Una ciudad en transición: vivir y compartir en París

Artículo publicado el 28 de Junio de 2011
Artículo publicado el 28 de Junio de 2011
Una autonomía alimentaria de tan sólo cuatro días, la densidad de población más alta de Europa, una grave carencia de alojamiento: París tiene poquísimos recursos que ofrecer, y es la ciudad ideal para experimentar la transición. No es tan fácil: un joven alemán asume la tarea de explicar a los parisinos esta filosofía de vida.

La Transición: entre la permacultura y la resiliencia

“Intentad imaginar que tenéis la mitad de la energía que consumís cada día. Intentad imaginar que tenéis la mitad del petróleo que usáis para moveros tanto vosotros como las mercancías que usáis cada día. Intentad imaginar soluciones concretas para un pequeño pueblo de provincias que tiene que afrontar esta situación”. Así empezó, en 2005, la Fábula de la Transición; con un ejercicio que Rob Hopkins, un joven profesor de permaculta -la técnica agrícola que se basa en la energía biológica-, propone a sus estudiantes del Kinsale Further Education College. El objetivo final es demostrar que las soluciones existen pero, sobre todo, que se puede desarrollar la resiliencia de una pequeña comunidad, es decir, su capacidad de adaptarse rápidamente a las mutaciones de las condiciones externas, incluso con pequeñas acciones individuales.

La experiencia es todo un éxito. En 2006, Hopkin traza los primeros puntos de lo que luego será la Transición y los expone en el Energy Descent Action Plan. La teoría se vuelve pronto práctica: Totnes, en el sur de Inglaterra, es la primera comunidad que desde 2006 decide seguir la hoja de ruta de Hopkin, convirtiéndose así en la primera Transition Town. La idea se difunde rápidamente incluso fuera del país de origen. En 2008, las ciudades en transición reconocidas son más de 50 en todo el mundo.

Cabeza, manos y corazón: la transición a la conquista de París

Si las ideas de la transición habían funcionado en comunidades pequeñas de provincias, ¿cómo podrían transportarse a las grandes metrópolis modernas? La capital francesa ha sido una de las primeras grandes ciudades europeas en aceptar este reto.

Con sus 2,2 millones de habitantes, repartidos en una superficie de poco más de 100 km2, París es la metrópolis europea con mayor densidad de población. Para darse cuenta de lo preciado que es el espacio, basta saber que está en la cúspide de Europa en lo relativo a los precios del inmueble por metro cuadrado.

Es un referente del proyeto Villes en transitionRalph Bolke es el punto de referencia del movimiento Villes en Transition de París. Este alemán vive en Francia desde hace años, donde organiza congresos y encuentros sobre el tema. “La descubrí hace ya casi dos años. Para mí, que he estado implicado en el movimiento anti-globalización, la transición fue una nueva oportunidad positiva. Significó intentar imaginar soluciones, incluso aquí en París donde, a diferencia de Londres o de Berlín, apenas hay espacio. La transición no ofrece soluciones inmediatas, pero enseña a mirar alrededor para buscar nuevas”, dice Ralph.

¿Cómo se consigue conciliar un estilo de vida “en transición” con el trabajo y la familia? “A diferencia de la política, que busca encontrar soluciones a nivel nacional, la transición intenta hacerlo a nivel local y personal. Para ello, implica a todas las personas que nos rodean: nuestra familia, nuestros amigos y nuestro ambiente de trabajo. París es una ciudad muy individualista, donde las personas no se hablan entre ellas. La transición es abrir la puerta al vecino para buscar juntos una solución concreta a problemas particulares. La transición tiene que ver con las relaciones humanas. Es un estado mental y aunque hay un manual que indica un camino, no hay reglas fijas”.

París y la resiliencia: ¿un oxímoron?

“El concepto que está en la base de la transición es la resiliencia. Yo la he conocido directamente: en 2010, la erupción del volcán islandés, algo que estaba pasando a miles de km de mí, me impidió coger un vuelo. Fue una demostración de cómo dependemos del funcionamiento perfecto de un mecanismo más grande que nosotros. Si dejamos de lado por un momento las cuestiones ligadas a la dependencia del petróleo, podemos darnos cuenta de que hay infinitos factores que pueden atascar el mecanismo. Por ejemplo, hace dos años, por culpa de una huelga de transportistas, París se encontró sin respuesta ante los problemas de aprovisionamiento de alimentos. Este episodio demostró que la ciudad, cuando no tiene un abastecimiento continuo, tiene una autonomía alimentaria de tan sólo cuatro días. Es chocante darse cuenta de cómo algo ridículo como una huelga puede poner en serias dificultades a una gran ciudad. ¿Que pasará ante un imprevisto más grave si no existen planes para afrontar las crisis más simples?”

"Algo ridículo como una huelga puede poner en serias dificultades a una gran ciudad"

Entonces, ¿por donde empezamos? “Por las cosas más sencillas, como un huerto urbano pequeño. Se empieza por ahí para cambiar el modo de pensar de las personas. Aunque de ese huerto no recibas toda la comida que necesitas, podrás enseñárselo a tus amigos y convencerlos de hacer lo mismo”, responde Bolke.

Jardin partagés o la transición en el corazón de París

Se trata de un trabajo colectivoEn el corazón de París hay un pequeño rectángulo verde que escapa al hambre de espacio de Ville Lumière. Es poco más que un pedacito de tierra: un jardín rodeado de edificios que se esconde detrás de un portón del XV Arrondissement. El propietario, un anciano parisino, decidió donárselo de manera gratuita a un grupo de personas que ha emprendido el camino de la transición. Nace así un Jardin partagé: un huerto compartido. “No somos una asociación, solo un grupo de ciudadanos que ha elegido seguir el camino de la transición a pesar de vivir en una gran ciudad. Sólo en este huerto hay unas quince personas que se afanan cada día por convertirlo en algo productivo”, me explica Corinna, una de ellos. “Hemos empezado a reunirnos hace un año; después se presentó la ocasión de hacernos con este huerto para cultivarlo y lo hemos hecho. Nos gusta hacer cosas concretas, y aquí está el fruto de nuestro trabajo”.

Los resultados no se han hecho esperar: Corinna me enseña la lechuga, los tomates y las primeras fresas de la estación. “Estamos todavía lejos de la independencia alimentaria. Esto es sólo el principio, pero también es una manera de aprender a compartir nuestro tiempo libre con la familia y los amigos. Hasta hace dos años en Francia no había nada sobre la transición. Ahora, en cambio, hay muchos grupos, en París y fuera de aquí. Conozco otras experiencias parecidas a la nuestra en otros barrios, pero normalmente no nos comunicamos entre nosotros. Tenemos a alguien que se ocupa de los blogs para darnos a conocer pero yo, personalmente, prefiero el trabajo manual”.

Este artículo forma parte de una serie de reportajes realizados en París para el dossier A Green Europe on the Ground

Fotos: Portada, ©Giacomo Rosso, video/Youtube