Una Europa blanda en la crisis coreana

Artículo publicado el 10 de Marzo de 2006
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Artículo publicado el 10 de Marzo de 2006

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Corea del Norte ofrece la suspensión de su programa nuclear. Una ocasión para que la UE participe por fin en las negociaciones.

¿Qué estará pasando por la cabeza del dictador norcoreano Kim Jong-il? Durante estos últimos días, Corea del Norte no ha dejado de enviar señales contradictorias sobre su voluntad de arreglar, mediante la diplomacia, la crisis desencadenada por la reactivación de su programa nuclear hace ya más de un año. Estados Unidos, Corea del Sur, Japón, e incluso China y Rusia sólo esperan una cosa: que Pyongyang acepte participar en una nueva ronda de conversaciones a seis bandas tras el fracaso de las negociaciones en agosto de 2003 en Pekín. ¿Por qué la Unión Europea está tan a un lado en este proceso de negociaciones?

”Concesiones audaces” de Kim Jong-il

El martes 6 de enero, Corea del Norte propuso el cese de todas sus actividades nucleares, tanto civiles como militares. A cambio, Washington tendría que, de manera “simultánea”, borrar el nombre de aquel país del “eje del mal” y reiniciar sus entregas de carburante, suspendidas tras las revelaciones de sus programas nucleares en octubre de 2002. Una “concesión audaz”, según Kim Jong-il. También un giro, pues el lunes 5 de enero -la víspera- Corea del Norte proyectó un “retraso”, o incluso una “suspensión” de las negociaciones si Estados Unidos no daba un primer paso ofreciendo algo a cambio.

La nueva oferta de Kim Jong-il aparece el mismo día de la llegada de una delegación americana sin mandato oficial a Corea del Norte para una estancia prevista hasta el sábado 10 de enero. Se trata de un grupo de expertos encabezados por Syg Hecker, antiguo director del laboratorio nuclear americano de Los Álamos que, invitados por Pyongyang, podrían visitar por primera vez Yongbyon, el principal complejo nuclear norcoreano, tras la expulsión de los inspectores de la ONU a finales de 2002. Autorizando esta visita, parece que Kim Jong-il quisiera demostrar que efectivamente posee armas nucleares para abordar nuevas negociaciones con una posición de fuerza.

Débil contribución europea

Estas «concesiones» surgen tras la intensa actividad diplomática desplegada desde finales de 2003. A principios de diciembre, Estados Unidos y sus aliados surcoreanos y japoneses habían propuesto a Pyongyang por medio de China, una garantía de seguridad a cambio del fin de su programa nuclear. En este contexto, una delegación de la Unión Europea acudió a Corea del Norte pasando por Pekín, del 9 al 11 de diciembre.

La delegación, dirigida por Guido Martini, director general para Asia en el ministerio italiano de Asuntos Exteriores, habría reiterado el “firme apoyo” de la UE a las rondas de conversaciones a seis bandas. Uno de los miembros de la delegación, M. Westerlund, de la Comisión Europea, que fue interrogado acerca de la voluntad de participación de la UE, respondió que ésta “no quiere interferir en el proceso de las negociaciones nucleares”.

¿Por qué esta actitud tan asustadiza? La UE parece contentarse con su papel de simple socio capitalista, habiendo pagado unos 393 millones de euros de ayuda humanitaria y técnica a Corea del Norte desde 1995. La Unión no ha abandonado esta política diplomática “blanda”, dando un apoyo desde lejos a las negociaciones a la espera de una resolución de la crisis, para entonces entrar en escena.

En este momento en que parece que la situación se desbloquea, la UE debería auto invitarse a la próxima ronda de conversaciones. En la medida en que los europeos no tienen intereses militares en Asia, serían el mediador ideal del diálogo de sordos entre Washington y Pyongyang. Por un lado, los americanos quieren eliminar un “Estado granuja” responsable en parte de la proliferación de armas de destrucción masiva en el mundo; por otro, Kim Jong-il defiende la supervivencia de su régimen ampliando sus bazas con el tema nuclear. Se trata, por lo tanto, de una ocasión única para la Unión de poner su poder comercial al servicio del derecho internacional y de la conciliación pacífica de las diferencias. Dos nociones que hoy día, se pierden.