Una Europa de valores

Artículo publicado el 24 de Octubre de 2005
Artículo publicado el 24 de Octubre de 2005

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El marketing político-mediático sobre el modelo social europeo muestra que la cuestión es la piedra angular de la agenda de la Presidencia comunitaria británica. Si nadie pone en duda su existencia, ¿cuál es el quid de los valores comunes europeos?

Aunque utilizado de forma recurrente desde las Cumbres europeas de Niza y Lisboa, el término "modelo social europeo" no cuenta con una definición oficial. Entre divergencias y voluntad de compromiso, el Consejo Europeo en Barcelona en 2002 juzgó que "fundamentado en una economía de calidad, un nivel elevado de protección social, de educación y de diálogo social", el Modelo Social Europeo (MSE) representaba "un equilibrio entre la prosperidad económica y la justicia social". Elocuente.

La búsqueda de valores

Para comprender la ubicuidad del concepto MSE, hay que sobrevolar los sistemas de protección social, los hechos y las estructuras, y rebuscar en los valores, puesto que es, ante todo, una determinada forma de ver el mundo. Retomando los términos del ecologista americano Jeremy Rifkin, el MSE está en el corazón del "sueño europeo". Por ejemplo, es el que da vida al estereotipo según el cual los europeos trabajan para vivir, mientras que los americanos viven para trabajar.

Es decir, que ante todo es una relación particular con el trabajo, ilustrada por la prohibición por parte del Parlamento europeo el pasado 11 de mayo de la famosa cláusula llamada "opt-out" (estatuto derogatorio) a la Directiva 93-104 sobre el tiempo de trabajo. La defensa de esta medida se hizo en nombre de una Europa social y de un equilibrio entre el trabajo y el ocio.

Otros aspectos del MSE, considerados constitutivos de una imagen progresista de los 25, señalan claramente el modo de vida de los europeos. En un class="external-link">sondeo realizado en mayo pasado por TNS-Sofres, un 63% de los europeos se declaraba dispuesto -para proteger el medio ambiente- a aceptar medidas que frenasen el crecimiento y el empleo. ¿Vena ecologista, oposición a la pena de muerte...? Valores actuales: el 64% de los europeos juzga hoy que la homosexualidad es una forma aceptable de vivir la sexualidad mientras que el 62% piensa que las mujeres tienen derecho a abortar en caso de embarazo no deseado. De forma más anecdótica, en el intento de OPA por Pepsi sobre Danone, class="external-link">cuando Patrick Ollier, diputado de la Asamblea Nacional francesa afirma que no quiere Pepsi en sus yogures, defiende al mismo tiempo la idea de una Europa que no quiere multinacionales ni "comida basura".

Libertad, igualdad, solidaridad

En materia de política exterior Europa también busca trasmitir sus ideales. La UE exige especialmente el respeto de los Derechos Humanos como condición a la firma de acuerdos comerciales. Los criterios de Copenhague son básicos en un Estado de Derecho, la estabilidad de las instituciones, el respeto de las minorías,... etc. En su class="external-link">ayuda económica a los países fronterizos como los Balcanes, la UE insiste en los principios de buen gobierno y de democracia –dos elementos esenciales para la atribución de subsidios-.

A nivel institucional, estos valores se expresan a traves de las estructuras e instituciones europeas. Una lógica antiproductivista, por ejemplo, inspira la tarea y las decisiones del Banco Central Europeo, al perseguir -a pesar de las consecuencias sobre el empleo y el crecimiento- la estabilidad de los precios. Nada que ver con el intervencionismo de la Reserva Federal estadounidense. Las leyes y directivas, y las prohibiciones de experimentos con productos transgénicos. Además, podemos añadir la igualdad entre géneros consagrada en el Tratado de Roma de 1957, la prohibición de discriminación y la libertad de circulación dentro del Espacio Schengen. O incluso la importancia de la noción de solidaridad expresada por la política de los fondos estructurales en favor de las regiones europeas más desfavorecidas.

"Sueño europeo" contra "american way of life"

Finalmente, la coherencia del MSE cobra toda su dimensión cuando se echa un vistazo a los modelos extranjeros. Asiático o americano. Rifkin habla especialmente de la "civilización mortífera" encarnada por el sueño americano: la aspiración a consumir siempre más, a amontonar dinero ante todo, a hacer del consumo la "expresión última de la libertad humana". Si Europa habla con una sola voz, por encima de sus divisiones internas, es sobre todo por oposición a su vecino allende el Atlántico.

Esta convergencia de valores ha sido subrayada recientemente por Olli Rehn, Comisario para la ampliación, para quien la ampliación puede resumirse en la exportación de los valores europeos. Según él, las fronteras de Europa no están trazadas geográficamente, sino en los espíritus. Ser europeo es por lo tanto una cuestión de valores. ¿Qué decir entonces de la mayoría de austriacos, alemanes y franceses que se pronuncian en contra de la adhesión de Turquía? ¿No son europeos? Tras los contornos del modelo social europeo, hay que hacerse la siguiente pregunta: ¿expresa este bosquejo los deseos y necesidades de las poblaciones, o entra en conflicto con ellas?