Una Estonia más democrática y más tolerante

Artículo publicado el 5 de Marzo de 2007
Artículo publicado el 5 de Marzo de 2007
El centro izquierda estonio ha vuelto a ganar la elecciones. En Tallinn, la situación de la prensa demuestra una cierta inmadurez de esta joven democracia.

Tras años de comunismo, ¿Es Estonia ya una completa democracia? ¿Juega la prensa el papel que se merece en democracia? Raivo Palmaru, actual ministro de Cultura de este pequeño país Báltico nos traslada su opinión.

Este jefe de filas del Partido Reformista (centro izquierda), fue en su día fiel servidor del régimen comunista, al trabajar en el servicio cultural del comité central del Partido Comunista. Tras la caída del telón de acero, Raivo Palmaru fue nombrado mejor periodista de Estonia en 1995 y 1996. Como periodista de investigación, Palmaru ha publicado más de 500 artículos y manuales de comunicación, entre los que figura El poder de los medios en democracia.

¿Cómo se hizo usted periodista?

De casualidad. Mi profesor de literatura, que era también mi tutor, me solía decir: “Tú tienes que ser periodista”. Sin embargo, en mi fuero interno, yo siempre creí que mi vocación eran las ciencias. La vida da muchas vueltas y terminé trabajando en una redacción.

Describa la situación en el régmien comunista: ¿Las autoridades de entonces esperaban que los periodistas fuesen unos idealistas?

Es difícil contestar a esto. La verdad es que era fácil ser periodista en la Estonia soviética. Los periódicos no tenían substancia, eran verdaderas hojas de lechuga. Había poco trabajo. Un buen reportero bajo el régimen soviético no tenía que escribir más de un papel a la semana. Y aún así me paso. La sociedad estonia estaba muy cerrada. El sistema soviético ejercía mucha influencia sobre las conciencias. Aún hoy la tiene. Yo pensaba que los jóvenes de una Estonia libre sabrían superar esta influencia, pero compruebo que no es fácil.

A propósito del paso de esta sociedad cerrada un mundo nuevo, ¿está la prensa estonia a la altura? ¿Se le propone al lector una oferta lo bastante variada en cuanto a la información política y el análisis?

Lo que me molesta es la relación de Estonia con su pasado comunista. Igual que sucedía en la era soviética, los estonios ven a menudo la realidad bajo el prisma de la siguiente dualidad: “nosotros” y “los enemigos”. No creo que el pluralismo exista en toda su medida. Si asistimos a los debates, las posturas y los argumentos distintos no son muchos. Nos limitamos a las afirmaciones cáusticas y a las acusaciones. O estamos a un lado de la raya, o al otro. Sin términos medios. Estonia no posee aún una sociedad muy plural y tolerante que digamos.

Sus actuales relaciones con la prensa, como hombre político, ¿se han visto facilitadas gracias a su pasado de periodista?

No. Hubiera sido así si entretanto no me hubiera dedicado a aprender y enseñar teoría de los medios de comunicación. De hecho sigo dando clases en paralelo a mis funciones de ministro. Es esto lo que me permite ver los problemas de la prensa y no quedarme callado.

¿Es la prensa un cuarto poder en Estonia?

Quién sabe si no es el primer poder. El filósofo Michel Foucault dijo una vez que la sociedad se estructuraba con ayuda del discurso público. Calificaba esta prerrogativa de poder disciplinario. Hoy en día, no podemos recurrir al poder político tradicional, identificado con la voluntad y el poder, a menos que no se tenga otra cosa que hacer. Y eso que los medios conservan el poder del discurso. ¡Si sólo pasara en Estonia!.

¿Influyen los medios en la política estonia?

Sí, mucho. La prensa crea imágenes que no se corresponden con la realidad y los políticos adoptan sus decisiones según estas imágenes. Incluso los resultados electorales se ven influidos por esta representación mediática. La mala fe de los periodistas, dicho esto, no es el gran problema de Estonia. Apenas acabamos de salir de la caverna del comunismo y hay dificultad en encontrar referentes en la realidad circundante. Democracia y libre cambio son los nuevos eslóganes del Estado. Sin embargo, los estonios no tienen la impresión, ni colectiva ni individualmente, de vivir en un entorno de libertad y librecambismo. Necesitamos tres cosas: un mejor sistema educativo, sindicatos más fuertes –el sindicato estonio de la prensa, por ejemplo, es muy débil– y un mejor sistema judicial. En los medios estonios, las difamaciones, las violaciones del derecho de autor y los insultos son moneda de cada día. La justicia debería inmiscuirse más.

¿En qué sentido debe la prensa ser libre?

Debe ser libre por completo. Con un límite: la libertad de los unos termina donde empieza la de los otros. Responsabilidad y libertad son dos caras de una misma moneda. Es el mayor problema de la prensa estonia. La libertad en el sentido postsoviético no es la verdadera libertad, sino una manera arbitraria de comportarse. Se tiene la impresión de que todo vale sin tener que padecer sus consecuencias, sin deformar los hechos, sin ofender y manipular. La verdadera libertad está ligada a la responsabilidad. Los medios estonios son a veces irresponsables y, por lo tanto, no tiene libertad.

¿Está Estonia reparada para la aparición de revistas políticas fuertes con reportajes de investigación y artículos de fondo como por ejemplo los del The Economist o Der Spiegel?

No, y es por eso que entré en política. Mi país necesita reformas políticas para encaminarse más hacia la democracia. Pienso que el sistema electoral debe modificarse, al igual que el sistema de gobierno. Deberíamos abandonar el pluralismo radical y contraproducente. También debemos descentralizar el poder. Aquí existe una crisis del discurso de los poderes públicos, demasiado a menudo populista y retóricamente vacío. La política simplifica los problemas y propone a veces soluciones ineficaces. Estonia debe madurar, ser más democrática y tolerante.