Un voto por una pastilla de jabón

Artículo publicado el 31 de Julio de 2006
Artículo publicado el 31 de Julio de 2006
En la húmeda cuenca del Congo, la campaña de las elecciones celebradas ayer se ha desarrollado entre pobreza, corrupción y verdaderos desafíos materiales.

A los hombres y mujeres del Mercado de Yasira no les ilusionaban los comicios de ayer en la República Democrática del Congo (RDC) y los beneficios de sus votos. "Esperamos regalos de los candidatos, en caso contrario no les votaremos," confesaba Lobela Lionda, de 20 años a la agencia IRIN.

Bodouin Lombelejale, de 43 años y padre de 12 hijos, se mostraba bastante pesimista acerca de de la eficacia de su voto: “Una vez que los candidatos sean elegidos, no les volveremos a ver y nada cambiará por aquí”, se lamentaba para luego sentenciar: ”¡Queremos ver ventajas desde ya!”.

Casi 10 años después de que un movimiento rebelde derrocase el gobierno del dictador Mobutu Sese Seko tras 32 años en el poder, el pueblo de la República Democrática del Congo ha tenido al fin la oportunidad de elegir democráticamente a su presidente y a 500 diputados. Sin embargo, a principios de junio, nadie en Yasira conocía la fecha de las elecciones. Aquí, en el interior del Congo, las noticias viajan despacio. Desde el aire, se vislumbran apenas algunas carreteras abiertas a lo largo de este enorme país por los colonizadores belgas, ahora engullidas por la naturaleza indomable. El reto de intentar llevar a cabo unas elecciones libres y justas en este país anárquico es enorme. El mercado de Yasira en el territorio Isangi es la zona comercial más grande de la zona, y sirve a una población de 500.000 habitantes. Se tarda varios días en llegar a Isangi en canoa o piragua desde Kisangani, capital de la provincia Nororiental de la RDC, a unos 1.000 km de la capital del país, Kinshasa. Propulsado por un motor fuera borda, el viaje por los ríos Congo y Lomami, atraviesa densos bosques y plantaciones abandonadas de palmeras entre edificios oficiales derruidos y fábricas abandonadas.

En avioneta, esta misma alfombra verde aparece moteada de banderas amarillas que sobresalen con la insignia del Partido del Pueblo para la Reconstrucción y el Desarrollo (PPRD), el partido político del Presidente Joseph Kabila, en el poder desde enero de 2001, heredando a su padre, Laurent-Desire Kabila, líder del movimiento revolucionario que desbancó a Mobutu.

Sin oposición visible

No se ve ondear banderas de ningún otro candidato a las elecciones. Como si la provincia oriental fuera un bastión seguro del joven presidente. Casi todos los observadores entrevistados de la red IRIN de periodistas dicen lo mismo: "Kabila tiene el dinero, así que ganará."

En el mercado de Yasira, un comerciante vende drogas sin licencia mientras otros ofrecen pescado ahumado, plátanos o pastel de cassava envuelto en hojas. Fuera de esto, la economía se encuentra en el dique seco. El electorado aquí, como en otros pueblos a lo largo del empobrecido corazón del Congo, está necesitado: "Queremos dinero, cervezas o camisetas," exclamaba un votante. En Kisangani, la gente se pasea en camisetas decoradas con imágenes y nombres de los candidatos un mes antes de que empiece la campaña oficial. "En medio de toda esta miseria, puedes comprar el voto de cualquier pobre hombre a cambio de una pastilla de jabón," dice la hermana Marie Madeleine Bofoe, directora del puesto de Caritas en Isangi.

Esto muestra una paradoja: unas elecciones que pretenden acabar con el despotismo colocan a toda una sociedad en la tesitura de especular con su futuro. "No sabemos nada acerca de los candidatos, y no tenemos ni idea de a quién votar", dice Bebale Bombole, un vendedor de pescado. Con más de 9.600 candidatos al parlamento y un periodo de campaña limitado a un mes, muchos votantes no podrán tomar una decisión sopesada.

Falta de información

La información llega a la población a través de la radio, pero en el mercado de Yasira, no se venden pilas desde hace más de un mes. Por lo tanto no ha habido más información para los electores. El precio de las pilas está fuera del alcance de muchos, un paquete cuesta 200 francos congoleños (unos 4 euros), cuatro veces más que la cuota mensual de un colegio.

Durante su presidencia, Mobutu saqueó las arcas del Estado, gastando el presupuesto nacional en yates y aviones privados, y un estilo de vida ostentoso en hoteles de lujo a lo largo y ancho de todo el mundo. Cuando Kabila padre entro en Kinshasa, la gente esperaba un cambio, pero ahora tienen miedo de que se repita de nuevo la Historia.

La corrupción abunda en la RDC. Un reciente escándalo desveló que 4 millones de dólares –casi la mitad del presupuesto oficial del país para doctores y hospitales– se perdieron en los pasillos del Ministerio de Sanidad. El dinero se había ahorrado gracias al plan de condonación de la deuda para algunos de los países más pobres del mundo.

Uno de los administradores de la ciudad de Isangi no niega los problemas de gobierno a los que su país se enfrenta: "No tenemos cultura política y las elecciones son algo nuevo para nosotros. La gente no tiene bases para hacer juicios de valor, los candidatos que reparten regalos lo tendrán más fácil y no juegan limpio con respecto a los otros."

Cuando este administrador fue requerido por el gobierno de transición hace un año, heredó una oficina dirigida por gente que no había percibido un salario en años. Sin ordenadores, ni siquiera contaban con máquinas de escribir o papel.

Con un presupuesto inicial de 3.000 dólares de un gobernador provincial, el administrador compró una piragua con motor para comenzar con un negocio que financiaría su oficina. También planeó comprar una motosierra para talar árboles y venderlos y así conseguir un sueldo para él y los otros empleados del gobierno. “En este país tienes que aviártelas como puedas", dice encogiéndose de hombros. "Es lo que se llama autogestión."