiembre de 2005

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El fenómeno de las prácticas estudiantiles en el extranjero no cesa de crecer. ¿Cómo lo viven los jóvenes europeos? ¿Cuáles son los trucos que hay que seguir?

¿Verano: tiempo de vacaciones? Ni por asomo. Son muchos los jóvenes europeos que al inicio de septiembre están en su punto para una estancia estudiantil en el extranjero a modo de intermedio. Muchas licenciaturas exigen, de hecho, una de estas estancias de duración variable, normalmente de entre tres y seis meses.

Para venderse bien

Estas estancias son un instrumento de formación formidable y permite a los jóvenes estudiantes o recién licenciados orientarse en la elección de la carrera profesional. De hecho, en el actual escenario de "trabajo basura", un trabajo interesante, seguro y estable parece más bien un milagro. Para obtener un trabajo, se exige cada vez más a los aspirantes alguna forma de experiencia laboral que implique un currículum vitae mucho más rico y apetecible a ojos de los empleadores.

La redacción del currículum es por ello un paso fundamental. En pocas páginas se recoge la vida del candidato desde el punto de vista formativo, profesional y personal. Es este trozo de carta la que abre las puertas de las empresas. A los ojos de los empresarios los estudios son importantes, ciertamente, pero lo es también –si no sobre todo- la experiencia de campo.

Leonardo, mon amour

De ese modo, las universidades de la Unión Europea se han organizado y han previsto la creación de un programa que favorezca la inserción de los estudiantes en los mecanismos de reclutamiento. Se trata de verdaderas "oficinas de colocación" –fiel traducción del inglés placement office- que gestionan y aportan a las empresas informes, y firman convenios y contratos de formación. Ayudan y asisten a los estudiantes en la búsqueda de una práctica formativa adaptada a sus exigencias, intereses y aspiraciones.

El programa Leonardo, promovido desde la Unión Europea, es uno de ellos. Nacido sobre todo para estimular el intercambio entre países de la Unión Europea, representa hoy una de las mayores oportunidades para quien está a la búsqueda de estancias formativas en el extranjero, pero también en su país. El programa prevé además una pequeña suma económica: una de sus mayores ventajas.

De las fotocopias al aprovechamiento

Muy a menudo, las estancias no son retribuidas. Sucede así que se utiliza a los estudiantes como mano de obra de costo cero, y en el peor de los casos, estos ven naufragar sus expectativas originales sobre una formación cualificada. "No hago mucho, a lo sumo hago fotocopias u ordeno material de archivo. No estoy adquiriendo ningún conocimiento que pueda serme útil para mañana. No digo que sea inútil, pero… casi", dice Elena, que realiza un programa de dos meses en un centro para la reinserción al mundo laboral de antiguos reclusos.

¿Es éste realmente el destino de numerosos y talentosos aspirantes? Las experiencias de estancias formativas son muy personales y diversas. Michele, que ha realizado un programa de tres meses en la redacción de un diario local italiano, parece satisfecho: “Es cierto, he trabajado como un loco, comenzando a las ocho y terminando a las diez de la noche cada día, y gratis…, pero esta experiencia ha sido decisiva para aclarar las ideas sobre mi futuro profesional. ¡Hoy sé que quiero ser periodista! Si pudiera la haría de nuevo", dice el joven estudiante.

A veces, unas prácticas no son la vía directa hacia el contrato definitivo. David Sighele, redactor de un diario online, confiesa: "No podemos asumir a todos los que hacen prácticas en la redacción. Nos gusta pensar que es importante ofrecer también a estos jóvenes aspirantes a periodistas una oportunidad de vivir la vida de una redacción, de ofrecerles una verdadera experiencia formativa".

Una solución real a este problema, que tutelaría tanto a los estudiantes como a los empresarios, podría ser una red organizada de placement office gestionada desde la universidad con el apoyo de las instituciones, capaz de ofrecer a los estudiantes un reembolso por gastos de mantenimiento. Esto podría suponer una reglamentación del acceso a las prácticas, volviéndolas más justas y sobre todo accesibles a todos.

Las oportunidades son infinitas (instituciones locales, nacionales y europeas, empresas, ONG, organizaciones internacionales), pero hace falta estar atentos para tener garantías. Se deben crear por tanto las estructuras necesarias y los beneficiarios de las prácticas deberían estar siempre tutelados por un contrato formativo que establezca los deberes precisos de cada uno. Además, su actividad debería ser siempre supervisada por un tutor que les ayudara y diera apoyo.

La puerta está abierta. Las prácticas formativas son un paso obligado para todos los jóvenes que se adentran en el mundo laboral: que hay que cumplir sin miedo y con una buena dosis de convicción y atrevimiento. No queda más que tirarse de cabeza a por las solicitudes, para hacer de la propia formación algo más atractivo. La fiebre de las prácticas formativas continúa.